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La neumonía, una peligrosa (y frecuente) infección respiratoria

Entre el 5 % y el 11 % de la población adulta sufre cada año neumonía, una infección respiratoria grave que se puede prevenir con unos trucos sencillos

Imagen: nastya_gepp

La neumonía es una infección grave que afecta al tejido pulmonar. Los micoorganismos que la causan inflaman los alvéolos, una especie de saquitos que tenemos al final de las vías aéreas más finas en los que se produce el intercambio gaseoso. Allí, el oxígeno que cogemos del aire al respirar pasa a la sangre, mientras que el dióxido de carbono va a las vías aéreas para ser expulsado en la respiración, produciéndose el intercambio. Cuando los causantes de la neumonía llegan a los alvéolos, estos, además de inflamarse, se llenan de pus, lo que impide que se realice este intercambio de gases y puede, incluso, destruirlos. En las siguientes líneas explicamos los tipos de neumonía que existen y las personas con más riesgo de contraerla. También contamos sus síntomas y cómo se previene, diagnostica y trata.

La neumonía neumocócica (producida por el neumococo, una bacteria) es la forma más común de esta enfermedad, pero también pueden producirse por virus y hongos, además de por otras bacterias.

¿Hay solo un tipo de neumonía?

Podemos dividir la neumonía en tres tipos:

  • Adquirida en la comunidad o extrahospitalaria. Es la más frecuente y se contagia fuera de los centros sanitarios.
  • Intrahospitalaria o nosocomial. Adquirida durante una hospitalización, se debe a otras enfermedades. Son las más graves porque las bacterias causantes suelen ser resistentes a los antibióticos. Las personas con respiradores en las unidades de cuidados intensivos (UCI) tienen más riesgo de contraerla.
  • Por aspiración. Ocurre cuando pequeñas cantidades de comida, bebida, vómito o saliva llegan a los pulmones. Sucede cuando el reflejo de náusea se altera o hay una lesión cerebral, dificultad para tragar o consumo excesivo de drogas o alcohol.

A quiénes afecta la neumonía


Imagen: bryandilts

Aunque todos podemos padecer una neumonía, las personas con más riesgo de contagiarse son las siguientes:

  • los menores de dos años.
  • las personas mayores de 65 años.
  • quienes padecen enfermedades crónicas, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
  • las que tengan su sistema inmune debilitado, ya sea por una enfermedad como el sida o porque estén en tratamiento con inmunosupresores.
  • las que abusen de sustancias como tabaco, alcohol o drogas.

Cómo sospecho que tengo neumonía

Las neumonías típicas comienzan con brusquedad, produciendo fiebre elevada, escalofríos, tos productiva (con flemas), sensación de falta de aire y dolor en el pecho. Aun así, puede tener un inicio similar a un síndrome gripal con malestar general, escalofríos y dolor muscular, articular y de cabeza. Los síntomas y signos que pueden indicar una posible neumonía son:

  • fiebre alta con escalofríos o sudoración.
  • tos productiva.
  • dolor en el pecho, normalmente en la zona del pulmón afectado.
  • dificultad para respirar y sensación de falta de aire.
  • malestar muscular y articular.
  • pérdida de apetito.
  • debilidad.
  • taquicardia.

¿Es grave esta infección?

Es una enfermedad infecciosa potencialmente grave. La gravedad dependerá de qué otras enfermedades tenga la persona afectada, de su estado general de salud y nutricional, su edad y del consumo de alcohol o tabaco que realice. Además, su gravedad aumentará si se producen complicaciones como:

  • Insuficiencia respiratoria (hay poco oxígeno en la sangre para funcionar de modo correcto).
  • Destrucción del tejido pulmonar.
  • Bacterinemia (la infección entra a la sangre y se propaga a otros órganos).

¿Cómo se diagnostica y se trata la neumonía?


Imagen: Semevent

En caso de que se sospeche una neumonía, para proceder a su correcto diagnóstico, se llevará a cabo una exploración física, una radiografía (para observar los pulmones y ver dónde se encuentra la infección y a cuánto pulmón afecta), un análisis de sangre (para confirmar que hay infección) y un análisis de las flemas para identificar la causa.

El tratamiento debe administrarse de forma precoz, por lo que resulta fundamental diagnosticarla cuanto antes. Consistirá en medicación apropiada —antibióticos (alrededor de unos 10 días si el causante es una bacteria), antitérmicos para bajar la fiebre, analgésicos para aliviar el malestar general, oxígeno para aumentar su cantidad en la sangre y broncodilatadores para abrir las vías respiratorias—, reposo e hidratación y nutrición adecuadas.

¿Cómo se puede prevenir la neumonía?

Hay medidas fundamentales que puedes adoptar para prevenir el contagio de la neumonía adquirida en la comunidad.

  • Vacúnate del neumococo, además de la gripe. Consulta a tu médico si se trata de un menor de 2 años o mayor de 65, si tienes una enfermedad crónica, si estás inmunodeprimido o si tu trabajo implica estar expuesto a estos microorganismos.
  • Practica medidas de higiene como el lavado de manos habitual, evitar la exposición a ambientes con alta contaminación del aire, cubrirte al toser o estornudar.
  • Abandona el tabaco. Fumar daña las defensas naturales de tus pulmones haciéndote más propenso a las infecciones respiratorias.
  • Fortalece tu sistema inmunitario durmiendo lo suficiente, manteniéndote activo y llevando una dieta saludable.

Si necesitas más información sobre este u otros temas relacionados con tu salud pulmonar, no dudes en contactar con la Fundación Lovexair a través del correo electrónico cuentanos@lovexair.com

Etiquetas:

neumonía

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