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El ciprés, un árbol peculiar

Especie muy alta y delgada, el ciprés se emplea de forma ornamental en parques y como cortavientos y pantalla acústica en regiones rurales y agrícolas

Imagen: Antonio Tajuelo

El ciprés es un árbol con algunas particularidades, como su forma, su longevidad (un ejemplar puede vivir durante varios siglos) y los usos que se le da, tanto por medio de su plantación planificada como a su madera. Este artículo resume las peculiaridades del ciprés, datos como su forma, su madera y la poda que necesita, y analiza el posible papel de esta especie como barrera natural contra el fuego.

Características y particularidades del ciprés

El ciprés es una especie peculiar. Este género de árboles crece en casi todas las zonas cálidas y templadas del mundo. En Europa tiene un uso ornamental en parques y lugares públicos, mientras que en muchos países de Asia es un típico acompañante de los templos y edificaciones religiosas. En regiones agrícolas españolas se utiliza como cortavientos, como pantalla acústica natural junto a carreteras y, en los últimos tiempos, se ha hablado también de su supuesta capacidad como cortafuegos.

Los cipreses pueden alcanzar los 20 metros de altura y su copa no medir más de un par de metros de diámetro

El nombre científico del género es Cupressus. Reúne una veintena de especies, de las cuales la más conocida y difundida en nuestro país es la Cupressus sempervirens, llamada también ciprés común, ciprés mediterráneo o ciprés de los cementerios, por su tradicional presencia en esos lugares. El sempervirens (término que quiere decir "siempre vigoroso") presenta a su vez variantes como la Columnaris, la Pyramidalis o la Stricta.

Una de las características del ciprés es su rápido crecimiento, sobre todo en sus primeros años de vida. También su larga vida: un ejemplar puede vivir hasta 300 años e incluso más. Otra de sus cualidades está dada por sus dimensiones: pueden alcanzar los 20 metros de altura y su copa no medir más de un par de metros de diámetro. Para las plantas o partes de una planta con esta forma puntiaguda la botánica reserva el adjetivo de "fastigiadas".

La forma, la madera y la poda del ciprés

Debido a su forma y dimensiones, los cipreses son buenos para su utilización como cortavientos en regiones de cultivo, pero no para formar setos en jardines o parques pequeños. Sus hojas, por su parte, son muy pequeñas: tiene forma de escama y miden entre 2 y 6 milímetros de extensión.

Si se decide podar el ciprés, es preciso hacerlo en otoño, sin cortar nunca sus ramas más bajas

Su madera es de color pardo amarillento y de carácter blando, muy común en la fabricación de muebles, tableros o piezas de artesanía, al igual que la de pino, abeto, chopo, castaño o abedul.

El ciprés florece a finales del invierno, mientras que la mejor época para su reproducción es el otoño, tanto por semillas como por injertos y, algunas especies, por esquejes. Durante sus primeros años el ciprés no necesita poda y, después, tampoco es fundamental, sino que se hace sobre todo para recomponer su forma. Además, en ningún caso conviene cortar sus ramas bajas. La poda se debe efectuar en los meses de otoño: octubre o principios de noviembre.

Pese a que prefiere el sol y los climas más cálidos, el ciprés resiste muy bien el frío, las heladas, el viento y la sequía, así como la contaminación y la escasez de mantenimiento. Tampoco necesita abonos especiales, aunque si se ha de hacerlo, conviene nutrir el suelo en otoño con abono orgánico y en primavera con abono mineral. Y no es exigente con el tipo de sustrato, pero prefiere los suelos calizos y sufre más en terrenos salinos y encharcados.

El ciprés, ¿barrera contra el fuego?

En el verano de 2012 el ciprés fue noticia. Casi un millar de ejemplares permanecieron sanos en medio de la devastación que produjo un incendio forestal en la localidad valenciana de Andilla. El fuego arrasó 20 mil hectáreas, con toda la vegetación que encontraba a su paso, pero en los 9.000 metros cuadrados (0,9 hectárea) cubiertos por cipreses, solo quemó 12 árboles de un total de 946.

¿Cuál es la explicación? Muchos especialistas se lo preguntaron. Algunos, como los responsables del Departamento de Árboles Monumentales de la Diputación de Valencia, señalaron que el ciprés mediterráneo es una especie que acumula pocas ramas en el suelo y una capa de mantillo muy húmeda. Además, solo un 10% de los ejemplares sufrieron una deshidratación de sus copas.

Varios expertos incluso plantearon la posibilidad de usar líneas de cipreses como cortafuegos para proteger viviendas. Sin embargo, otros argumentaron objeciones basadas en los peligros de introducir especies que no son autóctonas. De hecho, los cipreses que resistieron el fuego no lo son: fueron plantados allí en 1990, como parte de un experimento para probar la resistencia de algunas especies en condiciones adversas.

En declaraciones posteriores a la prensa, Susana Domínguez, directora de la ONG Bosques sin Fronteras, indicó que el motivo principal de que el fuego no hubiera afectado a la mayoría de los cipreses fue la variedad de especies: "La discontinuidad en especie y altura en un bosque es una manera natural de combatir el fuego". Y añadió que si el fuego invade un campo cubierto solo de cipreses, sí que los quemaría.


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