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Vuelos baratos

A pesar de los precios cada vez más baratos, conviene no confiarse demasiado y seguir comparando precios con las distintas agencias

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En los últimos años la aparición de nuevas empresas que operan con precios muy bajos, los altos precios del crudo y las estrategias cada vez más agresivas de las líneas de bajo coste (‘low cost’)consagradas, junto con las medidas adoptadas por las convencionales para intentar competir en igualdad de condiciones, han convertido el mercado aéreo en uno de los sectores más discutidos y dinámicos. ¿El resultado? Oportunidades cada vez más jugosas para los usuarios, pero también una oferta tan extensa que puede llegar a confundirlo. Por esta razón, las asociaciones de consumidores aconsejan comparar el precio final de estas compañías con el ofrecido por las agencias de viajes, además de tener en cuenta los inconvenientes que puede suponer embarcar en un aeropuerto secundario, la inexistencia o precariedad del número de transportes públicos desde estos aeropuertos hasta el centro de la ciudad y el cierre de oficinas de atención al cliente.

Competencia feroz y precios por los suelos, ¿ventajas o desventajas?

Los pronósticos más optimistas de los creadores de uno de los inventos del siglo XX, las compañías de bajo coste, se han cumplido. Ni los récords alcanzados por el precio del barril de Brent ni la psicosis desatada el pasado verano con los accidentes de varios aparatos operados por compañías de bajo coste (ninguna de ellas de la Unión Europea) han conseguido amargar la cuenta de resultados de los gigantes del sector. Las predicciones de los expertos hace tres años apuntaban a que estas empresas conseguirían hacerse hacia 2010 con el 30% de la cuota del mercado europeo, como ya sucedía en Estados Unidos. Cuatro años antes de esta fecha, coincidiendo con el décimo aniversario del comienzo del fenómeno en España, estas compañías son responsables del casi el 31% de las llegadas por vía aérea a España, según el Instituto de Estudios Turísticos.

Uno de los ejemplos más claros de su desarrollo sigue siendo la aerolínea Ryanair, una de las pioneras en el negocio, que se alza con el primer puesto entre las compañías a bajo coste que operan en España con casi el 24% del total de actividad (seguida muy de cerca por Easyjet y un poco más lejos por la alemana Air Berlín). El estreno del pasado diciembre de una nueva ruta entre Málaga y Bruselas se ha convertido en la número 59 con la que esta compañía opera en España y la número 11 de Andalucía. El Sindicato de Tripulantes de Cabina de Líneas Aéreas estima que, a este ritmo, la aerolínea irlandesa y la británica Easyjet podrían superar con creces en tres años a la española Iberia, cuyos costes se sitúan hasta un 30% por encima de sus competidoras de ‘low cost’.

La competencia es cada vez más fuerte y las empresas no dejan de buscar ideas para atraer al cliente. Con el fin de mantener los precios tan bajos muchas compañías han optado por diversificar sus prestaciones. La mayoría de las páginas web de las distintas líneas aéreas que ofertan este tipo de vuelos ofrecen servicios de alquiler de vehículos, hoteles y transportes turísticos. La tendencia de pagar lo mínimo ya no se limita a los servicios aéreos, sino que empieza a inundar también las opciones turísticas en el destino. La tendencia de pagar lo mínimo ya no se limita a los servicios aéreos, sino que empieza a inundar también las opciones turísticas en el destino Así, los consumidores observan con sorpresa cómo Ryanair es capaz de ofrecer 750.000 billetes gratis para viajeros españoles, o anuncia a la prensa que baraja la posibilidad de sufragar el precio de billetes gratuitos para los clientes con la instalación de salas de juegos a modo de casinos en los aviones.

La presión por mantener precios competitivos a la baja y obtener beneficios es tan grande que muchas empresas pequeñas de bajo coste han empezado a quebrar o han tenido que recurrir a ayudas de la Unión Europea para continuar sus servicios. A finales de 2004 la italiana Volare, pionera en Italia, anunciaba la quiebra y dos años después tendría que recurrir a una ayuda del Gobierno italiano aprobada por la Comisión Europea para continuar una actividad que da trabajo a cerca de mil personas. No era la única: Air Polonia y Dutch V-Bird también tuvieron que cerrar en fechas cercanas a la italiana por el descenso en el número de viajeros y en la cuenta de beneficios.

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