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Luis Ayala, profesor de Economía Aplicada y uno de los autores del VI Informe FOESSA

"Algo falla cuando después de un período prolongado de crecimiento económico las cifras de pobreza apenas han cambiado"

 

El VI Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España revela pocos datos positivos. A pesar del crecimiento económico sostenido experimentado entre 1994 y 2007, las tasas de pobreza se han mantenido inamovibles en este periodo. La tercera edad, los niños, las mujeres, las personas desempleadas y los inmigrantes son, una vez más, los grupos más vulnerables. La historia se repite e, incluso, empeora. Ahora se habla también de pobreza transitoria y excluidos con dinero. Se rompen los tópicos. ¿Hay solución? "Los países con mayor nivel de gasto social son los países con menor desigualdad y pobreza", asevera Luis Ayala, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos y uno de los autores del VI Informe FOESSA.

El VI Informe FOESSA constata que los niveles de pobreza y exclusión en España no han variado en los últimos diez años a pesar del proceso de crecimiento económico que se ha registrado. La pobreza severa afecta desde hace tiempo a entre un 3% y un 4 % de la población. ¿Se puede pensar que algo falla en la redistribución de la riqueza para que se mantengan estas cifras?

Sí. La pobreza está muy ligada a la distribución de los recursos económicos, con lo cual, algo falla cuando después de un período prolongado de crecimiento de la economía y, sobre todo del empleo, las cifras de pobreza moderada y severa apenas han cambiado. En mi opinión, los que fallan son los canales que deberían haber traducido esa mejora de las rentas en una igualdad mayor.

"La desigualdad no ha aumentado, sino que se ha quebrado una tendencia de reducción continuada"

Es decir, estamos en una situación de desigualdad. De hecho, se estima que las rentas de los hogares ubicados entre el 80% de la población más rica española son 5,3 veces superiores a las del 20% más pobre.

Hay que hablar de una mezcla de circunstancias que ha dado lugar a un truncamiento del proceso de reducción de la desigualdad. Esto es, la desigualdad no ha aumentado, sino que se ha quebrado una tendencia de reducción continuada desde los años 70 u 80, aproximadamente. Las causas más importantes de esta situación son los cambios que se han producido en el mercado de trabajo, ya que buena parte del empleo generado ha sido temporal e inestable y los salarios han crecido muy poco. Por otro lado, una clave fundamental para explicar lo que ha pasado es también la gestión de las políticas sociales, que han sido mucho menos expansivas que en etapas anteriores.

¿Un indicio de la crisis económica que se avecinaba?

Los resultados dan algunas pistas de que podía ocurrir lo que está pasando estos días en términos de desigualdad, pero nuestro informe no considera el último año y medio, sino que ha coincidido con una etapa de crecimiento económico que se ha cerrado muy bruscamente. Si en un período de crecimiento económico tan intenso no hemos conseguido reducir la desigualdad, lógicamente, cuando cambian las condiciones y cada vez es más difícil acceder a un empleo para muchas familias, que además están hipotecadas, es lógico que los problemas se agudicen.

"No sabemos qué pasará en el futuro más inmediato, aunque algunos datos nos hacen ver que realmente habrá problemas serios"

¿Es previsible entonces que el próximo informe FOESSA tenga unos datos más alarmantes?

Estos informes se centran en períodos muy amplios, de unos 15 años, por lo que no sabemos qué pasará en el futuro más inmediato, aunque algunos datos nos hacen ver que realmente habrá problemas serios. Hay una variable muy importante para conocer qué va a ocurrir: la tasa de paro de los sustentadores principales de la familia. Este factor es más importante que la tasa de paro del conjunto de la sociedad. Basta fijarse en este último dato. En un año, desde el tercer trimestre de 2007 al tercer trimestre de 2008, la tasa de paro de los cabeza de familia pasó de un 6% a un 8,7%, un crecimiento muy grande.

Hace varios días Cáritas avanzó un aumento superior al 40% en las demandas de ayudas de emergencia que ha recibido en toda España y aseguró que para finales de año la cifra ascenderá al 50%. Estas ayudas se solicitan para gastos de vivienda, alimentos, ropa, calzado, educación, transporte y gastos sanitarios.¿Cuándo se solicitan bienes de primera necesidad hablamos de familias en riesgo de pobreza o de una verdadera situación de pobreza?

Éste es un tipo de demanda cuya mayor singularidad se encuentra en que, quien lo solicita, es gente "muy normal". Son personas socialmente integradas, que tienen unas dificultades financieras que no habían conocido durante bastante tiempo. Son personas que han estado durante mucho tiempo en la frontera de la pobreza, entrando y saliendo. La pobreza en España es muy dinámica, muy recurrente, debido a que hay gente que sobrevive con un empleo relativamente precario, inestable, lo pierde, vuelve a otro... Y en un momento de estancamiento de la actividad económica, se produce un acceso más limitado al mercado de trabajo y las familias, en muchos casos con niños, entran en situación de pobreza.

"Hay una mayoría de familias que perciben rentas muy cercanas a los umbrales de pobreza"

De hecho, el propio Informe FOESSA destaca el redescubrimiento de la pobreza infantil, con una de las tasas más altas de la Unión Europea: uno de cada cuatro niños vive con rentas por debajo del umbral de pobreza. ¿Por qué se ha producido ese distanciamiento de la UE?

Hay dos factores muy claros. En primer lugar, el bienestar de los niños depende de la situación económica de los padres y hay una mayoría de familias que perciben rentas muy cercanas a los umbrales de pobreza. Por lo tanto, el primer factor relevante es la dificultad para que el empleo se traduzca en un nivel suficiente de rentas. En segundo lugar, a la hora de evaluar los factores que nos diferencian de otros países europeos hay un hecho diferencial: el bajísimo nivel que tienen las prestaciones familiares en el caso español. Esto ya lo sabíamos al hacer el informe, pero no teníamos un conocimiento tan claro de que este hecho diferencial explicase una tasa tan alta.

Habla continuamente de pobreza y empleo. ¿No se puede superar una sin resolver el otro?

Desde luego, si algo influye en la renta de los hogares es su participación en el mercado de trabajo y, ahí, hay mucho camino por recorrer. Hace falta una regulación que proteja más los trabajos, crear empleos estables y mantener una ecuación muy básica que defiende que los países con mayor nivel de gasto social son los países con menor desigualdad y pobreza. Eso es así. No quiere decir que todo el gasto se redistribuya, pero sí que los países que más gastan en servicios y prestaciones sociales tienen menores niveles de desigualdad y pobreza. El caso español es muy llamativo en este sentido, porque nuestro nivel de gasto social es más bajo que el de la Unión Europea y ahora mismo existe una tendencia a la baja. Estamos a un nivel muy por debajo de lo que deberíamos estar de acuerdo a nuestro PIB.

¿Cómo influye esto en la situación de las personas mayores e inmigrantes? En los últimos años, ha aumentado la preocupación por ambos grupos, ya que el primero tiene más riesgo de caer en una situación de pobreza, mientras que el segundo ha recuperado formas de pobreza que parecían controladas.

Hay muchos flancos abiertos. En el caso de las personas mayores, el problema está bien diagnosticado si sólo nos fijamos en sus recursos económicos, en sus ingresos. Hay un problema de adecuación de las prestaciones. Habría que mejorar el nivel de las prestaciones sociales para mejorar la situación de las personas mayores.

En el caso de los inmigrantes, el problema es mucho más complejo porque se cruzan factores culturales, familiares y demográficos. No obstante, hay una serie de elementos sobre los que sí se puede actuar. Se pueden garantizar trabajos más dignos, un acceso más completo a los derechos sociales e intentar pequeñas cosas. Por ejemplo, una de las fuentes de "desahorro" de la población inmigrante son las remesas. Simplemente, buscando estrategias que rebajen los costes de las transferencias, se avanzaría algo. Seria un peldaño pequeño, pero la suma de varios peldaños puede hacer que la situación mejore notablemente.

"Los países con mayor nivel de gasto social son los países con menor desigualdad y pobreza"

En lo que respecta a las familias, en general, el endeudamiento ha crecido debido al aumento de las hipotecas, del paro y de los precios de productos alimentarios. Se habla incluso de excluidos con dinero. ¿Son estos los factores que determinan la entrada o salida de las bolsas de pobreza?

Éste es un aspecto que hemos estudiado con detalle. Una de las cuestiones que más nos preocupa es saber por qué en un momento dado una familia entra o sale de una situación de pobreza. En este sentido, creemos que el factor que mejor explica esto es el mercado de trabajo. Los niveles de desigualdad y pobreza en nuestro país son mucho más sensibles al mercado de trabajo cuando va mal, que cuando va bien. El empleo no se traduce directamente en reducción de desigualdad y pobreza, pero el desempleo sí. Este factor explica las transiciones, sobre todo, en hogares de cualificación media o baja con cargas familiares y que están por encima o justo por debajo del umbral de pobreza.

Ayer se clausuró en Madrid el Congreso sobre Exclusión y Desarrollo Social en España, en el que han participado más de 200 expertos, entre ellos usted. En su intervención, advirtió sobre la "emergencia de nuevos riesgos y la transformación de otros". ¿Podría concretar cuáles son estos riesgos?

Estos riesgos tienen que ver, sobre todo, con una caracterización que se hacía en informes anteriores y que planteaba una dicotomía entre nuevos y viejos pobres. Con el paso del tiempo, se ha demostrado que esa dicotomía es poco útil. Como viejos pobres se caracterizaban las familias numerosas, las personas mayores y las personas que viven en un entorno rural. Gracias al sistema de transferencias, parecía que todas ellas iban corrigiendo esa situación. Sin embargo, algunos de esos riesgos han cambiado, lo que parecía que estaba controlado no lo está tanto. Por otro lado, han emergido otros riesgos como la inmigración, las familias monoparentales o las nuevas necesidades en los ámbitos rurales, de las que a menudo nos olvidamos. Son muchas realidades para las que no tenemos una respuesta eficaz por parte de las políticas sociales.

"Sin una inversión mayor de recursos es muy difícil que cambie la situación de pobreza en España"

En este marco, ¿a qué conclusión se ha llegado en el congreso? ¿Han sido optimistas los participantes respecto al fin de la pobreza?

El fin de la pobreza es un objetivo muy complejo, muy complicado. El contexto actual nos hace ser relativamente pesimistas, pero lo cierto es que hay países que han evolucionado peor que España en cuanto a crecimiento económico y, sin embargo, han mejorado sus cifras de pobreza, en algunos casos espectacularmente, como el Reino Unido en materia de pobreza infantil. Cuando hay un compromiso público y es aceptado por los ciudadanos, cuando se ponen recursos encima de la mesa, hay situaciones que se pueden mejorar. Pero sin una inversión mayor de recursos es muy difícil que cambie la situación. Se necesita otro tipo de actitud política, de cambio social. Creemos que nuestra sociedad es mucho menos madura en temas de solidaridad y sacrificio que otras sociedades, porque con mayor gasto se reduciría la desigualdad y la pobreza, pero mayor gasto significa mayores impuestos, mayores costes para los ciudadanos y, sinceramente, tenemos dudas de que en el actual contexto haya ese deseo generalizado de mejora de los derechos sociales.


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