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Para conseguir un buen funcionamiento del congelador, es fundamental mantener las paredes interiores del congelador libres de hielos. La capa de hielo que se forma provoca un efecto aislante que impiden la transmisión del frío, de tal manera que es difícil mantener temperaturas bajas de congelación en una nevera en la que se ha formado hielo en las paredes, puesto que la mínima temperatura que se alcanzará escasamente oscilará entre 0 y -5ºC.
Además de no obtener temperaturas lo suficientemente bajas, éstas se mantendrán a costa de estar el motor del compresor funcionando durante más tiempo de lo normal, con el consiguiente aumento del consumo energético y disminución de la vida útil del congelador.
El hielo se forma debido a la humedad ambiental. Cada vez que se abre el congelador se introduce aire con su correspondiente humedad que cuando entra en contacto con las paredes frías del congelador, se condensa formándose hielo en las paredes.
La solución para evitar esta formación de hielo es fácil, no abrir el congelador más que el tiempo estrictamente necesario y comprobar que la puerta cierra herméticamente. A veces resulta inevitable la aparición del hielo así que cuando aparezcan placas de agua congeladas en las paredes, es conveniente descongelar la nevera, hacer una limpieza y volverlo a conectar.
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