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Infección por clamidias

Esta bacteria provoca la enfermedad de transmisión sexual más extendida en todo el mundo

Imagen: James Lee

A menudo, los síntomas de la clamidiasis pasan casi desapercibidos. Sin embargo, si no se detectan a tiempo, sus consecuencias pueden ser graves: dolor crónico y problemas de fertilidad en ambos sexos, entre otras. A pesar de que afecta con mayor frecuencia a las mujeres, los hombres no están exentos de infectarse. El uso del preservativo como barerra para evitarla y someterse a controles periódicos para frenar su desarrollo es fundamental. Una vez detectada mediante un simple análisis, es muy fácil tratarla y curarla con la administración de antibióticos que, además, disminuyen el riesgo de padecer enfermedad inflamatoria pélvica, principal complicación de la clamidia, en un 80% de los casos.

Cada año se detectan cerca de un millón de casos de infección por clamidia, aunque el Centro de Prevención y Control de Enfermedades estadounidense (CDC) estima que la cifra real de afectados podría ser de 2,5 millones de mujeres. Esta enfermedad no es crónica y dispone de un tratamiento simple: la administración de antibióticos. El problema estriba en que, en su mayoría, el diagnóstico tardío conlleva el desarrollo de complicaciones.

Las clamidias son unas bacterias de las que se conocen tres especies. La "Chlamydia trachomatis" origina enfermedades de transmisión sexual, aunque en algunos países en desarrollo causa tracoma, una conjuntivitis crónica responsable del 15% de los casos de ceguera en el mundo. Las otras dos especies son "Chlamydia pneumoniae" y "Chlamydia pssittaci", que afectan al aparato respiratorio y provocan neumonías.

Detección más frecuente

La mujer afectada sufre molestias al orinar y durante las relaciones sexuales, con secreción o sangrado vaginal

Un estudio publicado en la revista "British Medical Journal" concluye que las mujeres deberían someterse a un análisis para la detección de una posible infección por clamidia de forma periódica y con mayor frecuencia. El grupo de investigadores de la Universidad de Londres, dirigidos por la profesora Pippa Oakeshott, afirma que un análisis anual es insuficiente para frenar la expansión de la enfermedad y que las mujeres deberían realizarse una prueba cada vez que cambien de pareja sexual.

Para el estudio, se realizaron dos análisis, con un intervalo de 12 meses, entre 2.500 estudiantes de 16 a 27 años procedentes de 20 centros ingleses. El objetivo era comprobar el aumento en el número de casos de clamidia en las mismas personas al cabo de un año. En el primer análisis, se tomó una muestra del cuello uterino, mientras que en el segundo se realizó una prueba para detectar la enfermedad pélvica, principal complicación de la clamidia. A menudo, esta patología causa dolor crónico y aumenta el riesgo de sufrir un mal anidamiento durante el embarazo (modo en que se coloca el óvulo ya fecundado) e infertilidad.

Un 5% de las mujeres dieron positivo en el análisis para clamidia al inicio del estudio. Un dato curioso es que la mayoría de los casos de enfermedad inflamatoria pélvica fueron mujeres que habían dado negativo 12 meses antes. Este hecho recalca la importancia de realizar controles más frecuentes. Además, el tratamiento con antibióticos para la infección disminuye el riesgo de padecer la enfermedad pélvica en un 80% de los casos, de modo que la realización de controles periódicos es crucial para un diagnóstico precoz y para evitar las posibles complicaciones de manera sencilla.

Por otro lado, los investigadores explican que posiblemente esta bacteria no sea el único microorganismo culpable de inflamación pélvica y sugieren que se tenga en cuenta la inclusión en los análisis de otros patógenos, como el gonococo. También abogan por facilitar a la población más joven el acceso a pruebas de detección de éstas u otras enfermedades, puesto que una manera adecuada de combatir las enfermedades de transmisión sexual es la correcta concienciación de la población. Proponen realizar programas de detección en asociaciones, escuelas y universidades.

Síntomas sospechosos

Uno de los principales problemas del contagio por este microorganismo es su escasa sintomatología, un hecho que dificulta el diagnóstico de la enfermedad y el retraso en el inicio del tratamiento. A pesar de todo, diversos síntomas, comunes a otras patologías, llevan a sospechar una posible infección. En la mujer, se sienten molestias al orinar y durante las relaciones sexuales, se detecta alguna secreción y/o sangrado vaginal. El motivo es la inflamación del cuello del útero, que puede extenderse hacia las trompas de Falopio.

Los síntomas en el hombre se repiten: dolor al orinar y posibilidad de secreciones uretrales con aspecto mucoso. Si la inflamación persiste, puede afectar a los testículos y desarrollar, a largo plazo, problemas de esterilidad. En relaciones anales y de sexo oral, la inflamación puede afectar al recto y generar diarrea, sangrado y dolor al defecar, además de molestias en la garganta. Incluso, en un porcentaje muy bajo, puede derivar en artritis con lesiones en piel e inflamación ocular y uretra, conocido como síndrome de Reiter.

Por último, si el patógeno se transmite durante el parto, el recién nacido tiene riesgo de sufrir conjuntivitis durante las primeras semanas de vida, junto con la posibilidad de padecer también alguna inflamación respiratoria durante los primeros meses.

INFECCIÓN SILENTE E INFERTILIDAD

Imagen: Wikimedia

El hecho de que los síntomas sean poco frecuentes dificulta el diagnóstico prematuro y facilita el desarrollo de clamidiasis. Si desde el cuello uterino la bacteria avanza hacia las trompas, origina un cuadro caracterizado por dolor en abdomen y fiebre, conocido como enfermedad inflamatoria pélvica. En algunos casos, origina cicatrices que conllevan problemas de esterilidad o embarazos ectópicos. De la misma manera, si la infección alcanza la matriz, puede provocar partos prematuros y bajo peso de los recién nacidos. La detección de clamidias es sencilla, por lo que se recomiendan los controles frecuentes. Otra medida de seguridad es el uso de preservativos, ya que ayudan a prevenir la transmisión de la mayoría de las enfermedades venéreas.




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