Reconstruir después del terremoto: cuando empieza la tarea más difícil

Cuando hablamos de reconstrucción a menudo se piensa en viviendas, carreteras o servicios básicos. Pero reconstruir significa también recuperar la sensación de seguridad y estabilidad. Venezuela lo necesita
Por Comité español de ACNUR 31 de julio de 2026
reconstruir Venezuela tras el terremoto
Las primeras horas después de un desastre suelen concentrar toda la atención. Los equipos de emergencia buscan supervivientes, se habilitan refugios temporales y llegan los primeros suministros. Pero cuando el foco mediático se apaga y la urgencia disminuye, comienza una fase igual de importante: la reconstrucción. Es la situación que viven hoy decenas de miles de familias en Venezuela tras el doble terremoto que sacudió el país el pasado 24 de junio. 

Los dos seísmos, registrados con apenas unos segundos de diferencia, provocaron una enorme destrucción en varias zonas del norte del país, especialmente en La Guaira y el área metropolitana de Caracas. Las consecuencias fueron devastadoras: viviendas destruidas, infraestructuras dañadas y miles de personas obligadas a abandonar sus hogares. Sin embargo, para muchas familias el desafío más complejo no fue sobrevivir a los terremotos, sino afrontar lo que vino después.

Cuando el hogar deja de existir

ACNUR desempeña un papel fundamental en catástrofes de estas dimensiones. En el caso de Venezuela, implica no solo dar una respuesta inmediata gracias a una presencia continuada de 35 años en el país, sino que presta una importante labor de apoyo a quienes lo han perdido todo

Las personas afectadas por los terremotos no solo han perdido su vivienda. Han perdido el espacio donde transcurre su día a día, el lugar donde están los recuerdos familiares, aquellos objetivos que acompañan historias de vida… Pero debemos detenernos a pensar que también se pierde documentación, acceso a recursos básicos y la comunicación con sus familiares, amigos o allegados. 

Muchas de estas personas tuvieron que abandonar edificios dañados o completamente destruidos por miedo a nuevos derrumbes y réplicas. Se refugiaron de forma temporal en escuelas, centros deportivos, iglesias o espacios habilitados de urgencia para ofrecer protección inmediata.

Desde que comenzó la emergencia, la Agencia dela ONU para los Refugiados ha coordinado con las autoridades locales centros de registro e identificación. En ellos ha prestado asistencia a menores que están solos o han sido separados de sus familiares, a personas mayores y personas con discapacidad, a mujeres embarazadas y lactantes, así como a personas supervivientes de violencia.

La reconstrucción no es solo levantar edificios

Cuando hablamos de reconstrucción a menudo pensamos en viviendas, carreteras o servicios básicos. Pero reconstruir significa también recuperar la sensación de seguridad y estabilidad. Después de los terremotos, muchas familias necesitan volver a acceder a servicios esenciales como agua potable, atención sanitaria o educación para sus hijos. La recuperación de una comunidad depende tanto de la reparación de infraestructuras como de la posibilidad de recuperar rutinas que permitan mirar al futuro con cierta normalidad.

ACNUR ha detectado las vulnerabilidades más urgentes y actuado de inmediato. El envío de ayuda humanitaria desde los almacenes globales en Panamá y Táchira (Venezuela) asciende a 38 toneladas. Lámparas solares, tiendas de campaña, kits de cocina y de higiene, mantas, ropa de cama y bidones para poder almacenar agua son algunos de los elementos básicos de este primer envío de emergencia.

reconstrucción de Venezuela tras el terremoto
Imagen: Diana Díaz / Acnur

ACNUR también está presente en los lugares de refugio temporal habilitados para asistir y registrar a las víctimas de los terremotos. En cada uno de ellos, se está llevando a cabo asesoramiento legal, apoyo para el acceso y recuperación de documentos de identidad, primeros auxilios psicológicos, intervenciones en protección infantil y la derivación a servicios especializados de los casos más vulnerables.

Además, en las últimas semanas el trabajo de ACNUR se ha ampliado en estos refugios para mejorar la seguridad con la instalación de alumbrado público solar y la habilitación de carpas destinadas a servicios de protección, garantizando la privacidad y una adecuada atención. 

El riesgo de una vulnerabilidad prolongada

Los desastres naturales suelen afectar con mayor dureza a quienes ya se encontraban en una situación frágil. Una familia con pocos recursos tiene menos capacidad para reconstruir una vivienda, sustituir bienes perdidos o asumir gastos inesperados. Por eso, el impacto de un terremoto puede prolongarse durante meses o incluso años.

La coyuntura resulta especialmente compleja en lugares donde muchas personas dependían de empleos informales o actividades económicas que han quedado interrumpidas por la emergencia. Sin ingresos estables, reconstruir una vida resulta tan difícil como reconstruir una casa. Además, los desplazamientos provocados por el desastre alteran la educación de los menores, complican el acceso a la atención médica y generan nuevos riesgos de protección para las personas más vulnerables.

Volver a empezar

La reconstrucción exige una mirada a largo plazo. No se trata tan solo de proporcionar refugio temporal, sino de acompañar a las comunidades mientras recuperan servicios, viviendas y oportunidades para reconstruir sus proyectos de vida. Detrás de cada estadística hay historias individuales. Personas que han perdido su hogar y a sus familias, que intentan mantener la normalidad para sus hijos o mayores que observan cómo desaparecen lugares que formaban parte de su vida desde hace décadas.

La experiencia demuestra que recuperarse de un terremoto lleva tiempo. La reconstrucción es un proceso que combina infraestructuras, apoyo social y acompañamiento humano. Y precisamente por eso, la ayuda no termina cuando finaliza la emergencia. Porque, después de un desastre, volver a empezar no consiste únicamente en reconstruir paredes. Consiste en recuperar la posibilidad de imaginar el futuro. Y esa es, muchas veces, la tarea más difícil de todas.

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