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Microquimerismo, el intercambio celular

Además de los lazos afectivos entre madre e hijo, hay un vínculo físico en forma de intercambio de células progenitoras que persisten durante mucho tiempo

Imagen: Rick Hawkins

Hace algunos años que sabemos que durante la gestación hay un intercambio de células progenitoras entre madre e hijo. Estas células, que pueden persistir durante mucho tiempo, a menudo son unos huéspedes amables que ayudan a reparar daños que se producen en los tejidos, aunque en otros casos se ha demostrado que pueden ser el origen de determinadas enfermedades.

Dos poblaciones celulares

El amor entre madre e hijo ahora se sabe que va más allá del cariño, por un vínculo físico en forma de intercambio de células. Desde el punto de vista de la supervivencia de la especie, este fenómeno podría tener sentido porque con el aporte por parte del feto de nuevas células reparadoras la madre podría vivir más. Por otra parte, la madre sigue dando vida más allá de los nueve meses de gestación ya que sus células pueden también ayudar a subsanar deficiencias en su hijo.

Este fenómeno, reportado por primera vez en 1981, despertó cierto escepticismo ya que no quedaba explicado como células extrañas al organismo podían ser aceptadas por el sistema inmune y sobrevivir tantos años. Las células fetales pueden sobrevivir en el organismo materno durante décadas después del embarazo; de la misma manera, las células de la madre también sobreviven en el niño durante años. En un estudio, en una mujer se identificaron células procedentes de su hijo que ya había cumplido los 27 años.

El intercambio de células podría ayudar a reparar daños que se producen en los tejidos de la madre y el hijo

El microquimerismo es la coexistencia de dos poblaciones celulares diferentes (originadas en individuos genéticamente distintos), presentes en un solo individuo. En la naturaleza, la causa más frecuente es el microquimerismo asociado al embarazo debido a un intercambio bidireccional de células entre el feto y la madre. También se produce microquimerismo en el caso de los trasplantes y las transfusiones. Pero este fenómeno también puede presentar contradicciones.

Si bien se han identificado casos en que estas células pueden ser unos 'huéspedes amables' que ayudan a reparar daños que se producen en los tejidos maternos, en otros casos se ha demostrado que pueden ser el origen de determinadas enfermedades. Por este motivo, cada año aparecen varios estudios sobre el tema. La comprensión de las células que se transfieren, su localización y su funcionalidad, podría llevar a minimizar los efectos perjudiciales de este fenómeno y a potenciar sus probables beneficios con objetivos terapéuticos.

HUÉSPEDES AMABLES

Imagen: NIH

Uno de los efectos beneficiosos sería que las células fetales podrían reparar tejidos dañados de la madre. Se postula que una mujer podría recibir una estirpe de nuevas células madre con capacidad para diferenciarse en el tipo celular que sea necesario. La genetista Diana Bianchi encontró en dos estudios, uno de glándula tiroides extirpada a una mujer y otro en tejido hepático de una paciente con hepatitis C, donde parte del tejido estaba formado por células masculinas, probablemente procedentes de sus hijos.

Una investigación efectuada en modelo animal reveló que células madre procedentes del feto se concentraban en regiones cerebrales que habían sufrido algún tipo de lesión, como si de un intento de reparación se tratarse. Una vez en el cerebro, estas células se transformaban en neuronas, aunque no se pudo demostrar que tuvieran las mismas capacidades que las neuronas maternas y que pudieran conectar con éstas. Cabe destacar que las células fetales no se distribuyeron al azar sino que se instalaron en zonas que habían sufrido algún tipo de lesión, como si existiera una especie de señal emitida por el tejido dañado.

Científicos de la Universidad de Osaka, Japón, demostraron la presencia de células fetales diferenciadas, como hepatocitos y células renales, en hígados y riñones que habían sido previamente lesionados. Asimismo, investigadores del servicio de cardiología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, en Barcelona, han demostrado la presencia de cardiomiocitos de estirpe masculina (XY) en el corazón de madres que habían tenido hijos varones. A pesar de que desconoce el significado de este hallazgo, cabe pensar que estas células procedentes del feto pueden tener un efecto reparador que ayudará, en un futuro, a afrontar algunas patologías cardíacas.

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