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Trabajar en una comunidad y vivir en otra

La reducción del tiempo en los desplazamientos provoca que cada vez más trabajadores residan en una comunidad y trabajen en otra que les ofrezca mejores condiciones salarias y profesionales

  • Autor: Por LOLA RAYA
  • Fecha de publicación: 10 de enero de 2008

Situaciones diversas

Imagen: Bryan Warman

Trabajar en una empresa con sede en el madrileño Paseo de la Castellana puede ser una ventaja por lo céntico que puede resultar llegar hasta allí. Pero no lo es tanto cuando, a diferencia de la mayor parte de los compañeros de oficina, se vive en Ciudad Real, en Segovia o en Guadalajara. Aunque aún no es una situación que afecte a la mayoría de los trabajadores, sí que es cada día más habitual. Y las previsiones son que, de aquí a pocos años, se multipliquen los casos de personas que se desplacen a diario desde poblaciones de tamaño mediano o pequeño hasta las grandes ciudades. El desarrollo de las líneas de AVE y los nuevos accesos por carretera a las grandes urbes favorecen que se pueda llevar a cabo esta situación. Otro factor determinante es el cambio de la mentalidad tradicional de los nuevos trabajadores, más proclives a realizar desplazamientos a lugares donde pueden encontrar un nivel salarial y un desarrollo profesional más acorde con sus aspiraciones y su formación. Ahora bien, madrugar un par de horas antes que el resto de los compañeros y el desgaste del viaje tiene una serie de consecuencias físicas, psíquicas y familiares.

La tipología de las personas que viven en una determinada comunidad autónoma y trabajan en otra distinta es muy diversa:

  • Trabajadores que se desplazan a diario (en coche, tren, AVE), y regresan a sus hogares en pequeñas ciudades o pueblos por la tarde-noche.
  • Las personas que, por exigencia de su empresa, se desplazan para realizar proyectos concretos (obras, puesta en marcha de delegaciones, proyectos, etc.) con una duración limitada (un mes, tres meses, un semestre), pero que no cambian su lugar de residencia.
  • Profesionales de grado medio y alto, y ejecutivos que trabajan de lunes a viernes en una ciudad, y que se desplazan los fines de semana a su residencia. El teletrabajo y la flexibilidad horaria que, poco a poco, están implantando algunas empresas hace que los períodos de permanencia en su casa sean mayores (tres o cuatro días a la semana, o incluso semanas completas), con el compromiso expreso por parte del profesional de cumplir unos objetivos laborales previamente establecidos.

Principales problemas

Vivir y trabajar en lugares distintos lleva aparejados una serie de problemas que pueden afectar tanto a la vida personal como a la laboral del trabajador. ¿Cuáles son los principales escollos que deben salvar? El catálogo de dificultades puede ser amplio, pero las más citadas por parte de los expertos son las siguientes:

  • Problemas familiares o de pareja. El hecho de que una persona, por razones de trabajo, suela estar más tiempo fuera de casa puede provocar un sinfín de problemas de relación con su pareja o sus hijos por un sentimiento creciente de culpabilidad.
  • Aumento de los niveles de estrés, lo que puede producir problemas importantes de salud.

Los problemas citados están interrelacionados entre sí y afectan, no sólo al ámbito físico y psicológico del trabajador, sino también al personal y familiar. Hay que tener en cuenta que en los desplazamientos diarios se suceden continuamente factores externos que, a priori, ya provocan en el trabajador una situación de agotamiento y estrés: retrasos en los medios de transporte, retenciones en vías públicas, etc. Posteriormente, durante la jornada laboral, este estrés se agudiza, sobre todo en trabajos con alta carga psicológica.

Los problemas derivados de trabajar y vivir en diferentes ciudades se manifiestan en una menor comunicación familiar y en un mayor grado de estrés laboral

En el ámbito personal y familiar los problemas se manifiestan en una menor comunicación con la pareja y en una situación de monotonía, que puede afectar a su vez en la relación con los hijos. Como el trabajador convive menos tiempo con ellos puede ser el causante, de manera inconsciente, de provocar problemas de mal comportamiento, o de rendimiento escolar. Además, si el nivel de estrés es algo, puede desembocar en bajas médicas del trabajador por ansiedad. En el caso de los traslados temporales (seis meses, un año...), los problemas suelen empeorar.

María Dolores Suárez Agredano, consultora del departamento de Recursos Humanos de una de las principales empresas de selección de personal en nuestro país, asegura que en ocasiones es difícil controlar cada situación porque no depende exclusivamente de la voluntad del trabajador. Así, es posible predecir el atasco habitual, pero no los imprevistos, como el cansancio de la vuelta a casa por "perder" entre una y dos horas de su tiempo en carretera, el estrés que genera no llegar a la hora prevista, el temor a que el día a día se reduzca a salir de casa-trabajar-llegar a casa y no tener vida privada. Según Suárez, a todo ello hay que añadir el coste económico de transporte. Incluso un planteamiento subjetivo que puede llevar a plantear la siguiente pregunta: ¿cuánto vale cada hora de nuestro tiempo?

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