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Luxación de hombro

Esta articulación es una de las menos estables del organismo y, por ello, es más proclive a lesionarse

  • Autor: Por MONTSE ARBOIX
  • Fecha de publicación: 16 de abril de 2010
Imagen: dospaz

La articulación formada por la escápula y la cabeza del húmero, el hombro, se identifica por su gran movilidad. No obstante, esta misma característica le confiere a la vez -junto con el hecho de que la cabeza del húmero es mayor que la superficie en la cual se articula- laxitud y debilidad. Por este motivo, su luxación es la más frecuente de todas las dislocaciones, favorecida por la poca fortaleza de sus ligamentos. Es más habitual en adultos, aunque no es rara en jóvenes que practican deportes de impacto. Cuando ocurre, hay que acudir a los servicios de urgencias para su tratamiento inmediato. Si requiere tratamiento quirúrgico, la recurrencia y la cronicidad son aspectos que influyen en su elección.

De todas las patologías que se pueden desarrollar en el hombro, una de las más frecuentes es la que afecta al manguito rotador, un tendón formado por los cuatro músculos que rodean la articulación escapulohumeral. Entre sus funciones, permite la rotación de la articulación, ajusta la cabeza esférica del húmero en la concavidad de la escápula -cavidad glenoidea- para facilitar la elevación del brazo y favorece la estabilidad de la articulación para prevenir su luxación.

Causas de luxación

Una luxación se origina por un golpe o traumatismo que provoca el desplazamiento de una superficie articular sobre la otra. Esta separación puede ser total o parcial (subluxación). Es más frecuente con la práctica de deportes de impacto, como artes marciales o rugby, o por movimientos bruscos y forzados con el brazo, como ocurre en el béisbol o en el tenis. Cuando el hombro se disloca, el afectado siente un dolor muy agudo en la zona, similar a un desgarro. Es tal la intensidad, que no es difícil que sobrevenga una lipotimia.

El traumatólogo recoloca la cabeza del húmero en la cavidad glenoidea, con anestesia local o general

Este dolor disminuye de manera progresiva, aunque se siente de nuevo tras una mínima movilización. La impotencia funcional es casi absoluta y el hombro pierde su forma redondeada. Ante esta situación, hay que colocar el brazo afectado en cabestrillo, un poco separado del cuerpo, y acudir con prontitud a un centro hospitalario para reducir la luxación (encajarla de nuevo). En caso contrario, podría terminar en fractura y empeorar el cuadro y el pronóstico. Además, a medida que pasa el tiempo, la musculatura adyacente se contractura y dificulta su resolución.

Después de un examen radiográfico, con anestesia local o general, el traumatólogo realizará determinados movimientos para recolocar la cabeza del húmero en la cavidad glenoidea. Nunca hay que dejar que nadie manipule un hombro dislocado, a excepción de un especialista. Una radiografía de control posterior asegurará el éxito de la operación, aunque será necesario usar un cabestrillo que limite el movimiento de la articulación durante unas semanas.

El tratamiento en esta fase aguda se basa en evitar movimientos de la articulación, tomar antiinflamatorios, aplicar frío local y, en algunos casos, infiltraciones con corticoesteroides. Una ecografía o una resonancia nuclear magnética ayudarán después a conocer el alcance de la lesión.

La artroscopia: la solución a las recidivas

Es posible que después de una primera luxación se originen otras por movimientos menos bruscos o golpes de menor intensidad, máxime si la rotura de ligamentos y músculos de contención del hombro ha sido extensa o no se ha recuperado de manera efectiva. Cuantas más luxaciones se sufran, más fácil será que se repitan y por gestos más simples. De la misma manera, se reducirán mejor y con menos dolor, aunque si se diagnostican antes de los 18 años, la posibilidad de que deriven en una inestabilidad crónica con constantes recidivas es del 95%. Cuando esto sucede, el tratamiento será quirúrgico.

La técnica artroscópica es la más utilizada, ya que los resultados son mejores que con la cirugía clásica (abierta) y es mínimanente invasiva. Sólo se precisan dos pequeños orificios para introducir la cámara y el instrumental para reconstruir el tejido. Además, provoca menos sangrado y dolor postoperatorio, menos tasa de infección, menos adherencias y rigidez articular, menor tiempo de hospitalización y la recuperación y la vuelta a las actividades de la vida diaria son más rápidas.

LA SALUD DEL HOMBRO

Prevenir lesiones o sus recidivas. Ésta es, según los especialistas en fisioterapia, la clave para salvaguardar la salud de los hombros. Hay programas sencillos de ejercicios que ayudan a robustecer músculos, tendones y ligamentos que sostienen esta articulación. Para estabilizarla y minimizar las lesiones, se recomienda:

  • Antes y después de practicar cualquier ejercicio físico, realizar estiramientos y seguir un programa de ejercicios de calentamiento muscular.
  • Conviene practicar una actividad física nueva de forma gradual, tanto en tiempo como en esfuerzo. Si se practica culturismo, hay que evitar el exceso de peso, ya que hay más posibilidades de lesionarse el hombro.
  • Al menor dolor o trastorno en la movilidad, conviene adoptar una actitud conservadora, hacer reposo y/o acudir al especialista, antes de que se convierta en una lesión seria.
  • Elegir un equipo deportivo idóneo para la actividad escogida, sobre todo en el caso de deportistas de alto nivel, puesto que afectará al rendimiento.



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