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Los tiempos muertos de espera en los viajes

La espera en estaciones, terminales y aeropuertos puede duplicar el tiempo total que se invierte en realizar un viaje

  • Autor: Por LAURA CAORSI
  • Última actualización: 19 de diciembre de 2008

Tiempos muertos

Imagen: Andy

Nadie duda de que los viajes comienzan en el momento en que se hace la maleta en casa. Escoger la ropa y los enseres personales implica pensar en la travesía y en todas aquellas cosas que podrían necesitarse en el lugar adonde se va. Lo que casi nadie contempla, en cambio, es que los tiempos de espera en aeropuertos, estaciones de trenes y terminales de autobuses son también parte del viaje: un paréntesis inevitable y engorroso que, en ocasiones, puede durar más tiempo que el propio desplazamiento y que, además, puede costar muy caro. Porque los momentos de espera al viajar -ya sea en un andén, una terminal aérea o durante las travesías de los autobuses de largo recorrido- están orientados al consumo. Y el aburrimiento, cuando se suma a una amplia oferta comercial, es un pasaporte al gasto innecesario.

Los "tiempos muertos" de un viaje varían en función del medio de transporte, la ruta que se elija y el momento del año. Algunas fechas, como las vacaciones de Navidad, son especialmente complicadas por la gran cantidad de personas que se desplazan de un sitio a otro. Las colas se alargan, los espacios rinden menos y hay que armarse de paciencia. Las rutas también inciden en esos tiempos, pues no es lo mismo un vuelo doméstico que un viaje al extranjero con escalas. Y en cuanto al medio de transporte, también hay variaciones. De arranque, para los trenes y autobuses hay que presentarse en la estación treinta minutos antes de la hora de salida. En el caso de los aviones, AENA aconseja estar en el aeropuerto con 45 minutos de antelación como mínimo, aunque aclara que ese margen puede ser mayor según cada compañía. En la práctica, todas las empresas recomiendan presentarse en el mostrador de facturación entre una y dos horas antes de la salida del vuelo.

En cualquier trayecto de largo recorrido las esperas intermedias suponen el 15% del viaje

Esto significa que, para coger un vuelo, un tren o un autobús que sale a las ocho de la mañana, es imprescindible estar en la terminal entre las seis y las siete y media de la mañana, dependiendo del transporte escogido. El lapso puede aumentar si, por ejemplo, el pasajero tiene dificultades de movilidad, lleva mucho equipaje, viaja en familia o en grupo, va en compañía de niños y ancianos o debe hacer papeleo previo. Visto así, estar dos horas antes en un aeropuerto no parece, en principio, excesivo; sobre todo teniendo en cuenta que hay que facturar el equipaje y pasar fuertes controles de seguridad. No obstante, cuando se comparan los tiempos de espera con los del desplazamiento real, la situación se percibe de manera distinta. Para un vuelo de dos horas, se pasa tanto tiempo en el aeropuerto como en el avión. Para uno de cuatro, la espera supone la tercera parte del viaje. Y para un simple vuelo doméstico de una hora "como la mayoría de los que conectan a los aeropuertos de la península con Madrid-, el pasajero esperará en tierra el doble de tiempo del que estará volando.

Esto es sólo el principio, ya que en el caso de los vuelos con escalas, cada parada se "traga" buena parte del viaje. Los aterrizajes intermedios no siempre coinciden bien con los siguientes despegues, de modo que es perfectamente posible (y hasta habitual) tener que esperar tres, cuatro o cinco horas en un aeropuerto cualquiera antes de reanudar la travesía y llegar por fin al destino. En el caso de los autobuses pasa algo similar. Si bien sólo se exige estar media hora antes de la salida, hay paradas obligatorias de descanso que no se pueden obviar, porque están regidas por ley. Según indica el Ministerio de Fomento, tras un periodo de cuatro horas y media de viaje, el conductor debe hacer una pausa ininterrumpida de 45 minutos, o dos paradas de quince y treinta minutos cada una. La normativa responde a la seguridad y tiene como objetivo evitar accidentes de tráfico por cansancio pero, en tiempo, se puede traducir de otro modo: en cualquier trayecto de largo recorrido (y sin contar la antelación con la que hay que presentarse), las esperas intermedias suponen el 15% del viaje.

SAN SEBASTIÁN-CÁDIZ: UN EJEMPLO PRÁCTICO

Dejando a un lado las circunstancias imprevistas o adversas (como el clima, un atasco en la autopista o problemas en las vías del tren), son muchos los factores que determinan esos paréntesis tediosos. Y su combinación, que es casi infinita, impide establecer de manera taxativa cuánto tiempo se pierde con ellos. No obstante, está claro que la espera forma parte del viaje, y un buen modo de cuantificarla es comparar alternativas para desplazarse entre dos puntos invariables. Aunque suene a matemáticas, es un cálculo sencillo. Lo primero es elegir dos ciudades. Por ejemplo, San Sebastián y Cádiz, que están separadas por 1.050 kilómetros. El viaje en coche -respetando las leyes de tráfico y turnándose entre los conductores- se suele hacer en once horas y media.

El autobús que las comunica parte a las 19.25 y llega a las 11.15 del día siguiente. Son casi dieciséis horas de viaje con sus paradas obligatorias, más los treinta minutos previos. Total: cinco horas de espera. Durante el 30% del viaje, el pasajero estará quieto. El tren sale a las 8.32 y llega a Madrid a las 13.53, donde hay que hacer trasbordo a otro convoy que parte a las 16.20 y llega a Cádiz a las 21.37. Son trece horas de viaje, más los treinta minutos de antelación y los otros treinta que se pierden en Madrid. Es decir, una hora de espera, a los que se suman varios minutos al detenerse en cada estación intermedia. El avión, que es el medio más rápido de todos, puede ser también el más engorroso. No sólo no hay vuelos directos, sino que los mismos llegan a Sevilla, donde hay que continuar el viaje en otro medio de transporte hasta Cádiz. Parte a las 9.05 de San Sebastián y llega a las 10.00 a Madrid. El siguiente vuelo despega a las 11.50 y llega a Sevilla una hora después. El tren desde allí hasta el destino tarda dos horas. En este caso, aunque se demora entre seis horas y media y siete en llegar, la mayor parte del tiempo el pasajero estará esperando. Para dos horas de vuelo y dos de tren, hacen falta otras dos en el aeropuerto de salida, dos en Barajas, media hora en la estación de tren sevillana y, por supuesto, el desplazamiento hasta allí desde la terminal aérea. En términos absolutos es la vía más rápida, aunque, en relación, es la que hace perder más tiempo. El medio que menos hace esperar, en este caso, es el tren.

Trasbordos, esperas, relojes.. . Resumido de esta manera, el cálculo se asemeja más a la fórmula del estrés que a un simple problema matemático. Sin embargo, cuando se trata de viajar, si hay varias alternativas es recomendable planteárselas.

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