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Presbicia: la vista cansada

Es consecuencia del proceso natural de envejecimiento y afecta a todas las personas

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 11 noviembre de 2005
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A partir de los 40 años, la inmensa mayoría de las personas comienza a tener problemas para leer o enhebrar una aguja con la misma facilidad con que lo hacían antaño. Parece que las letras bailan y para poder enfocarlas correctamente la única solución es separarse de la lectura. Estos son los síntomas de la presbicia, un efecto -y no una enfermedad- de la edad sobre el sistema ocular que, como el resto del organismo, pierde potencia y elasticidad con los años y afecta principalmente a la visión cercana.

Afecta al 100% de la población a partir de los 50 años

Los síntomas son inconfundibles e inevitables, puesto que todas las personas acabarán padeciendo presbicia tarde o temprano. Al margen de la profesión, entretenimiento (muchas horas delante del ordenador) o carga genética, el envejecimiento afecta a todo el mundo. Y de ahí surge, precisamente, el origen de esta disfunción ocular, más conocida como ‘vista cansada’. Ésta, por lo general, surge y se manifiesta a partir de los 40 años en todos los individuos. En un primer momento lo hace empeorando la visión de cerca del afectado, que comienza a notar dificultades a la hora de leer o de escribir, puesto que los objetos cercanos aparecen desenfocados. Ese será uno de los avisos de la aparición de esta condición, también conocida como ‘síndrome de los brazos largos’, sobrenombre que aparece por la necesidad que presentan ‘los présbitas’ de separar lo que están leyendo para poder enfocarlo de la manera adecuada.

Tal y como apuntan desde el Colegio Nacional de Ópticos Optometristas de España, la presbicia sólo se puede corregir, pero no evitar su aparición. La presbicia sólo se puede corregir, pero no evitar su aparición De hecho, según las estimaciones barajadas por el gremio óptico, a partir de los 50 años toda la población está afectada por esta disfunción, basada en un proceso de maduración de los órganos visuales. Con el paso del tiempo, los músculos del ser humano pierden elasticidad y potencia. Y los de los ojos no son una excepción.

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Al respecto, Juan Cuesta Monteagudo, óptico andaluz conocido por su labor didáctica, explica que para ver de cerca el ojo humano se vale de un mecanismo conocido como ‘acomodación’. Éste pone en marcha al músculo ciliar que incide sobre el cristalino hasta lograr que éste varíe su espesor y, por ende, aumente su potencia y consiga que la imagen de un punto cercano se forme en la retina pudiendo verla de forma nítida y adecuada. Sin embargo, el proceso de envejecimiento natural es inevitable. Cuando el individuo ronda y sobrepasa la cuarentena, el progresivo desgaste de su organismo hará que el citado músculo ciliar pierda una parte importante de su condición inicial. Por las mismas razones, el cristalino dejará de ser una estructura tan flexible como la de antes. ¿El resultado de todo ello? Sencillamente, que la capacidad de acomodación ya no será igual de efectiva que en la juventud y, con ello, los ojos perderán poder para ver de cerca, ya que un ojo sin acomodar formará la imagen detrás de la retina y no en ella, como sería preciso. Así, queda claro que la presbicia no es una patología ni una enfermedad. Sólo es el efecto del paso del tiempo.

El óptico Cuesta Monteagudo indica que el fallo de acomodación “es progresivo y no repentino y total”. El proceso se inicia, según sus palabras, desde la infancia. Lo que ocurre es que se manifiesta en la madurez del individuo. A partir de su aparición, la presbicia continuará hasta que “exista una diferencia de aproximadamente tres dioptrías entre la graduación de lejos y la de cerca”.

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