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Redes de fibra óptica compartidas

Los operadores de telecomunicaciones utilizan las mismas infraestructuras civiles para abaratar los costes de inversión

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Crear una red de telecomunicaciones supone una inversión enorme para desplegar y tender cables. Es necesario abrir zanjas, instalar arquetas, canalizaciones y otros elementos bajo la superficie de ciudades y campos con el fin de llevar la banda ancha y el teléfono fijo hasta los hogares. En España, muchas de estas infraestructuras están en poder de Telefónica, debido a su situación de monopolio durante años. No obstante, desde hace pocos meses, esta compañía se ve obligada a realquilar sus zanjas al resto de operadores para que lleguen a zonas menos rentables.

Esta situación se reproduce en otros países donde la instalación de la fibra óptica que permite transportar la señal digital también se realiza por soterramiento de los tubos. En Japón, en cambio, debido a la actividad sísmica del país y al aprovechamiento del espacio en vertical, la instalación de estos cables se realiza por el aire, mediante postes y torretas.

Japón es uno de los países del mundo donde mas rápido y antes se despliegan nuevas redes de banda ancha en los hogares, ya que la instalación aérea se puede realizar de forma más sencilla, barata y en menos tiempo que la regulada en las leyes ambientales europeas.

Aumenta la demanda de ancho de banda

Los usuarios finales perciben estas diferencias de costes en el desarrollo de las redes. Mientras en España son comunes las ofertas de conexión a Internet entre 1 y 20 megabits por segundo, en Japón, la conexión más habitual es de un gigabit por segundo, es decir, 1.000 megabits por segundo.

La CMT ha dictado una resolución que obliga a Telefónica a abrir sus infraestructuras civiles a los demás proveedores de acceso

La demanda por parte de los usuarios de una mayor velocidad de acceso a Internet es un hecho constatable a medida que crecen las posibilidades de desarrollo de nuevos negocios y los mismos tienen una amplia aceptación. Éste es el caso de la televisión en streaming de alta definición (HDTV), que en Estados Unidos ya encarnan algunas plataformas y que imperará en el futuro con probabilidad.

Pero un servicio así precisa de una conexión de banda ancha mínima de 55 megabits por segundo, lo cual implica la necesidad de realizar una inversión importante en infraestructuras por parte de los operadores de telecomunicaciones. Otro ejemplo es la inversión en la tecnología FTTH ("Fiber To The Home"): la obra civil necesaria para instalar estas redes, muy superiores en ancho de banda al ADSL, supone entre el 60% y el 80% del coste total de su despliegue, según datos de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT).

Compartir es ahorrar

Este handicap favorece que muchos operadores de telecomunicaciones no estén dispuestos a invertir en todas las zonas, ya que algunas no resultan rentables en el plano económico. Si de ellos dependiera, sólo se centrarían en los núcleos urbanos donde el coste de inversión tiene un retorno claro. Sin embargo, hay soluciones que permiten rentabilizar zonas en principio desfavorables, como la posibilidad de compartir zanjas y canalizaciones.

En Japón, el desarrollo de redes de telecomunicaciones se realiza por el aire, mediante postes y torretas

En España se ha impulsado la creación de un mercado de banda ancha para mayoristas, que obliga a Telefónica a abrir sus infraestructuras civiles a los demás proveedores de acceso, con el fin de que puedan desplegar sus propias redes de fibra óptica sin tener que realizar desembolsos millonarios.

En el caso de la tecnología FTTH, la CMT decidió que Telefónica debe proporcionar un servicio mayorista (al resto de proveedores) de acceso indirecto de banda ancha de hasta 30 megabits por segundo en todo el país, con independencia de la infraestructura que soporte el mismo y a unos precios asequibles, si se tienen en cuenta los costes. A raíz de esta resolución, tanto Telefónica como el resto de operadores de telecomunicaciones presentaron sus alegaciones sobre el servicio de mayorista.

Cuando un operador quiere desplegar una red de fibra óptica, puede solicitar a Telefónica información sobre el espacio vacante en sus canalizaciones

La CMT reguló el pasado mes de noviembre las condiciones necesarias para acceder a las infraestructuras de obra civil de Telefónica por parte de los demás operadores. Con esta última resolución, se aprobaron las condiciones definitivas con precios, plazos y servicios, que serán la guía para que los operadores alternativos utilicen las infraestructuras de redes de fibra óptica de Telefónica.

Hasta ahora, esta compañía ha ofrecido este servicio mediante un acuerdo denominado "MARCo", o servicio de "Mayorista en Registros y Conductos". Pero este acuerdo era insuficiente, ya que era privado y no regulaba nuevas tecnologías, como es el caso de las ofertas de FTTH.

A partir de ahora, cada vez que un operador de telecomunicaciones quiera desplegar una red de fibra óptica, podrá solicitar a Telefónica información sobre el espacio vacante en sus canalizaciones. En función del estado de las mismas, el operador aspirante podrá formalizar un acuerdo con Telefónica para utilizar parte de los tubos e incluir sus redes de fibra.

¿Cómo repercute en el bolsillo del usuario?

El aumento de la competencia debería traducirse en ofertas más ventajosas en precio y calidad

En el precio
regulado por la
CMT se tienen en cuenta diferentes factores, como el coste que ha
tenido la instalación de esos conductos o si Telefónica invirtió o no en ellos; también contempla si tuvieron ayudas estatales por considerarse como obra pública, si se utilizaron en exclusiva por Telefónica o si en ocasiones se compartieron.

En función de estas variables, se establece el coste de llegada de cada operador alternativo a determinadas zonas, de manera que se facilite su entrada en áreas que a priori no le resultaban rentables y en las que sólo trabajaba Telefónica. El aumento de la competencia debería traducirse en ofertas ventajosas con mayor ancho de banda y/o mejores precios por el acceso.

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