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Vivir del cuento: cómo editar un manuscrito

Las dificultades para publicar en editoriales tradicionales provocan que autores noveles recurran a la autoedición a través de Internet

  • Autor: Por LAURA CAORSI
  • Fecha de publicación: 17 de mayo de 2009
Imagen: Ian Oliver

Una de las maneras más saludables de relajarse fuera del trabajo es conectarse con el artista interior que todos llevamos dentro. De ahí que no sean pocos los economistas, ingenieros o médicos, por citar tres profesiones que poco tienen que ver con la Literatura, que dediquen sus ratos libres a escribir. Muchos empiezan porque son buenos lectores, y sin más objetivo que pasar un rato agradable; sin embargo, tras años cultivando en solitario la afición, se animan a soñar que quizá lo que escriben podría encuadernarse y publicarse en forma de libro. ¿Cómo hacerlo? Aunque no es tarea fácil, presentarse a concursos o certámenes puede ayudar a lograrlo. En último extremo, muchos autores recurren a la autoedición de sus relatos a través de empresas especializadas en Internet.

El mundo editorial

No todas las editoriales publican libros de cuentos. Es más: en el mundillo literario se comenta que la mayoría de los editores prefiere las novelas. De ahí que antes de enviar un cuento a una editorial sea imprescindible enterarse de si los publica... y de si recibe manuscritos (y, en caso de hacerlo, en qué condiciones). Parecen obviedades, pero pocos autores noveles las tienen en cuenta. Para lo primero, basta con estudiar el catálogo de la editorial y explorar las diferentes colecciones que lo conforman; ir a la biblioteca y leer algunos títulos ayudará a entender mejor qué clase de literatura vende la empresa en cuestión. Por raro que suene, el término "empresa" no es casual, pues las editoriales sólo publican libros que estiman rentables, que se ajustan a sus criterios literarios y comerciales. Tampoco está de más averiguar cuántos títulos dedicados al cuento publica por año -no serán más de siete u ocho- y documentarse sobre el perfil del editor. Todo ello ayudará a que las expectativas que uno se forme sean razonables.

En cuanto al asunto de los manuscritos, en la página web de la editorial o por teléfono se puede conseguir información acerca de cómo enviarlos. Algunas editoriales aceptan los archivos Word o pdf, pero otras prefieren el texto en papel y el envío postal. Una vez enviado el manuscrito, la respuesta del editor tardará en llegar como mínimo unos tres o cuatro meses; no porque sea lento en leer, sino porque, de media, los editores reciben más de 30 textos cada mes. De ahí que si alguien quiere tener alguna posibilidad, conviene que sea cuidadoso en los pasos citados y no dé argumentos para ser rechazado a las primeras de cambio.

Concursos

Si uno se cansa de recibir ser rechazado por las editoriales, puede intentar ganar algún certamen, convocados en su gran mayoría por instituciones en colaboración con alguna editorial; la primera aporta el dinero para el galardón y la segunda se encarga de publicar el libro o los libros premiados. Al margen de los concursos más prestigiosos - el Ribera del Duero, el Tiflos o el NH-, hay una gran cantidad de convocatorias locales, provinciales o autonómicas donde probar suerte, y con remuneraciones que van desde los 100 euros en adelante. En momentos difíciles, autores profesionales como el chileno Roberto Bolaño o el argentino Antonio di Benedetto sobrevivieron en España enviando sus cuentos a estos concursos.

Las editoriales sólo publican libros que estiman rentables, que se ajustan a sus criterios literarios y comerciales

Las opciones son muchas. La Guía de Premios y Concursos literarios en España 2008-2009 (Fuentetajaliteraria, Madrid, 2008), que se publica de manera bianual, recoge 1.800 certámenes relativos a todas las disciplinas literarias, incluida la del cuento. A través de Internet también se puede estar al tanto; páginas como Escritores.org o Estandarte.com listan las bases de una buena cantidad de convocatorias e informan de los ganadores.

Autoedición

No es fácil convertir en libro esos cuentos que están en el disco duro. Los canales tradicionales se basan en la homologación de la calidad del autor a través de un editor o de un jurado. Sin embargo, Internet ha traído una nueva posibilidad: empresas como Bubok o Lulu ofrecen autopublicarse de manera gratuita, y sin filtro alguno. ¿Gratis? Sí, gratis. ¿Lo que el cliente quiera? También.

A diferencia de las editoriales tradicionales, estas empresas imprimen bajo demanda, es decir, sólo sacan en papel un ejemplar cuando hay un comprador que lo pide. Si éste paga dos ejemplares, le imprimen eso: dos ejemplares. El coste de producción por libro es mucho mayor que en las clásicas tiradas; sin embargo, este sistema abarata el precio final dejando que los autores publiquen lo que quieran y se encarguen de todo: corregir, maquetar, editar, difundir, colocar en librerías o bibliotecas, etcétera. Es más, por hacer, los autores hasta ponen el precio. La única condición es que el precio esté por encima del coste de producción por ejemplar que la empresa fija. Según los cálculos de una de esas webs, imprimir un libro de 90 páginas de 150 x 210 mm en blanco y negro y con lomo pegado cuesta 7,5 euros. A partir de esa cifra, el autor puede pedir el dinero que quiera por su obra. Del beneficio que obtenga, un 80% será para él y un 20% para la empresa.

Imprimir a través de editoriales de autopublicación un libro de 90 páginas de 150 x 210 mm en blanco y negro y con lomo pegado cuesta 7,5 euros

El fenómeno es reciente -apenas lleva funcionando un par de años- y forma parte de la nueva cultura tecnológica; de manera que todavía es pronto para poder evaluar su impacto. En cualquier caso, aparece como una opción más para que quienes escriben puedan vengarse del editor que los rechazó, los jurados que no reconocieron su talento o, sencillamente, para compartir a un precio asequible sus relatos con la familia y los amigos.

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