En 2022 se estimaron más de 19 millones de casos nuevos de cáncer en humanos en el mundo, y se prevé que esta cifra siga aumentando en las próximas décadas debido al envejecimiento y a la exposición a factores de riesgo ambientales y de estilo de vida. En España se diagnostican casi 300.000 nuevos casos de cáncer al año, según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).
Y en el caso de los perros, se estiman datos muy similares: entre uno de cada tres y uno de cada cuatro sufrirá algún tipo de tumor a lo largo de su vida, y casi la mitad de los perros mayores de 10 años recibirá un diagnóstico de cáncer. Esta enfermedad es una de las principales causas de muerte en nuestras mascotas de edad avanzada.
Oncología comparada en perros y humanos
Más allá de ser datos epidemiológicos, estas estadísticas muestran que el cáncer es una enfermedad compartida por humanos y perros, con una frecuencia suficiente como para ser investigada a través de la oncología comparada. Se trata de una rama de la medicina que estudia similitudes biológicas, genéticas y clínicas entre los tumores de diferentes especies para aplicar ese conocimiento en la mejora del diagnóstico, tratamiento y prevención en humanos.
Je-Yoel Cho, director del Centro de Investigación de Enfermedades de Medicina Comparada (Comparative Medicine Disease Research Center, CDRC), es uno de los principales expertos internacionales en esta disciplina. Según este investigador, la razón de esta similitud con los humanos está en algo muy sencillo: “Más allá de que compartimos el 84 % de nuestros genes, los perros viven en nuestro entorno, respiran el mismo aire que nosotros y están expuestos a los mismos carcinógenos domésticos. Por eso reflejan de forma casi perfecta los factores de riesgo del cáncer humano”.
👉 El origen de la comparación
Los estudios comparativos sobre el cáncer en animales domésticos comenzaron muy pronto, ya a principios de los años setenta del pasado siglo XX. Según explica Richard Curtis Bird, investigador y doctor en Biología Celular y Genética Molecular de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Auburn (Estados Unidos), en aquel momento, la gran pregunta era si los virus eran responsables de la mayoría de los cánceres humanos.
Con el tiempo descubrieron que no era así: “Solo unos pocos tumores humanos tienen un origen viral, como ocurre con el virus del papiloma humano y el cáncer de cuello de útero. Ese hallazgo fue decisivo para el desarrollo de esta disciplina, porque los perros son la única especie animal de gran tamaño en la que no se han identificado retrovirus —como el VIH—, muchos de ellos altamente oncogénicos (que pueden causar cáncer)”.
Por qué los perros son modelos naturales en el estudio del cáncer humano

Precisamente por eso, los perros se convirtieron en un modelo perfecto para estudiar el cáncer espontáneo, que es el tipo de cáncer que padecemos la mayoría de las personas y también la mayoría de los perros. También, estos animales tienen un sistema inmunitario robusto e intacto, lo que los convierte en un modelo ideal para investigar inmunoterapias, que son ahora mismo una de las grandes apuestas para personalizar los tratamientos y reducir los efectos secundarios.
Los canes son modelos especialmente valiosos para estudiar el cáncer humano, frente a los animales de laboratorio.
- “En los ratones, los tumores se inducen artificialmente y, además, se trata de animales con el sistema inmunitario alterado. En cambio, los tumores de los perros evolucionan durante años junto a su sistema inmunitario exactamente igual que en los humanos”, explica Cho.
- A esto considera que debe sumarse “su mayor tamaño corporal, que permite utilizar equipamiento médico de uso humano —resonancias magnéticas, escáneres— y obtener una información mucho más realista sobre cómo se comportará un fármaco en un paciente”, añade el investigador.
🔷 Desarrollan el cáncer antes y más rápido
El ciclo de vida más corto de estos animales posibilita observar la evolución y respuesta a terapias en menos tiempo. Así lo aclara Richard Curtis Bird: “Los perros, al tener una esperanza de vida más corta, desarrollan el cáncer antes que los humanos y de forma más rápida, algo que encaja bastante bien con su ciclo vital”.
La mayoría de los pacientes caninos tienen más de seis años y entran ya en una etapa geriátrica cuando aparece la enfermedad. La edad media de muerte de un perro ronda los 12 años y rara vez sobreviven más de tres años tras un diagnóstico de cáncer. Por ello, desde el punto de vista de la investigación, es un modelo mucho más manejable que el ser humano, para quien el ciclo vital es más largo y, por tanto, es más difícil observar la evolución completa de la enfermedad.
Desde el punto de vista del desarrollo de fármacos, los estudios en perros permiten responder antes a preguntas clave: cuál es la dosis óptima, qué efectos secundarios aparecen a medio plazo, cómo influye el sistema inmunitario en la respuesta al tratamiento o qué pacientes tienen más probabilidades de beneficiarse. Esta información es especialmente valiosa en fases tempranas, donde muchos fármacos fracasan al pasar de modelos animales tradicionales a ensayos en humanos.
🔷 Algunos cánceres les afectan como a nosotros
La oncología comparada es interesante porque precisamente estudia estas coincidencias naturales para beneficio de ambas especies. Algunos tipos de cáncer afectan de manera muy similar a perros y humanos, incluyendo osteosarcoma, melanoma, linfoma, leucemia, cáncer de mama, tumores de tejidos blandos y otros tumores sólidos.

No solo se parecen en el tipo de células que atacan, sino también en su comportamiento biológico: el crecimiento del tumor, la aparición de metástasis y la respuesta a los tratamientos muestran patrones casi idénticos.
Veamos un ejemplo de qué sucede en un osteosarcoma: “A nivel molecular, el cáncer óseo en perros y el que afecta a niños y adolescentes es prácticamente idéntico”, dice Je-Yoel Cho. Uno de los grandes avances que señala en este sentido es una vacuna que utiliza la bacteria Listeria monocytogenes modificada genéticamente para atacar selectivamente células cancerosas, que se probó primero en perros con resultados extraordinarios: consiguió alargar bastante su esperanza de vida. “En la práctica, esto ha acelerado la llegada de una inmunoterapia potencialmente salvadora para niños con cáncer”, sostiene.
También en el ámbito de las terapias dirigidas, los perros han servido como plataforma para validar fármacos que actúan sobre dianas moleculares específicas. Tumores caninos que sobreexpresan proteínas como KIT, HER2 o EGFR han permitido estudiar inhibidores dirigidos contra estas moléculas, anticipando tanto la eficacia como los posibles mecanismos de resistencia que luego se observan en humanos.
En paralelo, la identificación de biomarcadores es otro beneficio clave. El análisis genético y molecular de tumores caninos ha contribuido a confirmar qué alteraciones son realmente relevantes para el pronóstico y la respuesta al tratamiento.
⭐ Cáncer de mama
Eso sí, no todos los tipos de tumores caninos son semejantes a los tumores humanos. Así lo señala Laura Luisa Peña Fernández, catedrática y directora del grupo de investigación aplicada en oncología y endocrinología comparadas de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). “Solo se pueden estudiar aquellos tipos de tumores que se ha demostrado que son similares genéticamente, clínicamente, patológicamente y de comportamiento biológico”, advierte.
A estos se les denomina modelos naturales y se tarda muchos años en poder demostrar que son modelos válidos para el estudio de su tumor homólogo en la especie humana. La investigadora pone como ejemplo algunos tipos de cáncer de mama en la perra. “Se ha demostrado que son similares a los de la mujer, sin embargo, hay tumores que son exclusivos de una especie y que no suelen aparecer en otra”, añade.
Investigación con bienestar animal
Según Laura Luisa Peña Fernández, un aspecto fundamental es que los propios animales se benefician directamente de estas investigaciones, ya que acceden a opciones terapéuticas innovadoras que, en muchos casos, no estarían disponibles de otro modo y pueden mejorar su calidad y esperanza de vida.
“Todos estos estudios se realizan siempre bajo estrictos controles éticos, legales, de seguridad y bajo protocolos de bienestar animal, con la supervisión de comités independientes, priorizando el bienestar animal y garantizando que la participación sea potencialmente beneficiosa para cada paciente”, asegura la investigadora. En muchos casos, estos estudios representan incluso una alternativa ética a la eutanasia cuando los tratamientos convencionales no son viables.
La investigación que involucra animales domésticos está sujeta a controles éticos y protocolos de bienestar animal con el fin de garantizar que su uso sea responsable y respetuoso. En España, por ejemplo, los ensayos clínicos veterinarios deben cumplir con normativas específicas que protegen los derechos y la integridad de los animales y que son supervisadas por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). “Estas investigaciones son realizadas por investigadores que somos veterinarios, y nuestro objetivo principal es ofrecer el mayor beneficio posible a nuestros pacientes”, dice Peña Fernández.
En definitiva, los perros han sido clave para probar inmunoterapias, terapias dirigidas y biomarcadores antes de aplicarlos en humanos. Además, esta investigación acelera el desarrollo de tratamientos humanos, porque permite obtener datos clínicos en tumores espontáneos y sistemas inmunitarios intactos, en un tiempo mucho más corto que en humanos. Esto ayuda a identificar dosis, efectos secundarios y perfiles de pacientes que responden mejor, reduciendo riesgos y acortando el camino hacia ensayos clínicos seguros y eficaces en personas.


