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Biometría: la tecnología nos vigila

Las técnicas de autentificación biométrica más extendidas son el reconocimiento de la huella dactilar, facial, de voz, del iris y de la firma

El alto costo de las tecnologías, los bajos niveles de éxito y el riesgo de violar la privacidad de cada uno ha frenado durante años el crecimiento de la biometría, la tecnología que utiliza las características biológicas únicas para identificar a personas con fines de seguridad. Sin embargo, la tensión en que la amenaza terrorista ha sumido a numerosos países ha propiciado que la biometría esté comenzando a vivir su edad de oro, hasta el punto de que dentro de pocos años será habitual la convivencia con estos sistemas de control mediante el reconocimiento dactilar, facial o del iris. ¿Dónde está el límite? En España la cesión de la información, o la utilización de datos con finalidades distintas de aquellas para las que se obtuvieron, conlleva la intervención de la Agencia de Protección de Datos.

Cómo nos afecta la biometría

Antes de 2001 la biometría o biométrica, la ciencia que utiliza las características biológicas únicas para identificar a personas con fines de seguridad, era un sector largamente menospreciado. Sin embargo, la obsesión por la seguridad de algunos países, propiciada por la amenaza terrorista, ha motivado que el interés por la biometría haya aumentado de modo exponencial en los últimos años. En este sentido, como apunta Ray Fernández, presidente de la Asociación de Internautas Vascos, estamos ya a punto de hacer realidad la identificación certera y ubicua de un individuo: “Donde antes había reconocimiento mediado, a través de documentos de identificación, ahora no hay mediación. Por ejemplo, en la Superbowl de rugby de Estados Unidos (EEUU) todo el mundo es reconocido por cámaras contra una base de datos de “malvados””. De hecho, los ciudadanos ya estamos siendo objeto de estas tecnologías biométricas en hoteles, hospitales, gimnasios, inmobiliarias, constructoras, bancos, empresas, residencias, organismos de la Administración, las fuerzas armadas, y en general, en todos los lugares que requieren niveles altos de seguridad.

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En España, la Ley Orgánica 15/1999 de Protección de Datos de Carácter Personal advierte de que los datos sometidos al tratamiento automatizado no deben ser excesivos en relación con el ámbito y las finalidades legítimas para las que se han obtenido. Así, la cesión de la información o la utilización con finalidades distintas de aquellas para las que se obtuvieron, conlleva la intervención de la Agencia de Protección de Datos (AGPD). Según Carlos Garrido, jefe del área de atención al ciudadano de la AGPD, los datos biométricos no contienen ningún aspecto concreto de la personalidad y tan sólo cuando dicha información se vincula a la identidad de una persona es posible identificarla, de modo que dichos datos no pueden considerarse de más trascendencia que por ejemplo un número de uso personal. Sin embargo, Ray Fernández considera que la legalidad actual no está a la altura: “para hacer tecnología segura, la seguridad se tiene que meter en los entresijos de la tecnología. Pero hasta ahora, el poder ejecutivo, sobre todo en algunos países, ha demostrado no poder resistir la tentación de meter “puertas de atrás” por las que espiar a los ciudadanos. El argumento es que así se podrá investigar el delito; pero permite muchos otros usos”.

Otro uso importante que se le está dando a la biometría es como sistema de apoyo para controlar la inmigración. EEUU es de nuevo el país que más medios está poniendo en este sentido. La Ley de Refuerzo y Seguridad de las Fronteras de dicho país exige la presencia de sistemas biométricos para inspeccionar a los visitantes. Desde el pasado verano, se toman las huellas digitales y la fotografía de todos los ciudadanos que entran procedentes de países exentos de visado. Asimismo, se esperaba para octubre del año pasado la introducción de nuevos pasaportes con datos biométricos, dotados de un chip con la imagen facial de sus propietarios. Finalmente y tras la petición de conceder más tiempo a la Unión Europea (UE), porque la mayoría de los Estados miembros no estaban preparados, EEUU decidía ampliar el plazo hasta octubre de este año. Por su parte, la UE tiene también previsto para dentro de 3 años almacenar en el chip de los pasaportes las huellas dactilares. En este sentido, Alejandro Perales, de la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC), asegura que el problema es que no todos los países garantizan de igual manera la privacidad, por lo que si los gobiernos comienzan a intercambiar datos, se deberían crear unos estándares mínimos de control y de garantía de la privacidad a nivel global, o cuando menos entre EEUU y la UE.

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