Entrevista

Javier Lizán, presidente de Cooperación Social Universitaria

La Universidad debería fomentar la sensibilidad hacia los problemas de nuestra sociedad
Por Azucena García 27 de junio de 2009
Img javierlizanjimenez
Imagen: CONSUMER EROSKI

“El trabajo de cada miembro es igual de importante que el del presidente”. Con esta sencilla frase resumen la filosofía de la entidad a la que pertenecen. Los miembros de Cooperación Social Universitaria (CSU) no hacen distinciones. Creen en la igualdad de oportunidades y la defienden hasta el punto de pedir realizar esta entrevista “entre varios”. Su presidente, Javier Lizán, es el representante y portavoz de la organización. Sin embargo, su cargo lleva aparejado un afán de protagonismo bien escaso. CSU es una entidad pequeña que se nutre exclusivamente de voluntarios. La mayoría pertenece a la Universidad Politécnica de Valencia, dada su cercanía a los barrios donde trabaja. Es precisamente en la Universidad donde a menudo se tiene el primer contacto con las ONG. A pesar de ello, desde CSU consideran que todavía “queda mucho por hacer” en este terreno y piensan que los centros deberían fomentar la participación en organizaciones de voluntariado “para conseguir un desarrollo más integral de los estudiantes”.

¿Hay tiempo en la agenda de los universitarios para el voluntariado?

Lo cierto es que, a pesar de que la exigencia académica es muy alta y demanda una gran cantidad de tiempo, las asociaciones universitarias de nuestro entorno crecen año tras año en número de voluntarios. Esto demuestra que es posible asegurar la participación. Aun así, todos los que tomamos parte en alguna entidad de voluntariado sabemos que, en ocasiones, es difícil compaginar ambas cosas. La Universidad debería fomentar esta participación para conseguir un desarrollo más integral de los estudiantes. Hay pocas medidas, aunque valiosas, tomadas en este sentido, como el reconocimiento de créditos de libre elección o la oportunidad de realizar prácticas en ONGD en el marco de asignaturas vinculadas con la cooperación al desarrollo. Sin embargo, estas medidas no son suficientes para reconocer y hacer más eficiente el importante trabajo de nuestros voluntarios. Queda mucho por hacer.

“El objetivo pasa por conseguir que los miembros de la Universidad sean personas con espíritu crítico y que puedan, sepan y deseen actuar en consecuencia”

¿El potencial de la Universidad en el ámbito del voluntariado es, por lo tanto, mayor del que se ha explotado hasta el momento?

Por supuesto. Un claro ejemplo lo encontramos en nuestro campus, ya que de las más de 40.000 personas que conforman la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) apenas un centenar realizan actividades de voluntariado social o relacionado con la cooperación al desarrollo. La implicación de la propia institución es fundamental para aumentar estos números. Es fácil imaginar que entre la enorme población de la UPV existen más de un centenar de personas sensibilizadas con los problemas de nuestra sociedad. Sin embargo, las dificultades que encuentran a la hora de involucrarse en una participación activa son importantes. En primer lugar, la docencia universitaria debería fomentar esta sensibilidad, fortalecerla o crearla según los casos, y cuidarla siempre. Además, es importante que se tomen las medidas necesarias para reconocer este tipo de actividades y acercarlas a nuestros hábitos cotidianos, de manera general, y a nuestra carrera profesional, de forma concreta. El objetivo pasa por conseguir que los miembros de la Universidad sean personas con espíritu crítico y que puedan, sepan y deseen actuar en consecuencia.

Tanto alumnos como profesores de la UPV colaboran con CSU, ¿qué aporta cada uno de ellos?

CSU está formada en su mayoría por estudiantes, lo que le obliga a permanecer en continua renovación. Así que, en primer lugar, los profesionales de la UPV, no sólo el personal docente, nos aportan estabilidad y experiencia en épocas de transición gracias a su perspectiva amplia de la asociación y de las problemáticas que trabaja. Por otro lado, nuestros compañeros más veteranos son unos estupendos embajadores de CSU dentro y fuera de la universidad. Avalan y destacan nuestro trabajo a la hora de presentar la asociación o solicitar apoyo económico o de otro tipo. Son una piedra fundamental de CSU.

No obstante, a pesar de esto, la opinión de todos los voluntarios cuenta lo mismo, sin importar la edad, la veteranía o el hecho de ser profesor o estudiante. Los compañeros veteranos tienen más experiencia, pero siempre se anima a los nuevos a que participen abiertamente y aporten ideas y opiniones, con un funcionamiento totalmente asambleario y horizontal. Por ello intentamos presentarnos siempre con una foto de grupo, ya que el trabajo de cada uno es muy importante.

El objetivo de CSU es promover la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación de calidad. Por ello, desarrolla su trabajo en una zona donde la tasa de absentismo escolar y niños sin escolarizar es muy elevada. ¿Se tiene constancia de esta situación?

La zona donde desarrollamos nuestra actividad, en los barrios de la Malvarrosa y el Cabañal, presenta índices muy altos de absentismo escolar respecto a la media de la ciudad. Estamos llevando a cabo un estudio que nos está permitiendo concretar esta realidad. Hay que destacar que una parte importante de los niños que están sin escolarizar no aparece en las estadísticas municipales porque no están siquiera empadronados.

“Los niños que están la calle no se forman ni potencian sus habilidades, lo que conlleva un futuro con posibilidades limitadas”

¿Qué hacen estos niños mientras no acuden a la escuela?

En función de la edad y del género, en horario escolar pueden estar en la calle, en sus casas o, como ocurre a menudo en el caso de las niñas, realizando tareas domésticas. En la calle no se forman ni potencian sus habilidades, lo que conlleva un futuro con posibilidades limitadas. El apoyo escolar que les ofrecemos no es ninguna solución mágica, sino una de tantas labores que son necesarias para que estos menores tengan garantías de una educación de calidad. En muchos casos, la mayor mejoría no viene tanto del ámbito académico como del desarrollo de las capacidades sociales de los menores. Son un primer paso para su desarrollo integral como personas.

Como ha comentado, la actividad de CSU se centra en el barrio de El Cabañal, uno de los menos desarrollados de Valencia y que se encuentra al lado de la universidad. ¿Es habitual que, al plantearse el voluntariado, las personas prioricen la colaboración con proyectos que se desarrollan en otros continentes en lugar de colaborar con realidades más cercanas?

Lo que ocurre es que, en un primer momento, parece más sugerente la idea de colaborar con un país en vías de desarrollo. Sin embargo, cuando la gente empieza a formarse en una asociación de voluntariado es habitual que vuelvan la mirada hacia todo tipo de desigualdades e injusticias, estén lejos o cerca. La sociedad nos ofrece un modelo egoísta que puede impregnar incluso al mundo del voluntariado. A veces, queremos hacer el viaje más exótico para salvar el mundo. Por ello, es muy bonito ver cómo a través de la sensibilización y la formación dentro de las asociaciones se van deconstruyendo esos conceptos y se comienza a trabajar por el cambio social. Desde hace unos dos años, las asociaciones de voluntariado de la Universidad Politécnica de Valencia trabajamos conjuntamente en un espacio de coordinación llamado Xarxa d’Organitzacions. Ahí encontramos algunas entidades con un papel muy enfocado a la cooperación internacional. Es una manera de compartir recursos y experiencias, pues entendemos que, si bien el espacio de actuación puede ser distinto, el objetivo que perseguimos es el mismo.

El Cabañal registra la tasa de pobreza más alta de toda la ciudad (29,5%) y ha sufrido una importante degradación en los últimos años. ¿Hay barrios olvidados en las ciudades?

En la mayoría, sí. De hecho, el Cabañal no es el único de estas características en Valencia. Pero en su caso se da el agravante de que ha sido olvidado a propósito. Desde hace años hay un plan para prolongar una avenida que partiría el barrio por la mitad. Esto afectaría a muchas zonas consideradas Bien de Interés Cultural y desplazaría a bastantes vecinos. La contestación vecinal ha conseguido retrasar la ejecución del proyecto, pero mientras se ha permitido la degradación del barrio y, ahora, se apunta a esa degradación para justificar la necesidad de ampliar la avenida.

“Hay que distinguir entre los rasgos propios de cada cultura y los asociados a la marginalidad, que son exclusivos de las circunstancias que la rodean”

Esa degradación es a menudo sinónimo de marginación. ¿Ocurre así en el caso del Cabañal?

Así es. La mezcla de culturas es un proceso necesario pero complicado. Ha de ser potenciado por toda la sociedad y, si ya es difícil que esto ocurra, lo es todavía más en el Cabañal debido a su estado de abandono y marginalidad. Cuando se habla de diferentes culturas y convivencia, hay que distinguir entre los rasgos propios de cada una y los asociados a la marginalidad, que son exclusivos de las circunstancias que las rodean.

Unas circunstancias que hacen que algunas personas pasen desapercibidas.

Esto es muy habitual en las grandes ciudades. El problema es cuando esas personas llegan a ser olvidadas tanto por la sociedad en general como por la Administración en particular. La principal consecuencia es la posibilidad de no tener garantizados, o incluso reconocidos, algunos derechos fundamentales, como el acceso a la educación en el caso de los menores. La situación puede convertirse en una espiral cuando, además, estas personas no son conscientes de sus derechos. Por ello intentamos que lo sean para que puedan participar activamente en su consecución.

¿Son receptivas a esta ayuda?

Los destinatarios de nuestra acción se ayudan a sí mismos, no son receptores de ayuda. De hecho, abogamos porque se conviertan en protagonistas de su propio cambio ya que, cuando no es así, las acciones tienen un impacto muy limitado o efímero. Nosotros prestamos apoyo mediante los recursos y capacidades de los que disponemos, acompañamos en un proceso de cambio. En el caso de los niños, por ejemplo, les apoyamos para que tengan mayores oportunidades de acceso a una buena educación, pero si no están a gusto y rechazan esta participación, quizá sea porque no están en el momento adecuado. Muchas veces, al cabo de un tiempo, al ver los avances de sus compañeros, vuelven a la actividad con mayor motivación y es ahí cuando se puede empezar a trabajar con ellos.

Todo este trabajo lo realizan voluntarios, puesto que CSU es una ONG pequeña e íntegramente voluntaria. ¿Cuáles son las potencialidades y limitaciones de una organización de estas características?

La principal limitación suele ser la falta de capacidad. A veces hay ideas que nos gustaría desarrollar pero no hay suficientes recursos humanos y, en menor medida, económicos. Por otra parte, el punto fuerte es la manera de funcionar. La opinión de todos los voluntarios es igual de importante y, aunque esto nos lleva a tomar todas las decisiones por consenso, lo que a veces puede ser un proceso largo, es enriquecedor tanto para la asociación como en el ámbito personal.

“Hay que redescubrir el voluntariado como una implicación profunda por el cambio social, más allá de la colaboración puntual”

¿Hay nuevas formas de voluntariado por descubrir?

Más bien, hay que redescubrir el voluntariado como una implicación profunda por el cambio social, más allá de la colaboración puntual. No se trata tanto de echar una mano, sino de que la propia persona cambie a través de la formación y la sensibilización.

Sin embargo, uno de los principales problemas de las ONG es la fidelización de los voluntarios.

Es verdad que, normalmente, una vez que nuestros voluntarios abandonan la universidad y empiezan a trabajar, su colaboración con CSU termina o se convierte en un apoyo puntual ante la dificultad de conciliar horarios. No obstante, creemos que para gran parte de los voluntarios el hecho de pertenecer en algún momento a CSU, o a otra ONG, les sirve como una etapa de aprendizaje en la que consiguen una visión y una sensibilidad que les permite adquirir un compromiso con el cambio social. Eso es lo importante.

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