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Abordar los problemas directamente y poner límites es el mejor modo de tratar con un compañero o jefe ineficaz
¡Que levante la mano el que nunca haya conocido en su entorno laboral a compañeros o jefes incompetentes!. Personas incapaces de realizar bien su trabajo y sí de responsabilizar a otros de sus errores. ¿Es posible detectarlos antes de que vampiricen a los demás? O, mejor aún: ¿existe la fórmula mágica para saber cómo tratarlos antes de que perjudiquen al trabajo con su actitud? Están en todas las organizaciones, en todas las categorías y en todas las actividades laborales. Y se encarnan en formas muy diversas: desde el compañero pelota hasta el jefe trepa. Lo que más sorprende es que, pese a su ineptitud, en muchas ocasiones se mantengan en su puesto e, incluso, en otras muchas, sean ascendidos a un cargo superior. Cada uno sigue una pauta de comportamiento.
Con frecuencia los términos incompetente e ineficaz se aplican impropiamente a quien no hace las cosas como a uno le gustaría; quien aprovecha para escaquearse, o quien se ocupa en actividades que, según la opinión de uno mismo, no debería ocuparse, como explica Tomás Álvarez García, director del Instituto de Psicología Empresarial. En concreto, una persona ineficaz en su trabajo es aquélla que no consigue los resultados previamente establecidos, bien en cantidad o en calidad de su trabajo.
Todos hemos sufrido a compañeros o jefes incompetentes o ineficaces, personas incapaces de realizar bien su trabajo y que responsabilizan a otras de sus errores. Según los expertos, pueden hacerlo de muchas y muy diversas maneras:
El trabajador ineficaz es aquél que no consigue los resultados previamente establecidos en cantidad o calidad
En definitiva, la tipología de personas ineficaces dentro de una empresa es amplia, pero lo que realmente interesa es identificarlos y atajar el problema antes de que hundan moralmente al resto de compañeros e interfieran en su trabajo.
El tipo de relación en el entorno laboral depende del estilo de los altos cargos de la empresa. Lo ideal es que exista un clima de confianza donde los problemas se resuelvan en común, sobre todo cuando se crean situaciones injustas en el reparto de tareas o existen agravios comparativos.
En estos casos habría que plantear con claridad las consecuencias de esa ineficacia, y llegar a un acuerdo entre los trabajadores para evitar situaciones injustas. Porque, como señala Álvarez, las personas no son ineficaces, sino que actúan de modo ineficaz por alguna razón y eso, si se trata adecuadamente, puede cambiarse. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la persona ineficaz se "alimenta" del trabajo que hacen los demás, por lo que vive consentida y, sin darse apenas cuenta, todos los compañeros le permiten su ineficacia tapándola o haciendo por ella su trabajo. Para evitar esta situación, el psicólogo recomienda no arropar a esa persona y no realizar su trabajo, sino abordar con ella directamente en qué situaciones es más ineficaz; no permitir que vampirice a los demás. El experto subraya que se le deben poner límites y, si es necesario, dejarla en evidencia con respeto y cariño para que aprenda.
Muchas situaciones de ineficacia se deben a que los jefes no hacen bien su trabajo. No marcan con claridad los objetivos, no proporcionan los medios e instrumentos necesarios, desconfían de las personas a su cargo, o emplean estilos de dirección basados en el "ordeno y mando", más que en la participación del equipo. Como añade Antonio Galindo, director de Asesores Emocionales, un jefe no debe caer en favoritismos, ni en lástimas o penas. Estas actitudes las practican los jefes para no entrar en conflicto abierto.
Un buen jefe ha de detectar la razón de la ineficacia (si es ignorancia, incompetencia para el puesto de trabajo, desmotivación) y abordar el conflicto, sin violencia, pero de manera clara y manifiesta. Dialogar de manera sistemática con la persona, proponerle acciones y evaluar si ha experimentado o no progreso. Sin grandes paternalismos. Y si, después de todo no se observa una evolución, quizás sea necesario trasladar a esa persona de puesto o prescindir de ella, siempre respetando su integridad.
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