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Apartamentos tutelados para mayores

Como complejos residenciales o edificios de viviendas, están pensados para personas autónomas a las que se ofrece servicios de atención médica y seguridad

Imagen: OlgaFigurska

Aproximadamente el 18% de la población española es mayor de 65 años, muchos con un grado suficiente de autonomía y que no requieren el ingreso en una residencia, pero sí cierta atención médica. Ante esta realidad, surgieron a principios de los años ochenta los apartamentos tutelados para mayores, viviendas de una plaza, dos o tres, que pueden adquirirse (generalmente a través de la oferta privada) o bien alquilarse (en su mayoría, de gestión pública). Una vez que se alquilan, los usuarios deben abonar una cuota mensual que incluya determinados servicios de limpieza, seguridad y atención médica. Los requisitos para acceder a uno de estos apartamentos son, entre otros, carecer de alojamiento estable o estar en situación de riesgo que impida a una persona vivir sola.

Diferentes modelos de pisos

Los apartamentos tutelados son las viviendas destinadas a personas mayores con un grado suficiente de autonomía personal. En la actualidad, se configuran como pequeñas unidades de alojamiento o convivencia, pese a que en un principio surgieron como complejos urbanísticos. Lo habitual es que estén supervisados por una entidad de servicios sociales, tanto de carácter público como privado, que se encarga de atender las necesidades de sus inquilinos. El objetivo es que las personas que los habitan permanezcan en su entorno habitual, mientras se valgan por sí mismas, y que puedan adquirirlos tanto en propiedad como en régimen de alquiler. En este último caso, los apartamentos tutelados están pensados para alojar a personas con dificultades económicas, familiares o sociales, que abonan una tarifa periódica, en función de sus posibilidades, para sufragar los gastos de alojamiento, tutela, supervisión, seguridad, mantenimiento de zonas comunes e información. Además, quien lo desee puede pagar otro tipo de servicios complementarios, que son ofertados por la entidad gestora e incluyen el servicio de comedor, lavado de ropa, atención sanitaria, limpieza de zonas privadas o gimnasio. Por todo ello, suponen una alternativa interesante al ingreso en las residencias, que ofrece prácticamente las mismas ventajas que éstas en cuanto a seguridad y atención médica.

El fin principal de estas construcciones es proporcionar alojamiento y supervisión a las personas mayores que carecen de vivienda o que habitan en pisos cuyas condiciones no son adecuadas.

El fin principal de estas construcciones es proporcionar alojamiento y supervisión a las personas mayores que carecen de vivienda o que habitan en pisos cuyas condiciones no son adecuadas

También se persigue facilitar el desarrollo de una vida autónoma el mayor tiempo posible y evitar la institucionalización de las personas mayores. En cuanto a la capacidad de estos apartamentos, pueden ser individuales, dobles o, incluso, triples, y pueden estar compartidos por matrimonios, amigos o parejas con un hijo mayor o dependiente. Algunas normativas, como la aprobada por el Gobierno vasco el pasado mes de octubre (Decreto de segunda modificación del Decreto 41/98 sobre Servicios Residenciales para la Tercera Edad), establecen la superficie mínima de estas viviendas en 25 metros cuadrados, en el caso de los apartamentos individuales, y en 35 metros cuadrados, en el caso de los dobles. Respecto a las superficies máximas, obliga a que los apartamentos individuales no cuenten con más de 34 metros cuadrados, mientras que los apartamentos dobles no pueden superar los 50 metros cuadrados. Para el presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), Isidoro Ruipérez, los apartamentos tutelados cuentan con una "filosofía buena", ya que, según explica, "tienen infinitamente más ventajas que inconvenientes". "Los apartamentos tutelados o asistidos cuentan con servicios más personalizados que las residencias y, en ellos, la persona mayor es más autónoma. Es lo que más se parece a vivir en el propio domicilio, disminuyendo el riesgo de vivir con problemas", subraya.

Además de edificios con viviendas tuteladas o complejos residenciales que siguen este criterio y que están ubicados principalmente en la costa, ocupados por personas extranjeras, existe otra alternativa como la puesta en marcha por el Grupo Amma en Valladolid. En esta ciudad, la empresa cuenta con un total de 102 plazas en medio centenar de apartamentos tutelados, anexos a un centro gerontológico. Desde el Grupo Amma, Jon San Julián, explica que, de esta manera, "los residentes de los apartamentos se benefician de todos los servicios que tiene el centro, es decir, atención médica y de enfermería 24 horas, terapias o servicios hosteleros. Ellos pagan la cuota y tienen derecho a un apartamento, servicios de limpieza, sistemas de seguridad con timbres para avisar de cualquier urgencia o alarmas. Tienen unos servicios que están incluidos en la tarifa mensual y, además, pueden contratar otros servicios que ofrece el edificio anexo".

Desde Cáritas diocesana de Barcelona también cuentan con una experiencia pionera que se desarrolla en el Casco Antiguo de la ciudad: las Unidades de Convivencia Sant Camil. Se trata de una iniciativa para "adaptar los recursos a las necesidades y no al revés", señalan desde la entidad. Estas unidades de convivencia están ubicadas en dos pisos habitados por un total de 14 personas mayores de 65 años, "que viven con independencia y compartiendo a su vez tareas y servicios básicos como ir a la compra, cocinar, usar los electrodomésticos y compartir veladas entorno a una mesa, si así lo desean". Para hacer más amable la estancia, las paredes de ambos pisos están decoradas con colores vivos y alegres, y cada residente cuenta con una habitación individual, aunque el resto de espacios son comunes. "Ninguna de las personas que viven en estas unidades tenía vivienda propia y, afortunadamente, su estado de salud les sigue permitiendo disfrutar de una vida autónoma. Las unidades de convivencia se han adaptado a estas características de independencia y autonomía", recuerdan desde Cáritas, donde se considera que lo fundamental es ayudar a crear vínculos que favorezcan la convivencia, a la vez que se facilita un domicilio a aquellas personas con pensiones más bajas que no pueden permitirse una vivienda propia. "Las personas que viven en estos pisos tutelados son perceptores de pensiones mínimas, con poca o ninguna red familiar, cuya aportación suele estar en torno a los 145 euros mensuales. Todos ellos comparten las tareas, que realizan en solitario o con el apoyo de un educador social o un trabajador familiar", apunta una responsable de Cáritas diocesana de Barcelona.

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