¿Cuál es la conclusión de la investigación?
Lo que vimos al analizar los datos es que aquellos individuos que no recordaban los sueños en la visita inicial tenían mayor riesgo de desarrollar alzhéimer a lo largo de esa década de observación. Además, genéticamente tenían más riesgo porque se asociaban más a unas variantes que se vinculan al alzhéimer. Y, por otro lado, tenían mayores cantidades de un biomarcador que usamos en el diagnóstico de la enfermedad, la proteína tau fosforilada 217.
¿Algunas de las personas que no recordaban los sueños al principio del estudio acababan teniendo problemas de memoria al finalizarlo?
Eso es. Las que no los recordaban desarrollaban problemas de memoria, incluso alzhéimer, con más frecuencia que las que sí los recordaban.
¿Según su investigación, olvidar los sueños puede considerarse un criterio diagnóstico en el alzhéimer?
No. Cuando hablamos de criterio diagnóstico nos referimos a signos que tienen un valor predictivo muy alto. Esto es diferente: nos está dando pistas, nos ayuda a profundizar y a entender un poco el porqué de esta asociación de los sueños con el riesgo de demencia.
¿Cuál es su hipótesis?
Nuestra hipótesis es que las imágenes que se generan en los sueños estarían en relación con la actividad de la red neuronal por defecto, que sabemos que se afecta muy pronto en el alzhéimer. Esto se descubrió con pruebas de resonancia magnética funcional, que mide qué zonas del cerebro están metabólicamente activas. Pues bien, se vio que cuando a la gente le decías “no piense en nada”, era esa red la que se activaba. Cuando estamos soñando es también esta red la que alimenta, por así decirlo, el contenido de los sueños. Nuestra hipótesis es que una de las consecuencias de que se afecte esta red sería que se empobrecería ese contenido.
¿Y eso indicaría un deterioro de la memoria?
No sería un problema de memoria realmente, de recordar lo que se ha soñado, sino que el resultado serían sueños más pobres, de tal forma que la gente no tendría detalles, no sería capaz de contar lo que ha soñado.
¿Debe preocuparse una persona que no recuerde sus sueños?
No. Como decía antes, no es un criterio diagnóstico en el alzhéimer que suceda esto. Para empezar, el recuerdo de los sueños depende de más cosas, aparte de que esté afectada esta red. Depende también del momento en el que te despiertas o de lo que te preocupe, por ejemplo. Que no se preocupen las personas que no recuerdan los sueños o que no son conscientes de ellos; no tienen por qué tener alzhéimer.
¿En relación con los sueños habría alguna situación que pudiera tenerse en cuenta clínicamente?
A lo mejor es más importante, pero habría que demostrarlo, el que una persona que recordaba los sueños de repente deje de hacerlo. Tener un poco esa perspectiva temporal de que algo está cambiando, obviamente asociado a otros signos que sean también muy precoces, podría ser una pista.
¿Por qué en algunas enfermedades como el cáncer se han producido grandes avances en las últimas décadas, pero no se han registrado en el alzhéimer?
El alzhéimer es probablemente uno de los trastornos más complejos a los que nos enfrentamos. Primero, porque afecta al cerebro, que es el órgano de mayor complejidad, y luego porque, en sí misma, es una enfermedad donde los mecanismos son múltiples. Además, no tenemos buenos modelos animales que reproduzcan exactamente la patología y esto hace que, al conocerla menos que otras enfermedades donde los mecanismos son más evidentes, parezca que se ha avanzado menos.
¿En qué ámbitos se ha progresado más?
En las últimas décadas se ha avanzado muchísimo en el diagnóstico del alzhéimer. Con los nuevos biomarcadores somos cada vez más capaces de diagnosticar la enfermedad con mayor precisión. Incluso ahora tenemos test para hacerlo en sangre, con lo cual va a ser muy fácil que el diagnóstico se haga de una forma mucho más precisa.

¿Y en el tratamiento?
Llevábamos cerca de dos décadas sin que hubiera nuevos fármacos, pero en los últimos años han aparecido varios dirigidos a los eventos que son principales en la fisiopatología de la enfermedad, como el acúmulo de la proteína beta-amiloide. Estos tratamientos han demostrado que cambian el curso de la enfermedad. De momento, retrasa un 30 % el avance del alzhéimer en las personas que lo toman respecto a las que no lo hacen.
¿Ese primer paso es significativo?
Es algo bastante prometedor porque pensamos que con el tiempo vamos a conseguir optimizar y seleccionar individuos que respondan mejor al tratamiento. Probablemente, empezando las terapias mucho antes o añadiendo otros fármacos que vayan contra otras dianas de la enfermedad, vayamos consiguiendo retrasar su progresión.
¿Cuál es el objetivo final?
Espero que consigamos cronificarla. Sería lo mismo que ha ocurrido con algunos cánceres, donde al principio las mejoras eran muy modestas.
¿Puede aventurarse a medio plazo una prueba de cribado en el alzhéimer como el que se hace, por ejemplo, para la detección precoz del cáncer de colon?
No sé si un escenario similar podríamos imaginarlo con respecto al alzhéimer. A día de hoy, no, porque para plantearte un screening poblacional se necesitaría una intervención que sea muy efectiva, como la que tenemos en el cáncer de colon. Es decir, que puedas prevenir la formación de un tumor avanzado si intervienes pronto. En el alzhéimer aún no tenemos evidencia de que intervenciones precoces merezcan la pena.
¿Se está investigando en esta línea?
Hay ensayos clínicos que están intentando resolver esta cuestión, por ejemplo, con fármacos antiamiloide que se van a probar en personas que todavía no tienen problemas de memoria. En estas personas se ha comprobado, fundamentalmente con PET, que tienen la patología en el cerebro pero no la han expresado clínicamente.
¿En qué circunstancias merecería la pena ese cribado?
Si en algún momento dispusiéramos de un fármaco como las estatinas que se dan para el colesterol alto, podría hacerse un screening poblacional. De momento, aún no estamos ahí, pero desde luego lo ideal sería disponer de tratamientos que pudiéramos dar de forma masiva a la población y que fueran efectivos.
¿Qué opciones hay en prevención primaria? ¿Qué puede hacer una persona normal para prevenir, en la medida de lo posible, el alzhéimer?
La prevención primaria es muy importante, porque se ha visto que más de un 40 % de las demencias podrían evitarse si de alguna forma somos capaces de limitar la exposición a factores externos. Se han descrito más de una docena de factores asociados al alzhéimer que son independientes de la edad, el sexo y la genética, que son los factores que no podemos modificar. Entre estos hay muchos relacionados con la patología cardiovascular.
¿Qué factores tienen ese efecto transversal en la salud?
La hipertensión arterial, el colesterol, la diabetes, el tabaquismo… Si se previene la patología cardiovascular, se previene también la demencia. Hay otros factores que son más específicos para prevenir la demencia como, por ejemplo, la estimulación cognitiva, la educación, el sueño o los relacionados con el aislamiento sensorial, como puede ser la hipoacusia o la limitación visual.
¿Qué elementos pueden ser protectores y pueden fomentarse?
La interacción social y la estimulación cognitiva a lo largo de toda la vida contribuyen de forma sustancial a que uno llegue con el cerebro en buenas condiciones a edades avanzadas.
Usted está al frente de un centro de investigación puntero. ¿Qué valor tiene el trabajo de los científicos en un problema tan complejo como el alzhéimer?
Hablando de memoria, a veces, tenemos una memoria muy corta. Sobre el valor de la investigación tenemos un ejemplo muy reciente con la pandemia de covid. Estábamos en un hoyo, y dedicando mucho talento y un esfuerzo muy importante, y aprovechando la investigación básica que se había generado, fuimos capaces de diseñar vacunas bastante sofisticadas. Gracias a la investigación, la humanidad salió de una situación muy complicada. Si pensamos en las cifras que se avecinan, la enfermedad de alzhéimer es una pandemia.
¿Cuál es el pronóstico?
Ahora mismo se habla de unos 40 millones de personas con demencia en el mundo, pero en 2050 se prevén 150 millones. La razón es el envejecimiento de la población, sobre todo, en las sociedades más avanzadas. La investigación es lo que nos puede ayudar a plantar cara a este reto tremendo que van a ser las enfermedades neurodegenerativas.


