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Desengrasar baldosas: algunos métodos

La grasa acumulada en las baldosas se puede limpiar con sustancias químicas, como el amoniaco y la lejía, y también con productos naturales, como el bicarbonato

Imagen: mtneer_man

Grasa y suciedad se acumulan en las baldosas del suelo. Una parte se despega con la limpieza cotidiana, pero otra permanece y se incrusta hasta que, con el paso del tiempo, forma manchas visibles. Para quitarlas, se pueden usar sustancias químicas o productos naturales. Este artículo destaca las cualidades del amoniaco como desengrasante y las de la lejía como desinfectante y blanqueador, los productos naturales que sirven para tal fin y el salfumán, una sustancia corrosiva reservada para manchas muy difíciles.

El amoniaco, el mejor desengrasante

Aunque no se derrame ninguna sustancia sobre ellas, los azulejos y baldosas acumulan grasa y suciedad que, después de un tiempo más o menos prolongado, forman manchas visibles. Se nota sobre todo en la cocina, pero también en otras estancias de la casa, incluido el patio o la terraza. Parte de la suciedad sale al efectuar una limpieza normal de estas superficies, pero otra parte queda adherida y requiere del uso de productos desengrasantes para poder eliminarla.

El amoniaco es el producto desengrasante más utilizado y más efectivo, ya que limpia también otras manchas rebeldes, como las de café, zumos o sangre

El limpiador más típico es el amoniaco. Su capacidad desengrasante es muy alta y es el producto más recomendado para hacer desaparecer las manchas difíciles. Además de la grasa, sirve para limpiar otras sustancias rebeldes, como las de café, zumos y sangre. Además de suelos y paredes, con este producto también se pueden limpiar moquetas y alfombras. El lado negativo del uso del amoniaco está dado por su mal olor y el riesgo de intoxicarse al inhalarlo: puede causar desde irritación en la garganta y los ojos o daños en la piel hasta problemas graves e incluso la muerte. Más allá de eso, si se emplea con precaución, el amoniaco es un valioso aliado en la limpieza.

La lejía: desinfectante y blanqueador

Otro producto muy utilizado es la lejía. La principal cualidad de la lejía radica en su carácter desinfectante, ya que gracias a su componente activo (el hipoclorito de sodio) tiene la capacidad de eliminar prácticamente todos los microorganismos y restos de materia orgánica. Es muy bueno para blanquear superficies, pero esto también entraña el riesgo de arruinar el color original, tanto en suelos como en ropa. Al igual que el amoniaco, su inhalación es peligrosa: su uso prolongado aumenta el riesgo de sufrir problemas respiratorios, según lo determinó en 2009 un estudio realizado por el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental y el Instituto Municipal de Investigación Médica de Barcelona.

Hay que tener en cuenta que, más allá de los daños graves que puede provocar la lejía al blanquear las baldosas, siempre que se aplica cualquier sustancia química sobre una superficie su aspecto resulta afectado. Debido a esto, se debe procurar que el uso de estos productos sea lo menos frecuente posible.

Productos naturales que limpian las baldosas

Además de los productos limpiadores, existe la posibilidad de emplear productos naturales para la limpieza de las baldosas. Una opción es la del bicarbonato. Si se disuelve una cucharada sopera de esta sustancia en cinco litros de agua templada, se obtiene un líquido que desengrasa las baldosas y las deja brillantes. Tras aplicarlo, este líquido se seca muy rápido y permite obtener muy buenos resultados.

Algo parecido ocurre con otro líquido obtenido a través de fórmulas naturales y de forma aún más "casera": el agua en el cual se han hervido patatas. Deben ser patatas sin pelar ni lavar. Se hierven en un cazo, luego se retiran y el líquido resultante se utiliza tal como está, sin dejar enfríar ni mezclar con otras sustancias. Lo más aconsejable es usar una fregona, que conviene empapar en el líquido para mojar bien las baldosas. Al igual que en el caso del agua con bicarbonato, no hay que secar la superficie, sino dejar que se seque con el aire del ambiente.

Salfumán, solo para manchas muy difíciles

Existe otra posibilidad, no muy recomendable dado el alto poder abrasivo de la sustancia en cuestión, pero a la cual se puede recurrir en caso de grasa y suciedad muy enraizada en las baldosas, sobre todo en baldosas antiguas. Es el ácido clorhídrico o salfumán, una disolución que se obtiene al mezclar cloruro de hidrógeno con agua. Es muy corrosivo: en las versiones que se venden para uso doméstico, su concentración es solo de entre el 10% y 12%, y pese a ello se debe emplear con mucho cuidado.

Para su aplicación, se deben verter unas gotas de este producto en agua templada y revolver bien la mezcla. Luego conviene hacer una prueba: usar el líquido en alguna superficie similar al suelo que se quiera limpiar, pero que no importe que se deteriore, o bien en alguna parte poco visible del suelo, para comprobar que no causa daños sobre ella. Solo entonces, al haber corroborado esto, se debe utilizar para limpiar las manchas difíciles del suelo. Una vez eliminadas, hay que retirar el ácido del suelo con otro paño húmedo.

Además de tomar todas estas precauciones, conviene prestar especial atención a las instrucciones de uso incluidas en el envase del producto.


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