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Vacaciones y discusiones de pareja

Una de cada tres parejas pone fin a su relación sentimental tras la época estival

Las rupturas sentimentales se disparan tras el verano. Así lo constatan diversos estudios y estadísticas que desvelan que anualmente en España 200.000 parejas contraen matrimonio y que 50.000 se separa. Convivir más tiempo del habitual saca a la luz diferencias que durante el resto del año apenas se perciben debido a que la convivencia diaria de la pareja es mínima. La tendencia marca que son las mujeres quienes dan el primer paso en la ruptura, desencantadas de la relación y con unos ingresos, derivados de su incorporación al mundo del trabajo, que les permite vivir con independencia económica.

Origen del problema

El verano es tiempo de vacaciones, pero también de discusiones. Según datos del Instituto de Política Familiar, una de cada tres parejas rompe su relación al acabar la época estival. ¿El motivo? El exceso de horas que las parejas pasan juntas durante las vacaciones y el mayor roce que se produce. "Además, hay otra explicación sencilla", completa el director de la Escuela Vasco Navarra de Terapia Familiar, Roberto Pereira: "Antes de tomar una decisión como la de separarse o divorciarse, decisión que crea una situación de mucho estrés por tratarse de una de las más difíciles que hay que tomar en la vida, es habitual que la pareja se dé una última oportunidad". El momento elegido para hacerlo es a menudo el verano, porque en esta época se dispone de más tiempo para reflexionar. "Se piensa que se va a encontrar un momento en el que sea más fácil descubrir si se pueden arreglar las cosas. No es nada raro que antes de tomar una decisión de este tipo las parejas se tomen unos días de vacaciones juntos y traten de ver si pueden arreglar los conflictos entre ellos", precisa Pereira.

En este caso pueden ocurrir dos cosas: que la pareja averigüe que aún se quiere y puede arreglar los problemas o que, en la intensa convivencia que supone compartir las 24 horas del día, se agudicen las dificultades existentes y cada uno se de cuenta de que la relación es definitivamente insalvable. En este caso, según Pereira, "la convivencia es el elemento que agrava las dificultades previas grandes y que rara vez ayuda a solucionarlas". "Así que -agrega- en esos momentos de intensa convivencia de la familia es más que posible que aumenten las dificultades entre ellos, que aumenten los conflictos y que al final de las vacaciones se tome la decisión de separarse". Una decisión que, cada vez más, culmina en un proceso de divorcio, ya que tal y como reconoce el presidente de la Asociación Española de Abogados de Familia, Luis Zarraluqui, la nueva Ley del Divorcio facilita este extremo al eliminar la figura previa de la separación y permitir que se pueda solicitar directamente el divorcio transcurridos tres meses desde el matrimonio.

No obstante, para Zarraluqui "no hay que hacer mucho caso de las estadísticas, porque pueden ser un poco ligeras", aunque sí reconoce que es después del verano, en septiembre, se da un aumento del número de rupturas, favorecido también porque el mes de agosto es inhábil para formular demandas. "También a comienzos de año se da un incremento en el número de rupturas, pero por razones distintas. Los comienzos de año son las fechas que los seres humanos nos marcamos cuando tenemos que tomar determinadas resoluciones. Tenemos tendencia a fijar fechas, como cuando decidimos dejar de fumar, y son los comienzos de año los momentos elegidos. Además, las parejas prefieren dejar pasar estas fiestas familiares sin decir nada para no amargar a los suyos y es luego cuando anuncian una decisión de este tipo", explica.

En cuanto a las razones que llevan a tomar esta decisión, dependen siempre de cada pareja, aunque el verano puede ser un periodo perturbador para la vida conyugal porque cada miembro de la relación está acostumbrado a un tipo de vida que en verano debe adaptar a las necesidades del otro. "Estamos acostumbrados a que el hombre y la mujer se vayan a trabajar cada uno por su lado o tengan costumbres diferentes que les mantienen alejados físicamente durante un tiempo, lo que oxigena su relación y les da un ámbito de libertad o independencia. Cuando cambiamos esto en el verano y la pareja se encierra todo el día juntos, los conflictos se hacen más visibles", mantiene Zarraluqui. En realidad, no es tanto que el verano sea la época en la que se pierde el amor, como la época en la que se arrastra una situación de dificultades hasta que se produce el detonante, que puede ser una simple discusión por el lugar elegido para las vacaciones. "No es que una pareja se lleve maravillosamente bien y al llegar el verano se lleve fatal, sino que esas incomprensiones o infelicidades están más o menos encubiertas o escondidas y se ponen de relieve cuando hay una convivencia mayor", resume el abogado.

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