Programas de formación de niños y mayores en el Sudeste asiático

Manos Unidas financia un programa preventivo para niños vulnerables de Battambang (Camboya)
Por EROSKI Consumer 20 de febrero de 2007

Al norte de Camboya, en Battambang, cerca de la frontera con Tailandia, Manos Unidas apoya un proyecto destinado a la prevención y a la reinserción de menores vulnerables, víctimas, muchos de ellos, del tráfico infantil, tal y como detalla en el informe que ha elaborado con motivo de la campaña «Sabes leer, ellos no. Podemos cambiarlo». Se trata de mejorar las condiciones de vida de estos niños a través de programas de prevención, de apoyo, de reunificación familiar, de viabilidad y de organización. «El objetivo de estos programas es proporcionar a los pequeños un ambiente seguro, educación, formación profesional y la posibilidad de la reunificación familiar o la adopción», explican. Desde Manos Unidas

aclaran que «los beneficiarios del proyecto son niños de la calle, niños víctimas del tráfico ilegal, explotados sexual y laboralmente, niños huérfanos, abandonados o afectados por el sida y niños que han huido de sus casas».

Este proyecto se localiza en la provincia de Battambang, una zona eminentemente rural donde la pobreza afecta a la mayoría de la población. Los largos años de feroz dictadura, en los que Pol Pot instauró una autarquía agraria que condujo a la muerte a millones de camboyanos, fueron también el desencadenante de los numerosos conflictos que afectaron al país en las décadas siguientes y que se mantuvieron latentes en muchas de las zonas más recónditas del país, como las aldeas y campos de Battambang. Los campesinos dependen para sobrevivir de los frutos de las cosechas (principalmente de arroz) y de pequeños trabajos esporádicos con los que logran, a duras penas, alimentar y vestir a sus numerosos hijos.

Las crecientes deudas llevan a ciertas familias a entregar a alguno de sus hijos a traficantes

Esas deudas, que se incrementan al mismo tiempo que crece la pobreza, llevan a ciertas familias a entregar a alguno de sus hijos a traficantes, que les aseguran que los pequeños trabajarán en buenas condiciones para familias adineradas de Tailandia. A cambio les prometen una cantidad mensual por el trabajo de esos niños, cantidad que no suelen recibir más que una vez. Los niños, por su parte, son vendidos como esclavos sexuales o explotados laboralmente.

Programa de Homeland

Muchos de estos menores consiguen escapar, otros, cuando enferman de sida o alguna otra enfermedad, son liberados porque ya no son útiles para sus explotadores. «Y algunos terminan hacinados en las cárceles de Tailandia de donde, quizá la fortuna, quiera que sean rescatados por Homeland», una organización fundada en 1997 dedicada a mejorar la calidad de vida de los niños en estas dramáticas circunstancias y que representa para ellos una ventana de esperanza.

El proyecto de Homeland incluye programas de prevención y concienciación de la población, de ayuda y apoyo para la reunificación de las familias víctimas del desplazamiento forzoso y de viabilidad para que el programa sea sostenible a largo plazo y para lograr, en definitiva, que los beneficiarios sean responsables de su propio desarrollo y logren el progreso a través de la educación, la prevención y de un entorno afectivo seguro.

Las actividades de Homeland están muy bien definidas y se dirigen al total de los sectores de la población de la zona. Los talleres que organizan se llevan a cabo en 60 pueblos de los distritos de Battambang, Thmarkol y Ek Phnom. Durante tres días, los trabajadores sociales imparten charlas de concienciación de la población a estudiantes, maestros, monjes y aldeanos. También establecen grupos de discusión entre las mujeres y los jóvenes para compartir sus experiencias sobre el sida, y se exhiben vídeos sobre los efectos nefastos del tráfico de niños y del sida. Además, se proporciona soporte a educadores con relación a la problemática de esta enfermedad.

Educar para la reinserción

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En la última década Manos Unidas ha apoyado 24 proyectos de desarrollo en Camboya por importe de 1.370.885,98 euros. La educación de los niños y la formación de los mayores han merecido los mayores esfuerzos. “Con estos proyectos se intenta dar respuesta a las carencias que, en materia de educación, presenta este país asiático”, reza el informe.

A pesar de los progresos en la matriculación en educación primaria, uno de cada cinco niños que empiezan la escuela la abandona antes de terminar el primer ciclo y sólo el 58% completan el ciclo completo de educación básica (enseñanza primaria y los cursos más bajos de enseñaza secundaria).

La tasa de matriculación neta en la escuela primaria se ha incrementado significativamente en los últimos años (del 57% en 1998/99 al 76% en 2004), pero todavía se está lejos de cumplir los objetivos del milenio.

El 72% de los niños que van por primera vez a la escuela es mayor de seis años, lo que implica que los cursos no se definan por grupos de edad. También hay grandes diferencias en la matriculación en función de las áreas geográficas y el sexo (el porcentaje es menor en las niñas).

Trabajo infantil

El trabajo infantil (1,4 millones de niños trabajan en Camboya por míseras cantidades) es también un obstáculo para que en este país del Sudeste asiático se logre alcanzar la educación primaria universal para el año 2015. Cerca del 16% de los niños de seis años realizan algún tipo de actividad económica, porcentaje que se incrementa al 50 % en los niños de diez años. A los 15 años el número de niños que trabajan de una u otra forma en Camboya supera al de aquellos que no realizan ninguna actividad laboral.

Capítulo aparte merecen los niños afectados por la prostitución infantil. Según un informe del gobierno camboyano, en 1997 el 16% de las prostitutas que trabajaban en los burdeles del país tenían menos de 18 años. La cifra ha aumentado en proporción al avance del sida, hasta situarse en una de cada tres niñas.

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