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Es recomendable contar con capital propio que ronde la mitad de la inversión total necesaria
- Imagen: Davide Guglielmo -Pese a la crisis económica, sigue habiendo emprendedores que se proponen poner en marcha un negocio. Algunos, porque tienen una fuerte vocación empresarial y creen firmemente en la viabilidad de un proyecto. En otros casos se trata de personas que han perdido su trabajo y optan por el autoempleo como forma de supervivencia profesional o mera subsistencia económica. Quien pretende montar un negocio conoce a la perfección el producto y el mercado en donde quiere trabajar. Lo que no está tan claro es que sepa de finanzas, auténtica asignatura pendiente de muchos creadores de empresa y que hay que dominar al menos en cuanto a algunos conceptos claves, tal como señala José de Jaime Eslava, en su libro "Las claves del análisis económico-financiero de la empresa"
Las dudas más habituales que surgen a la hora de montar un negocio, las preguntas decisivas suelen ser: ¿cuánto capital se necesita? ¿qué parte de este dinero se debe pedir al banco? ¿cuánto destinar a inversión y cuánto a tesorería? ¿qué instrumentos financieros se pueden utilizar en caso de necesidad? Lo primero que hay que tener claro es que no se puede intentar poner en marcha un negocio sin contar con un mínimo de capital para invertir. Por lo tanto, el primer cálculo que hay que hacer es determinar cuánto va a ser este capital mínimo.
No se puede emprender un negocio sin contar con un mínimo de capital para invertir
Los expertos recomiendan contar con un capital propio (procedente de los ahorros) que se acerque a la mitad de la inversión total necesaria. De este modo, se tendrá una empresa solvente desde el principio. Con este porcentaje, el banco percibirá que es un proyecto en el que se cree y por el que se está dispuesto a apostar parte del patrimonio, lo que hará más fácil la concesión de un crédito. Según Mario Cantalapiedra, autor del libro "Manual de Gestión Financiera para Pymes", los bancos son un apoyo para conseguir los objetivos financieros marcados por la empresa, y cuando se acuda a ellos en busca de financiación es muy importante transmitir con claridad el destino de los fondos solicitados y disipar cualquier duda al respecto.
Un mal cálculo de las necesidades de liquidez (el dinero necesario para satisfacer los pagos en el corto plazo) puede llegar a provocar muchos dolores de cabeza y un sinfín de problemas. ¿Qué hacer ante una situación como ésta? Los expertos recomiendan:
Una estrategia habitual consiste en intentar cambiar la estructura de la deuda pasándola de corto a largo plazo. Esto se logra mediante la renegociación de préstamos con los bancos, ampliando su duración, realizando ampliaciones de capital o solicitando préstamos a largo plazo que cancelen parte de las deudas a corto plazo. Por ejemplo, se puede ampliar la hipoteca de un local comprado para la empresa, y así se obtiene además una interesante ventaja: desgravar por los intereses que se han de pagar.
Se trata de un producto muy usado por las pymes y los profesionales autónomos para resolver problemas puntuales de liquidez (nóminas, pagos urgentes...). Consiste en un crédito a corto plazo por el que el banco pone a su disposición la cantidad acordada en una cuenta de crédito. A partir de este momento se puede disponer de él según se vaya necesitando. Por ejemplo: si conceden una línea de crédito de 60.000 euros, se tiene tal cantidad disponible, pero no es necesario utilizarla de golpe. Así, si se emplean 20.000 euros, sólo se pagan los intereses correspondientes a dicha cantidad. Es decir, que el banco sólo cobra por el dinero que se ha utilizado.
La causa principal de los desfases puntuales de liquidez que se producen en determinados momentos hay que buscarla en los desajustes entre los pagos a proveedores (gastos de la empresa) y el cobro a los clientes (ingresos del negocio). Esto es algo muy frecuente en las pequeñas empresas, ya que los clientes suelen pagar a 90 días y los proveedores acostumbran a dar un reducido margen a las pymes, que generalmente tienen poca capacidad para negociar. Para resolver este desequilibrio, se vislumbran las siguientes soluciones:
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