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Cáncer: el mejor ataque, una buena defensa

Un estudio revela que el sistema inmunológico es capaz de luchar contra el cáncer ya establecido

  • Autor: Por JORDI MONTANER
  • Última actualización: 6 de octubre de 2009

Las defensas del sistema inmune han constituido en un estudio francés el mejor ataque y el mejor factor pronóstico en la lucha contra el cáncer. El cuerpo humano asombra una vez más a los fisiólogos por su capacidad para hacer frente a las condiciones más adversas.

Un buen sistema inmune no es sólo una protección frente a las alergias o las infecciones. Un equipo de investigadores del INSERM de París, dirigido por Jérôme Galon y Franck Pagès, ha estudiado la capacidad natural, fisiológica, de nuestro organismo para hacer frente nada más y nada menos que al cáncer. Se conoce desde hace tiempo que el desarrollo de las células cancerosas guarda relación con la respuesta inmune del organismo, pero se buscaba qué papel tiene el sistema inmune en la progresión de la enfermedad, en vez de indagar cómo responde el sistema inmune al cáncer ya instaurado.

Los expertos franceses seleccionaron a 400 pacientes con cáncer de colon en distintas fases y determinaron en cada caso el tipo de tumor, su localización exacta y la expresión génica de células inmunes en cada tumor detectado. Después, equipararon toda esta información a la evolución seguida por los pacientes. La gravedad del cáncer se midió del 0 (tumor muy localizado e incipiente) al 4 (tumor muy extendido que afecta incluso a otros órganos). En base a tan simple medición, parecería lógico que los pacientes con cáncer de grado 4 tuvieran siempre el peor pronóstico, pero resultó no ser así.

Inmunidad antitumoral

Para asombro de propios y extraños, el factor pronóstico más fehaciente resultó ser la expresión génica de células inmunes en el tumor. A menor expresión génica, independientemente del grado de desarrollo del tumor, peor pronóstico para el paciente. Galon y Pagès hablan incluso de una inmunidad antitumoral que el cuerpo humano desarrolla ante la detección de un proceso canceroso; de forma que el organismo invocaría un sistema de defensa especializado en combatir las células tumorales. En este revolucionario descubrimiento, hecho público por la revista Science, la inmunoterapia se perfila como el cuarto pilar en el tratamiento de las neoplasias malignas, luego de las formas ya establecidas: cirugía, radioterapia y quimioterapia.

La inmunoterapia se perfila como el cuarto pilar en el tratamiento de las neoplasias malignas junto con la cirugía, radioterapia y quimioterapia

Sin embargo, aunque todavía no se han logrado todos los resultados favorables que se espera alcanzar con esta nueva modalidad terapéutica, tanto en Cuba como en otros muchos países se investiga para dilucidar los mecanismos de defensa antitumoral y la obtención de productos inmunomoduladores, con potencial terapéutico antitumoral. En este trabajo se actualizan aspectos relacionados con la inmunobiología tumoral, así como también sobre los mecanismos efectores inmunológicos contra las células malignas y los de escape contra la vigilancia inmunológica, a la vez que se esbozan las estrategias clásicas y más recientes para utilizar el sistema inmune como terapia adicional contra los tumores.

Una estrategia que explica muchas cosas

Las células malignas derivan de tejidos normales que han sufrido transformaciones que desembocan en una proliferación incontrolada, asociada a cambios en el metabolismo y en la diferenciación celular. Dichas células transformadas invaden tejidos vecinos y con frecuencia colonizan sitios distantes (metástasis).Cada día se generan en el organismo células con transformaciones potencialmente malignas que, debido a un proceso denominado inmunovigilancia, son eliminadas sin llegar a evolucionar como tumores establecidos. Una evidencia clínica de este cribado fisiológico y que da pie al estudio antes citado es la elevada frecuencia de tumores malignos que se desarrollan en personas inmunodeficientes.

El artículo de Science permite explicar ahora por qué muchos tumores contienen infiltrados linfoides que debieran ser considerados como un factor de buen pronóstico. Estos tumores son mucho más frecuentes en el periodo neonatal o ya en edades muy avanzadas, cuando el sistema inmune funciona de forma menos eficaz. A la mayor incidencia de tumores en individuos inmunodeprimidos cabe añadir la posibilidad de que se den regresiones espontáneas en pacientes portadores de un tumor maligno comprobado de forma histológica. Otra posibilidad es la de que aparezcan recaídas tardías (incluso tras 20 años de tratamiento) debido a que las defensas del huésped dejan de ser capaces de inhibir el crecimiento de la neoplasia, o regresiones de metástasis tras la resección quirúrgica de la masa tumoral primaria, o la larga duración de la terapia y las curaciones espontáneas de determinados carcinomas in situ, siendo responsables los mecanismos de defensa inmunitaria.

Por otro lado, hace años se observó que el suero de ratones que se han recuperado de tumores inhibe el crecimiento del mismo tipo de tumores en otros ratones. La verdad es que se ha avanzado mucho en el conocimiento de los mecanismos celulares y moleculares que determinan la respuesta inmune. Los modelos experimentales se han ido perfeccionando y ya no cabe dudas de las posibilidades del sistema inmune del cuerpo humano en la defensa antitumoral. Una de las características de las células malignas es que sufren cambios en la expresión de las moléculas que se ubican en la membrana celular. Estos cambios determinan una pérdida en la tolerancia inmunológica, lo que a su vez propicia que se induzcan respuestas inmunológicas contra ellas.

TERAPIAS BIOLÓGICAS EN CÁNCER

Imagen: Rick Stegeman / Flickr

Las terapias biológicas utilizan el sistema inmune del cuerpo para combatir el cáncer o para minimizar los posibles efectos secundarios causados por los tratamientos propiamente oncológicos. Los modificadores de la respuesta biológica (BRM) existen de manera natural en el cuerpo, pero se pueden reproducir también en el laboratorio. Los BRM alteran la interacción entre las defensas inmunes del cuerpo y las células cancerosas para reforzar, dirigir o restaurar la capacidad del cuerpo de combatir la enfermedad. Estas terapias incluyen fármacos como los interferones, interleucinas, factores estimulantes de colonias, anticuerpos monoclonales, vacunas, terapia génica y agentes inmunomoduladores no específicos.

La terapia biológica (a veces llamada inmunoterapia, bioterapia o terapia modificadora de la respuesta biológica) es una de las incorporaciones más recientes al arsenal médico de la lucha contra el cáncer, cuyas tres principales puntas de lanza son la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia. Las terapias biológicas permiten utilizar el sistema inmune del cuerpo, ya sea de forma directa o indirecta, para combatir el cáncer de forma endógena o para disminuir los efectos secundarios que pueden causar algunos tratamientos ya reconocidos (radioterapia o quimioterapia).




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