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Tecnologías para la seguridad, ¿y para el espionaje?

Las nuevas tecnologías han impulsado grandes avances para la protección del hogar, pero también para el control de otras personas e incluso el espionaje ilegal

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 31 mayo de 2006

Las nuevas tecnologías han
favorecido el desarrollo de un campo que antes sólo era
creíble en las películas de James Bond. Hoy en día,
cualquier usuario puede fabricarse una instalación de seguridad
para su hogar comprando los componentes en Internet. Paralelamente,
los aparatos para localizar, identificar y rastrear personas también
han sufrido un fuerte impulso y sus precios han descendido hasta
ponerse al alcance del público. De este modo, lo que en
ocasiones se emplea con la intención de proteger (a un menor o
a una ciudadanía, por ejemplo) puede acabar convirtiéndose
en un control obsesivo y excesivo.

'The Big Mother'

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“Con las nuevas tecnologías,
el problema en temas de espionaje no es el fantasma del ‘Gran
Hermano’ [personaje de la novela de George Orwell ‘1984’ que todo lo
vigila y todo lo ve], sino ‘The Big Mother’ [la Gran Madre]”
asegura José Cervera, periodista especializado. Cervera se
refiere a un fenómeno detectado recientemente en los países
anglosajones, sobre todo en el Reino Unido y Estados Unidos, conocido
por este nombre y según el cual los dispositivos para
controlar a los adolescentes se han convertido en una verdadera
obsesión para madres y padres inseguros.

Las nuevas tecnologías, sobre
todo los sitemas de rastreo y localización basados en el
satélite GPS, permiten a los padres saber en cada momento
dónde están sus hijos, incluso dónde han estado
en las últimas semanas. Una simple pulsera, un chip en el
teléfono móvil o un dispositivo en el coche del hijo o
hija, le revelarán a su progenitor las rutas que ha seguido, a
las horas en que ha estado en cada sitio y la velocidad media y
máxima que ha alcanzado en su desplazamiento.

Así,
en la Red se encuentra ‘Teen
Arrive Alive
‘ (‘Los
adolescentes llegan vivos’), un servicio que trabaja con teléfonos
celulares y con el sistema de seguimiento ‘uLocate
Communications Incorporated’.
Otros sistemas similares son
Wherifone,
que usa el GPS para rastrear, o CarChip.
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El CarChip es un localizador que va instalado en un vehículo
bajo el volante y vigila la velocidad, la distancia y los hábitos
de manejo del usuario.

Proteger al menor

La intención primera de estos
equipos es proteger al menor frente a situaciones de peligro, pero en
demasiadas ocasiones el síndrome ‘The Big Mother’ provoca que
los padres inviertan en tecnología de control hasta hacer que
la vida de su hijo carezca completamente de intimidad.

Kate
Kelly, autora del libro
crítico ‘The
Complete Idiots Guide To Parenting a Teenager’ ,
(algo así
como ‘Guía para padres idiotas que quieren criar a un
adolescente’) opina que “un cónyuge normal no contrata
a detectives para seguirle los pasos a su pareja y, del mismo modo,
los padres que han establecido
buenas relaciones con sus adolescentes no deben usar aparatos
electrónicos para seguirles la pista”.


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Por su parte
Christie Buchanan, psicóloga de la Universidad de Wake Forest,
en Carolina del Norte, asegura que “los padres no deben
engañarse pensando que pueden librar a sus hijos de cometer
errores”.

Sin embargo, y a
pesar de las reticencias de los expertos, los aparatos de vigilancia
de menores proliferan y se introducen hasta en apartados de sus vidas
íntimas que podrían chocar con los derechos
fundamentales de cualquier persona. ¿Es lícito escuchar
las conversaciones telefónicas de un hijo menor de edad? Es
cierto que es algo que los padres han hecho ‘toda la vida’, pero con
las nuevas tecnologías este hábito, más o menos
asumido, puede convertirse en una intromisión difícil
de tolerar.

Existen numerosos
programas para realizar escuchas de teléfonos mòvilies,
como por ejemplo Flexispy.
Generalmente se basan en un chip que se introduce en el móvil
del espiado y desvía la información de las
conversaciones a otro teléfono, o a una página web
donde se alojan en formato audio. Ya no se trata de descolgar
sigilosamente el teléfono supletorio; se trata de intervenir
un teléfono. Algunos padres regalan a sus hijos teléfonos
intervenidos haciéndoles saber que pueden escuchar sus
conversaciones; pretenden así que la conducta del menor se vea
condicionada pero, ¿qué le impide a éste usar
otro teléfono para escapar al control?

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