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Nora Rodríguez, pedagoga y autora del libro “Educar desde el locutorio”

A los hijos, nunca hay que idealizarles el país de acogida

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: sábado 17 mayo de 2008

La migración laboral femenina aumenta cada año. En la última década, han sido las mujeres las más decididas a abandonar su país de origen en busca de un futuro mejor para sus familias. En la mayoría de los casos, dejan atrás parejas e hijos y se embarcan en una aventura cuyo guión se escribe a miles de kilómetros. Son las protagonistas de una película con final incierto. “En ocasiones, se encuentran con la terrible sorpresa de que sus maridos han gastado el dinero que enviaron”, narra la pedagoga Nora Rodríguez (Buenos Aires, 1960). En contacto con esta realidad tras entrevistar a más de cien mujeres inmigrantes, surge de sus manos, en forma de libro, un homenaje a todas ellas. El título, “Educar desde el locutorio” (Plataforma Editorial), porque, según explica la autora, estos lugares “se han convertido en el cordón umbilical de las familias que están separadas”.

A menudo, la llegada de personas inmigrantes se analiza en términos económicos. Sin embargo, la emigración conlleva otro tipo de impactos.

Desde luego. Cuando una persona toma la decisión de emigrar, no lo hace solamente para obtener dinero o un mejor nivel económico. Es una decisión muy meditada, que persigue encontrar un lugar mejor donde criar a los hijos. En general, se busca un futuro mejor para toda la familia.

En los últimos años se ha producido una feminización de la emigración. Las mujeres inmigrantes en España representan casi un 50% del total de personas extranjeras. ¿A qué se debe esta tendencia?

La principal razón de este incremento en el número de mujeres que emigran es la facilidad con que ellas acceden a un empleo en la economía sumergida. Para una mujer es más sencillo trabajar en tareas de limpieza o cuidado de personas mayores, mientras que los hombres se encuentran con trabas, incluso, para trabajar como peones. Por otro lado, las mujeres suelen encargarse de gestionar la economía doméstica y, cuando no hay dinero suficiente, ellas mismas toman la iniciativa de emigrar. En otros casos, salen del país mujeres separadas, que dejan a sus hijos con las abuelas.

“Cada año, dos millones de mujeres en todo el mundo cambian de país, con o sin sus hijos”

Esta red de ayuda es fundamental para tomar la decisión de emigrar.

Sin duda. Cada año, dos millones de mujeres en todo el mundo cambian de país, con o sin sus hijos. Si no fuera por esta red de apoyo ni siquiera podrían planteárselo. Esta ayuda es muy importante.

¿Con qué realidad se encuentran cuando llegan al país de acogida?

Cuando llegan a su destino se dan cuenta de que, si no trabajan 16 ó 18 horas diarias, es imposible para ellas mantenerse y mantener a toda la familia que ha quedado en el país de origen. Porque estas mujeres no solamente se encargan de la manutención de sus hijos, sino que también corren con los gastos de quienes les cuidan. Incluso, en ocasiones, se encuentran con la terrible sorpresa de que sus maridos han gastado el dinero que enviaron o que la persona que cuidaba a sus hijos los ha utilizado como moneda de cambio. Esto es muy duro para ellas.

¿La historia de estas mujeres es la que aparece reflejada en su libro, “Educar desde el locutorio”?

La historia de estas mujeres es la historia de la mayoría. La mujer que emigra no se desliga de su familia, sino que quiere continuar estando presente en la educación de sus hijos, ayudarles con las tareas del colegio. Para escribir el libro entrevisté a 150 mujeres, pero luego he hablado con otras muchas que se sienten totalmente identificadas con ellas. Lo que intento demostrar son varias cosas. La primera es que, cuando una mujer toma la decisión de emigrar, no lo hace solamente por dinero. Éste es un punto importante. Además, a lo largo del tiempo, comienzan a ser conscientes de sus capacidades y su valía. Ven que pueden trabajar, mandar dinero a la familia, mantenerla. Hay una recuperación muy importante de su autoestima que, paradójicamente, tiene un contrapeso muy fuerte: el sentimiento de culpa por dejar a sus hijos.

¿Cómo afrontan ese sentimiento de culpa?

Para ellas es realmente terrible. Todas las madres que dejan a sus hijos en el país de origen se sienten culpables. Por ello, este libro intenta, desde la primera línea, subir su autoestima y liberarlas de la culpa. Deben comprender que son mujeres valientes, pioneras en un nuevo tipo de familia que comenzó hace unos diez años, cuando la mujer tomó la decisión de emigrar sola, sin su marido ni sus hijos. Esta familia, conocida como “familia de cielo abierto”, tiene un vínculo que no se rompe. Esto es lo que hay que trasmitir a los hijos.

Cuando se les habla desde el locutorio…

Así es. Hay que transmitirles que el proyecto de familia no se ha roto, sino que ha habido un cambio de planes momentáneo. Si se transmite el abandono o la lejanía, los hijos pueden sufrir serios trastornos de ruptura de vínculos y se pueden producir problemas de adaptación cuando se produce el reagrupamiento familiar.

“Hay que transmitir a los hijos que el proyecto de familia no se ha roto, sino que ha habido un cambio de planes momentáneo”

¿Cómo deben explicarse a los niños los motivos de la emigración? ¿Cómo se consigue que entiendan que las razones económicas no están por encima de las afectivas?

Hay que hablarles desde su realidad, desde la realidad de los niños. No hay que hablarles del sacrificio que las madres están haciendo porque los niños no son quienes tomaron la decisión de emigrar. Hay que explicarles siempre la verdad, decirles que mamá ha emigrado para trabajar y que, gracias a ese trabajo, podrán tener un futuro mejor. No estoy de acuerdo con hablar a los hijos del sacrificio que hacen las madres. Se les puede contar que trabajan muchas horas, que se encuentran cansadas, pero no hay que poner el acento en el sacrificio porque, entonces, el hijo se sentirá muy culpable cuando extrañe a la madre.

¿Pero cómo se transmite ánimo a los hijos cuando las propias madres no están animadas?

Yo siempre recomiendo acudir al locutorio con una especie de guión para saber de antemano cómo reaccionarán si sienten ganas de llorar. Tienen que pensar si en ese momento contarán un cuento a sus hijos, les cantarán una canción o les preguntarán la tabla de multiplicar. Pero deben tener un guión para que su hijo esté relajado y tranquilo. Esto es muy importante.

¿Y cómo deben hablar del país de acogida?

Lo que nunca debe hacerse es idealizarlo. Muchas madres, cuando viajan al país de origen para visitar a sus hijos, les llevan zapatillas de marca o consolas de videojuegos, pero ésa no es la realidad del niño ni de sus amigos. Es mejor llevar regalos simbólicos, como una piedra de una montaña o un libro. Es importante no crear una idea falsa del país de acogida porque cuando los hijos se reúnan con la madre le pedirán que les compre todo lo que quieran y, si entonces les dice que no puede, se preguntarán si la separación sirvió para algo.

“Los locutorios se han convertido en una especie de cordón umbilical para las familias que están separadas”

¿Qué papel juegan los locutorios en ese proceso de separación?

Los locutorios se han convertido en una especie de cordón umbilical para las familias que están separadas, pero también lo son las nuevas tecnologías. Hay muchas madres que se comunican con sus hijos por teléfono, Messenger o webcam todos los días, a la misma hora.

¿Incluso les ayudan a hacer los deberes, como comentaba antes?

Por supuesto. Hay madres que aprovechan los fines de semana, cuando tienen más tiempo disponible, para ayudar a sus hijos con los deberes. Les explican los problemas, les preguntan las preposiciones y les enseñan la tabla de multiplicar. Es fascinante el trabajo que realizan con ellos.

¿Esto es algo común a todas las madres?

Esto es lo que tendrían que hacer todas las madres, porque amar es educar y una madre no deja nunca de amar a un hijo. Por lo tanto, nunca debe dejar de educarle.


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