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Nuevo método de evaluación del estado nutricional

La bioimpedancia eléctrica mide la composición corporal de forma fácil, rápida, barata y con mayor fiabilidad que el IMC para diagnosticar sobrepeso y obesidad

Imagen: Colin Rose

El estudio de la composición corporal basado en la técnica de bioimpedancia eléctrica permite establecer el porcentaje de masa grasa y masa magra (libre de grasa) de una persona y, a partir del mismo, establecer la necesidad de pérdida o aumento de peso, según el caso. El exceso o la falta de grasa corporal o de masa magra, así como el exceso de agua, entre otros parámetros, son de gran ayuda para poder conocer en profundidad enfermedades como el sobrepeso y la obesidad, trastornos de la conducta alimentaria, problemas de retención de líquidos, edemas, pérdida de musculatura con la edad o fallos en el crecimiento y el desarrollo.

Detectar los cambios

La importancia de medir la composición corporal ha aumentado en los últimos años debido a la necesidad de evaluar los cambios en el estado nutricional de la persona que pueden afectar a sus reservas corporales. Podemos ganar o perder grasa y minerales del hueso o músculo como resultado de una enfermedad, de comer demasiado o demasiado poco, de un entrenamiento deportivo de alto rendimiento o por trastornos psiquiátricos relacionados con la alimentación. Las dietas de pérdida de peso también son una de las causas por las que se puede perder grasa corporal y, si el planteamiento alimentario es erróneo, hasta masa muscular. Todos estos cambios en el organismo sólo se pueden detectar utilizando un método válido de medida de la composición corporal.

Utilidades

La impedancia eléctrica es especialmente útil en personas desnutridas y en enfermos de anorexia u otros trastornos de la conducta alimentaria

Por definición, la impedancia eléctrica es la oposición que presenta un cuerpo, en nuestro caso un tejido biológico, al paso de una corriente a través de él. Es un estudio no invasivo, indoloro, que se basa en la aplicación de una corriente eléctrica a través del organismo y que registra unos parámetros físicos que dependen del contenido de agua en el cuerpo.

El principio básico de la técnica es sencillo: se hace pasar una corriente alterna aplicada entre la muñeca y el tobillo y se mide la capacidad del cuerpo para conducir o transportar una cantidad de energía eléctrica determinada. Al tener los tejidos biológicos propiedades eléctricas, su comportamiento frente al paso de la corriente puede determinar su naturaleza y composición.

Hay modelos eléctricos que, tras ser descubiertos y estudiados, han permitido una interpretación fisiológica de la bioimpedancia, es decir, se han traducido unos datos físicos y matemáticos a un lenguaje biológico. El conocimiento de los diferentes compartimentos que forman nuestro cuerpo permite determinar de forma precisa la grasa. Aunque existe una relación estrecha entre obesidad y peso corporal total, se pueden producir errores en la interpretación de medidas de individuos que tengan una gran masa muscular o en pacientes con ascitis o edemas importantes, en los que el exceso de peso se debe al agua o al músculo y no a la grasa. El valor del componente graso ayuda a los profesionales a instaurar el tratamiento preciso y a realizar el seguimiento adecuado del paciente con sobrepeso u obesidad.

La masa magra o masa libre de grasa es un compartimento activo metabólicamente y contiene los órganos, huesos, sangre o músculo. En personas desnutridas, en las que el compartimento proteico puede estar muy afectado, es importante su valoración. Igualmente, en enfermos de anorexia u otros trastornos de la conducta alimentaria, la medida de la masa magra es fundamental. Las personas mayores también tienden a perder masa magra y representan un gran grupo de riesgo de desnutrición, por lo que la determinación de la composición corporal es uno de los datos para el diagnóstico de este trastorno en el anciano.

En pediatría también se utiliza, ya que además de las medidas corporales que dan luz sobre el estado nutricional del pequeño, la bioimpedancia eléctrica puede ayudar al pediatra a valorar problemas de niños que no crecen adecuadamente o problemas de pequeños que sufren obesidad infantil.

Bioimpedancia versus IMC

La epidemia de obesidad que acecha al mundo occidental ha contribuido a crear la necesidad de utilizar técnicas que concreten de qué componentes se conforma nuestro cuerpo y cómo se distribuyen. La definición de obesidad basada en el Índice de masa corporal (IMC), que únicamente tiene en cuenta la altura y el peso, es insuficiente como herramienta de diagnóstico y como elemento de evaluación durante la terapia de un problema de peso.

El IMC no tiene en cuenta si el exceso de peso en relación con la altura proviene de una proporción de grasa superior a la deseada o de un problema de ascitis, edema o un desarrollo importante de la masa muscular. Este hecho puede clasificar, por ejemplo, a un deportista que realice una actividad de fuerza o a una mujer con retención de líquidos como obesos.

En uno de los estudios comparativos más interesantes sobre este tema publicado en el American Journal of Public Health y en el que se comparan ambas técnicas,se dio a conocer que el IMC a la hora de predecir la grasa del organismo es impreciso, no lineal y que muestra errores relacionados con la edad.

La bioimpedancia eléctrica demuestra cómo a medida que nos hacemos mayores la grasa va aumentando en las mujeres desde los 30 hasta los 60 años y en los hombres desde los 50 años hasta las últimas décadas de vida, en las que este compartimento decrece. Estos factores, junto con el dato de que la distribución de la grasa se va haciendo cada vez más insana con el envejecimiento, no los refleja en absoluto el índice de masa corporal.

El estudio concluye que el IMC es un indicador impreciso de la grasa del organismo. Diferentes métodos de medida del estado nutricional, como la bioimpedancia, el análisis antropométrico y la densitometría aplicados a más de 2.000 personas a las que se determinó también el IMC, evidenciaron que este último no es un buen método para el diagnóstico y el tratamiento de la obesidad. La bioimpedancia eléctrica es más precisa, por lo que se puede aplicar perfectamente en estudios de poblaciones.

UNA TÉCNICA PARTICULAR

Imagen: NASA

La aplicación de la impedancia eléctrica en tejidos biológicos tiene una historia que se remonta a finales del siglo XVIII, pero no fue hasta principios del siglo XX cuando se estudió la estructura de estos tejidos a partir de sus propiedades eléctricas y se demostró que son conductores.

A partir de aquí se han aplicado las medidas de la impedancia eléctrica a varios campos entre los que se encuentra la determinación de las características de nuestros tejidos corporales que permite distinguir si hay edema, determinar el volumen de fluidos, conocer el volumen intra y extra celular y cuantificar el porcentaje de grasa y masa libre de grasa (músculos, huesos, sangre o vísceras).




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