Historia de Internet

Aunque parezca un fenómeno reciente, los inicios de Internet se remontan 35 años atrás
Por Alberto Silva 13 de mayo de 2004

La gran red de redes no es un invento reciente. Dio sus primeros pasos en 1969 y durante más de dos décadas tuvo un uso meramente científico, hasta que hace unos diez años comenzó a ser conocida por el gran público. Desde entonces, esta ‘pequeña’ gran revolución ha modificado las costumbres de muchas personas, pues Internet no es sólo un medio de comunicación, sino también una herramienta de trabajo y una vía para las relaciones sociales y el ocio. Para llegar hasta nuestros días, Internet se ha ido desarrollando poco a poco, a lo largo de varias fases.

Nacimiento

Al contrario de lo que piensa mucha gente, Internet ni lo inventó Bill Gates, ni surgió como una red para militares que resistiese un ataque nuclear de la URSS. En realidad nació como resultado de las investigaciones que la agencia gubernamental ARPA (Agencia para Proyectos de Investigación Avanzados, hoy en día DARPA) y un grupo de científicos de varias universidades estadounidenses. Este grupo se unió en la década de los 60 con el objetivo de sacar mayor partido a los escasos, incompatibles y caros ordenadores de la época.

En aquellos tiempos, los ordenadores eran enormes máquinas que ocupaban varios metros cuadrados, y que, para ser utilizados, necesitaban de un terminal de conexión (un ‘ordenador tonto’ cuya única función era enviar datos al ‘verdadero ordenador’ y mostrar los que recibía del mismo). Cada fabricante producía equipos que eran incompatibles entre sí, ya que su funcionamiento interno y la forma de trabajar con ellos era distinta. Así, por ejemplo, para poder conectarse a tres ordenadores, también eran necesarios otros tantos terminales, cada uno con una forma de trabajo diferente. Como solución a este problema, se vio que era necesario implementar una red que interconectase los diferentes ordenadores de una forma estándar.

Además de tener grandes dimensiones y de ser dispares en su funcionamiento, estos ‘primitivos’ ordenadores eran, sobre todo, caros. De ahí que no fuese posible adquirir uno de estos equipos para cada grupo de investigadores dispersos por el país. Así que, en vez de comprar ordenadores para cada equipo de científicos, la solución pasaba por adquirir unos pocos, pero muy potentes, y concentrarlos físicamente en unos pocos puntos. De esta forma, los investigadores de diferentes lugares podrían compartir los recursos de estos potentes ordenadores conectándose a ellos por red.

Estas son las verdaderas razones que dieron lugar al origen de Internet. La idea más extendida, aunque no sea cierta, explica que Internet surgió para defenderse ante un posible ataque nuclear de la URSS, que podría inutilizar las comunicaciones militares si conseguía destruir un solo nodo o centro de control. Las razones de esta confusión fueron dos:

1.- En primer lugar, el proyecto estaba impulsado por ARPA, agencia gubernamental que pertenecía al Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Sin embargo, esta agencia se dedicaba a financiar proyectos que mantuviesen al país en la vanguardia del desarrollo tecnológico, independientemente de que tuviesen o no una aplicación militar.

2.- En segundo lugar, sus creadores aplicaron las ideas de varios investigadores acerca de cómo conseguir una red descentralizada y tolerante a los fallos de sus centros de control. Uno de estos investigadores, Paul Baran, aportó sus ideas con el objetivo de conseguir una red que siguiese funcionando a pesar de que un ataque nuclear de la URSS destruyese los centros de mando. Sin embargo, el resto de investigadores y el espíritu del proyecto en sí, nunca tuvieron en mente este hipotético escenario ‘termonuclear’ como acicate para sus investigaciones.

ARPANET

Como resultado de estas investigaciones, se creó una red, de nombre ARPANET, que fue el embrión de lo que hoy se conoce como Internet. El 2 de septiembre de 1969, en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), se conectó el primer ordenador a esta primitiva red. En pocos meses se unieron más equipos de distintas universidades, convirtiéndose así en una magnífica herramienta de comunicación para los investigadores.

Con el tiempo, fueron surgiendo otras redes paralelas a ARPANET. Sin embargo, todas eran cerradas e incompatibles entre sí. Así que, siguiendo la máxima de “yo uso tu red y tú puedes usar la mía”, se creó una ‘lingua franca’ que permitiese a las dispares redes interconectarse y hablar entre sí (para poder, de esta manera, reutilizar los caros y escasos ordenadores que entonces existían). Esta ‘lingua franca’ es un protocolo (el lenguaje que usan los ordenadores para comunicarse), de nombre TCP/IP. A pesar de tener más de 30 años (se creó en 1973), este protocolo todavía sigue usándose en la actualidad.

Esta gran red de redes (resultado de la interconexión de todas esas redes) en la que se convirtió Internet fue el verdadero punto de partida que permitía obtener todo tipo de información, de cualquier parte del mundo y en todo momento. Sin embargo, Internet todavía tardó mucho en madurar y durante casi dos décadas pasó totalmente desapercibido para el gran público. Fue en los ámbitos universitarios y científicos dónde se le sacó mayor provecho, mediante el uso del correo electrónico, la transferencia de ficheros (FTP) o la publicación de mensajes en las ‘news’ (los primigenios foros de discusión en Internet, aún en activo pero en desuso). También existían sistemas como gopher o BBS, considerados los antecesores de las páginas web actuales y que permitían el acceso a la información de forma más primitivas. Y es que la World Wide Web, es decir, las páginas web, tan comunes ahora (y que son sólo una parte de Internet), surgieron hace escasamente 15 años, en 1989.

World Wide Web, el catalizador

Muchas veces se confunde Internet con las propias páginas web (también conocidas como World Wide Web o hipertexto). En realidad, los sitios-web son sólo una de las aplicaciones que Internet ofrece (el correo electrónico o la mensajería instantánea, por ejemplo, también son aplicaciones de la Red). Es más, la mayor parte de la existencia de Internet ha pasado sin contar con esta utilidad. Sin embargo, la sociedad actual sería inimaginable sin la existencia de los sitios web y del conglomerado de servicios que ofrecen. Y es que la World Wide Web ha sido el verdadero motor de Internet, puesto que la llegada de las páginas web tuvo un efecto catalizador: lo que hasta el momento era una herramienta de comunicación para científicos se convirtió en un nuevo medio de comunicación de masas.

Si Internet fue inventado en los Estados Unidos, las páginas web lo fueron en Europa, en concreto en Suiza. Su creador es Tim Berners-Lee, un investigador del CERN (centro para la investigación de partículas situado en Ginebra), al que se le ocurrió la idea, en 1989, de crear un lenguaje específico para estructurar documentos de texto, y así compartir los resultados de sus investigaciones con sus colegas. De esta forma nació HTML, el lenguaje con el que se crean las páginas web y que aporta, como principal novedad, los hiperenlaces o ‘links’. Los típicos enlaces que todos conocemos fueron una autentica revolución, ya que introdujeron el concepto de “navegar por Internet”: por fin era posible saltar de un contenido a otro con el simple clic del ratón. Rápidamente comenzaron a publicarse gran cantidad de páginas web, interconectadas entre sí mediante estos enlaces, lo que daba lugar a un entramado similar al de una telaraña. De ahí que el conjunto de páginas web reciba el nombre de World Wide Web (telaraña mundial).

El inicio de la era moderna

En 1990, ARPANET, la red originaria, dejó de funcionar oficialmente. Lo que había comenzado en 1969 con unos pocos ordenadores conectados se había transformado ya en más de 300.000 computadores unidos a esta red. Internet, sobre todo tras la aparición de las páginas web, fue el encargado de recoger el testigo de ARPANET, y motivó que esta red dejara de ser una herramienta para científicos. Poco a poco comenzaron a aparecer páginas personales, medios de comunicación, y un sinfín de sitios web dedicados a los más diversos temas. Coincidiendo con la misma época, a principios de los 90, se produjo también una progresiva implantación de los PCs en el hogar, equipos con la suficiente capacidad y potencia como para poder navegar por Internet.

Los navegadores (los programas que se usan para ver las páginas web) también tuvieron una vital importancia en el desarrollo de los primeros pasos de la World Wide Web. Desde que Tim Berners-Lee inventase las páginas web, los navegadores sólo eran capaces de mostrar texto de una forma simple. El punto de inflexión fue Mosaic, el primer navegador gráfico, capaz de mostrar imágenes, audio y vídeo. Fue el primer programa moderno que permitía navegar por Internet de una forma bastante parecida a la actual, y sentó las bases de los actuales navegadores. Incluso el hoy omnipresente Internet Explorer está basado en Mosaic como se puede ver si se hace clic en ‘Ayuda’ – ‘Acerca de Internet Explorer’.

En 1994 apareció Netscape, más avanzado que Mosaic, y que llegaría a convertirse, hasta finales de los 90, en el navegador por excelencia para los cada vez más numerosos navegantes de aquella época. Mientras tanto, Internet empezaba a mostrar también su lado más negativo, ya que en abril de ese mismo año se envió el primer mensaje de ‘spam’ (correo electrónico no solicitado) a miles de foros de discusión.

A pesar del auge que estaba teniendo Internet, Microsoft no apostó decididamente por la Red hasta bien entrada la década de los 90. Para el gigante informático, centrado en las aplicaciones para escritorio, Internet no era primordial, puesto que confiaba en su propia red exclusiva para usuarios de Windows (Microsoft Network). Así, cuando quiso reaccionar, en 1995, ya había varias empresas, como Netscape, que le habían tomado la delantera. A partir de entonces, Netspace y Microsoft libraron una dura batalla por el control de los navegadores, que finalmente se decantaría a favor del segundo y de su producto: Internet Explorer, el navegador de facto en la actualidad en muchos ordenadores.

El despegue de Internet en España

En España, Internet comenzó a despegar en 1995, cuando todavía sólo existían 50.000 usuarios (se estima que en la actualidad son más de diez millones los españoles conectados). A partir de entonces, comenzaron a aparecer un número desproporcionado de empresas proveedoras de acceso a Internet. Y es que, a finales de 1996 había casi 300 empresas proveedoras de acceso, lo que suponía el 10 % de las empresas de este tipo en todo el mundo, mientras que el porcentaje de usuarios españoles no alcanzaba el 0,3 %.

Las causas de esta sobresaturación eran las especiales características del mercado de las telecomunicaciones. Telefónica, mediante su red Infovía, permitía enlazar a los proveedores de acceso a Internet con sus respectivos clientes a precio de llamada local, independientemente de la ubicación geográfica del proveedor y del cliente. Esta especial circunstancia permitía a una empresa ubicada en una punta de la península ofrecer servicio de acceso a Internet a un cliente situado en la otra punta con una infraestructura tecnológica mínima.

La mayoría de las conexiones a Internet de aquella época (años 96-99) se hacían mediante módem, realizando una llamada a través de la línea telefónica. El coste de estar conectado era bastante elevado, ya que las empresas proveedoras de acceso cobraban una tarifa por el servicio de conexión, mientras que Telefónica cobraba también por el uso de teléfono que se hacía (tarifa a precio de llamada local).

Sin embargo, en 1999, esta situación cambió. Retevisión, uno de los primeros operadores de telecomunicaciones alternativos a Telefónica, comenzó a ofrecer acceso a Internet de forma gratuita (el uso de la línea telefónica se seguía cobrando). Seguidamente, Jazztel, BT e incluso la propia Telefónica dejaron de cobrar por la conexión y empezaron a ofrecer este servicio de forma gratuita.

La actual forma de conectarse a Internet ha variado sustancialmente gracias a la proliferación de los accesos de cable y, sobre todo, la aparición de las líneas ADSL. Ya no se paga ni por la conexión ni por el tiempo que se esté utilizando la línea, sino que existe una tarifa fija al mes (entorno a los 39 euros). La velocidad de acceso también ha aumentado sobremanera, llegando a ser 40 veces más rápida que la de los módems convencionales.

En el futuro, la conexión a Internet tiene dos principales caminos que recorrer. Por una parte, las conexiones inalámbricas, y por otra, las que usan la red eléctrica:

Conexiones inalámbricas:

Los ordenadores de bolsillo (PDAs) que aúnan móvil, cámara fotográfica y buena parte de los programas que se pueden encontrar en un equipo de sobremesa son ya una realidad que permite conectarse a Internet desde cualquier lugar que tenga la cobertura necesaria. El auge de las redes inalámbricas libres con Wi-Fi (WiMax, una versión avanzada de Wi-Fi, dará todavía una cobertura mayor), o la reciente comercialización de la tecnología UMTS en España permiten llevarse Internet a casi cualquier parte. El progresivo abaratamiento de los dispositivos y de las tecnologías de conexión será fundamental para que la “Internet móvil” se popularice.

Red eléctrica:

La propia red eléctrica se muestra como una opción muy interesante para simplificar el acceso a Internet. El enchufe sería el mejor de los medios, no para popularizar la conexión a Internet, sino para universalizarla. Existen muchos países y zonas del mundo en los que la línea telefónica todavía no ha llegado, pero que sí lo ha hecho la red eléctrica. Poder aprovechar la infraestructura eléctrica (que además ofrece una velocidad de conexión muy elevada) sería dar un paso de gigante en la universalización del acceso a Internet. Aunque en la actualidad está tecnología, conocida como PLC (Power Line Connection, en inglés), ya se comercializa en España, todavía presenta, al parecer, problemas de interferencias con las ondas de radio, producidos por los propios cables de electricidad.