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Nueva vacuna contra las lombrices intestinales

Un nuevo descubrimiento científico sienta la base para el diseño de una vacuna contra una de las infecciones por lombrices intestinales más comunes, la ascariasis

Imagen: Wikimedia

La lombriz intestinal es un parásito de hasta 35 cm de largo que se aloja en el intestino del ser humano y de algunos animales. Puede vivir anclada en dicho órgano durante años, provocando una de las infecciones más comunes y que afecta a un 25% de la población mundial, la ascariasis, con especial incidencia en la infancia y en países subdesarrollados. El parásito que provoca la infección, "Ascaris", ha ido desarrollando unas importantes estrategias de defensa para evadir los mecanismos de protección de los cuerpos afectados. Un estudio reciente ha descubierto el funcionamiento de estas tácticas, lo que podría ayudar al diseño de una nueva vacuna contra estas infecciones que pueden llegar a ser graves.

Para sobrevivir en el organismo que habita, el principal mecanismo de defensa de los parásitos del género "Ascaris", que provocan la infección más común por lombrices intestinales, es la producción de una proteína, el inhibidor ACI. Dicha sustancia inhibe la acción de enzimas del intestino que participan en la digestión y en la defensa del organismo frente a los patógenos. Lo afirma un estudio reciente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB), publicado en la revista "Proceedings of the National Academy of Sciences". Estos resultados sientan las bases para una vacuna que podría evitar la infección, según el CSIC.

Los investigadores han analizado la distribución del inhibidor ACI en diferentes tejidos y estadios de evolución de lombrices de la especie "Ascaris suum" (conocida popularmente como ascariasis del cerdo, por ser el principal afectado). Xavier Gomis-Rüth, investigador del CSIC y coordinador del estudio, explica tras estos resultados que el parásito "Ascaris" ha desarrollado estrategias para evadir los mecanismos y "resistir a un medio tan agresivo" como lo es el del huésped infectado.

Infección común

Cerca de 1.500 millones de personas padecen ascariasis, así como una gran cantidad de cerdos. Tiene especial incidencia en la infancia y en países en condiciones sanitarias precarias. "Su contagio se encuentra asociado a una higiene personal deficiente, condiciones sanitarias insuficientes o lugares en los que se utilizan heces humanas como fertilizante", explica Gomis-Rüth. La infección se suele dar cuando se ingieren alimentos o bebidas contaminadas con huevos de las lombrices.

Su contagio se asocia a una higiene personal deficiente y a condiciones sanitarias insuficientes

Se trasmiten también por vía oral-fecal, es decir, a través de la suciedad y por haber tocado restos de heces y haberse llevado los dedos a la boca. Es por este motivo que los niños tienen más riesgo que los adultos de infectarse. Las lombrices macho adultas miden de 15 a 25 cm de longitud, y las hembras de 25 a 35 cm. Al crecer, pueden alcanzar el grosor de un lápiz y vivir de uno a dos años. Aunque la infección puede no dar ningún síntoma, estos son graves si hay una gran cantidad de lombrices implicadas en la infección.

Una infección leve, con proceso inflamatorio inicial, presenta un cuadro con lombrices en las heces, tos con expulsión de lombrices, pérdida de apetito, fiebre y respiración sibilante. También se puede dar anemia, palidez, pérdida de peso o malestar general. Un cuadro más grave puede producir vómitos, falta de aliento o dificultad para respirar, hinchazón y dolor abdominal, oclusiones en el intestino, ictericia (coloración amarillenta de la piel) e, incluso, cálculos biliares.

Proceso paciente

Las lombrices alcanzan la madurez hacia los dos meses después de que la persona ingiera los huevos, y los síntomas van apareciendo de forma gradual. Cuando llegan al intestino, eclosionan y se convierten en larvas, que empiezan a desplazarse por el cuerpo. Después atraviesan la pared intestinal y pasan del hígado a los pulmones a través del torrente sanguíneo (es en esta etapa cuando aparecen síntomas como la tos).

En los pulmones, las larvas ascienden por los bronquios hasta la garganta, donde son de nuevo tragadas y regresan al intestino delgado. Allí crecen, maduran, se reproducen y ponen huevos. Una lombriz hembra puede producir hasta 240.000 huevos al día, que se eliminan a través de las heces, lo que genera una nueva gran fuente de contaminación. Los síntomas de la ascariasis suelen desaparecer durante la primera semana de tratamiento. Generalmente, se trata con medicamentos antiparasitarios por vía oral; sin embargo la terapia no debe limitarse sólo a los fármacos. Hay que combinarla con medidas higiénicas adecuadas, ya que es una higiene inadecuada el principal factor de aparición de la infección.

Lavarse bien las manos, mantener las uñas cortas y limpias, esterilizar la ropa probablemente contaminada, adoptar medidas adicionales de higiene o llevar los animales que convivan con la familia al veterinario (para comprobar si tienen lombrices), son algunas de las principales recomendaciones que hay que seguir. En algunas ocasiones, es necesario extirpar de manera quirúrgica las lombrices (en los casos de obstrucción intestinal, obstrucción de las vías hepáticas o infección abdominal).

El estudio español no es el único que recientemente ha trabajado con estos parásitos intestinales. Una investigación elaborada en el Swiss Federal Institute of Technology, en Zurich (Suiza) se ha centrado en estos para hallar pistas que podrían derivar también en el desarrollo de nuevas vacunas. Según la investigación, existen ciertos microorganismos que viven en el intestino que pueden o bien ser infecciosos o bien llegar a vivir en simbiosis con los humanos. Estudiar los factores que hacen a una persona inmune a estos microorganismos del intestino ha sido el objetivo principal del estudio.

OXIURASIS

Imagen: micha hanson

Cuando se padece ascariosis, los especialistas recomiendan también hacer pruebas para determinar si se tienen otros parásitos intestinales como, por ejemplo, oxiuros ("Enterobius vermicularis"). La oxiuriasis es una parasitosis muy común en los niños (el ser humano es el único huésped de este parásito) y su distribución es mundial. Se trata de un tipo de lombrices muy pequeñas, de 0,5 cm a 1 cm de longitud, localizadas en el intestino delgado.

Desde allí migran, generalmente por la noche, hacia los márgenes del ano y sus proximidades. Es aquí donde las hembras depositan sus huevos. La fabricación de los huevos se da en una sustancia gelatinosa que produce un intenso picor cuando el gusano hembra serpentea. Este picor provoca que el niño se rasque y los huevos queden en los dedos y debajo de las uñas. El niño se autocontagia más tarde si se lleva la mano a la boca y los traga. Las lombrices vuelven a poner huevos en el intestino y, dentro de más o menos dos semanas, se reproducen e inician de nuevo el ciclo.

Los huevos se diseminan de manera muy fácil por todas partes: hogar, dormitorios, baños, objetos, alimentos o agua. Incluso flotan en el aire. Por este motivo, la infección es muy fácil entre miembros de la misma familia o compañeros de colegio, por lo que se recomienda reducir la contaminación del ambiente mediante una higiene adecuada. Los síntomas, más presentes durante la noche, son sueño intranquilo, irritabilidad, despertares frecuentes, pesadillas e, incluso, sonambulismo. Las áreas genitales, sobre todo las femeninas, también pueden verse afectadas.

Se recomienda que el tratamiento, simple y eficaz con varios medicamentos, lo siga también el resto de la familia del afectado. El más usado se realiza una vez y debe repetirse a las dos semanas. No obstante, uno de los mejores métodos es bañarse cada día, ya que esta acción elimina una gran proporción de los huevos. No existe necesidad de restringir el contacto con otros niños, siempre que las medidas higiénicas sean las correctas, a saber: lavar y cocer bien los alimentos; observar una escrupulosa higiene con agua y jabón en la zona genital del afectado; cambiar cada día la ropa y lavarla de forma separada, también la ropa de cama de forma frecuente; limpiarse las manos y las uñas (cortadas), y usar pijamas de una sola pieza para que el niño o niña no se rasque y pueda autocontagiarse.




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