Protectores solares: el reto de cuidar la piel sin contaminar los océanos

Algunos filtros de los protectores solares causan diversos daños en los ecosistemas marinos. ¿Se puede proteger a la vez nuestra piel y el medio ambiente?
Por Carol López 1 de julio de 2026
protector solar contamina océano
Imagen: Anna Tarazevich
Más de 25.000 toneladas de trazas de protectores solares acaban cada año depositadas en los océanos. Algunos de los ingredientes presentes en estas fórmulas afectan a los arrecifes de coral y a otras formas de vida marina. Con el objetivo de proteger la biodiversidad, ciertos destinos turísticos han restringido el uso de determinados filtros químicos y la industria cosmética pone el foco en la investigación de fórmulas inocuas. ¿Serán los protectores solares seguros para el medio ambiente la nueva conquista verde?

El protector solar se ha convertido en compañero inseparable, no solo de viajes y escapadas, sino cada vez más del día a día de millones de personas. Los dermatólogos insisten en que es vital proteger la piel de la radiación ultravioleta, que provoca quemaduras que dañan el ADN celular y aumentan el riesgo de sufrir alergias y daños en nuestro sistema inmunitario. Además, su uso regular es una de las medidas más eficaces para prevenir el cáncer de piel, cuya incidencia ha aumentado en las últimas décadas. Pero cada aplicación va acompañada de una pregunta: ¿qué precio paga el medio ambiente con este gesto?

Los daños de los protectores solares en el océano

Los protectores solares están en el centro del debate entre la salud y la urgencia de preservar los ecosistemas marinos. Según Surfrider Foundation, organización internacional sin ánimo de lucro para la protección del litoral y el medio acuático, se estima que cada año pueden llegar a los ecosistemas acuáticos unas 25.000 toneladas de protectores solares en todo el mundo. Y la mayoría de estos productos liberan en el agua el 25 % sus activos químicos en tan solo 20 minutos.

Los filtros se desprenden de nuestro cuerpo al bañarnos o practicar actividades acuáticas. También se adhieren a la arena, y desde allí llegan al agua. “Sus trazas se detectan sobre todo en zonas costeras muy turísticas, lo que indica una presión contaminante asociada a la presencia humana”, indica Silvia Díaz Cruz, científica del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas).

Cuando los filtros solares llegan a ríos, mares y océanos, pueden desencadenar una cadena de efectos sobre la biodiversidad del entorno. Diversos estudios han observado en corales, moluscos, peces y crustáceos expuestos a estas sustancias signos de estrés oxidativo, daños celulares, alteraciones hormonales y problemas de reproducción y desarrollo. Conviene tener en cuenta que una parte importante de estos efectos se ha observado en estudios de laboratorio, a concentraciones superiores a las habituales en el medio natural.

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Esta contaminación no actúa sola, sino que se suma a otras presiones que ya sufren los ecosistemas marinos, como el aumento de la temperatura del agua, la acidificación de los océanos, los microplásticos o la sobrepesca. “Algunos filtros solares actúan como un factor de estrés acumulativo que merma la resiliencia de los océanos y transforma amenazas individuales en un colapso generalizado”, afirma Celia Ojeda, responsable del área de Biodiversidad de Greenpeace España.

pez enfermo nada de lado
Imagen: Pixabay

A ello se suma otro fenómeno preocupante: la bioacumulación, es decir, la capacidad de estas sustancias para acumularse en los tejidos de los organismos acuáticos. “Estos contaminantes presentes en peces, moluscos o especies de la cadena trófica pueden afectar a los humanos a través de la dieta”, advierte Silvia Díaz Cruz, aunque el alcance real de este fenómeno sigue en estudio.

¿Se puede proteger la piel y el entorno?

Entonces, ¿cómo podemos reducir el impacto ambiental de estos productos sin renunciar a la protección frente a la radiación ultravioleta? “Se debe optar por productos avalados por sellos independientes y oficiales, como la Ecoetiqueta Europea, que excluye los ingredientes y filtros UV más controvertidos”, recomienda Xavier Curto, coordinador de Surfrider España.

Los filtros minerales, como el óxido de zinc o el dióxido de titanio, suelen considerarse una alternativa más respetuosa con el medio ambiente que los filtros químicos. Aunque se consideran en general de menor preocupación ambiental, tampoco están exentos de impacto y su perfil depende del tamaño de partícula y de su formulación. Las nanopartículas, extremadamente pequeñas, pueden dispersarse con mayor facilidad en el agua. Por eso, algunos expertos recomiendan elegir filtros minerales con partículas “no nano”, de mayor tamaño y menor solubilidad. En el etiquetado, los ingredientes en formato nanoparticulado suelen identificarse con el término “nano” entre paréntesis.

⚠️ Filtros químicos controvertidos

Entre los filtros químicos, la oxibenzona (benzophenone-3) y el octinoxato (ethylhexyl methoxycinnamate) son los que más preocupación generan por su posible impacto sobre los ecosistemas acuáticos. Por ello, territorios como Hawái, Palaos, Guam y algunas zonas del Caribe han prohibido la venta o el uso de protectores solares que los contienen, para proteger entornos especialmente sensibles, como los arrecifes de coral.

La Unión Europea ha seguido una estrategia diferente. Aunque ha prohibido algunos filtros, como el 4-metilbencilideno alcanfor, y ha reducido las concentraciones máximas permitidas de otros, como el homosalato, el octocrileno o el etilhexil metoxicinamato, sustancias como la oxibenzona y el octinoxato siguen autorizadas dentro de límites considerados seguros para la salud humana. “Lo que cabría esperar es una alineación con el Pacto Verde Europeo, que implicaría revisar el Reglamento 1223/2009 y la Directiva Marco del Agua para avanzar hacia el objetivo de contaminación cero”, señala Curto.

Protectores solares: qué están haciendo los fabricantes

leer etiquetado de protectores solares
Imagen: eternalcreative / iStock

“La industria cosmética trabaja en el desarrollo de filtros UV y tecnologías con un menor impacto ambiental, que sean biodegradables, duren menos en el entorno y minimicen sus efectos sobre los ecosistemas acuáticos”, reconocen desde Stanpa, la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética. La entidad recuerda que el sector está sujeto a una estricta regulación europea y asegura que la sostenibilidad se incorpora a toda la cadena de producción, desde la selección de materias primas hasta el diseño y la gestión de los envases.

Sin embargo, algunos productos siguen utilizando términos como reef safe (seguro para los arrecifes) u ocean friendly (amigable con el océano), que carecen de una definición científica o una regulación internacional que los respalde, ya que no existe una definición oficial ni un estándar internacional que garantice que un producto sea completamente inocuo para los ecosistemas marinos. “Estos eslóganes presentan riesgo de greenwashing, ya que pueden hacer creer al consumidor que el producto no daña el océano cuando no existe una certificación independiente que lo garantice”, advierte Xavier Curto.

Ante esta situación, los expertos reclaman normas más claras. “Los científicos insistimos en la necesidad de desarrollar marcos regulatorios basados en la evidencia que tengan en cuenta tanto la eficacia del producto como su impacto real en los ecosistemas acuáticos”, indica Silvia Díaz Cruz. Mientras tanto, Curto considera que la industria debería adelantarse a futuros cambios normativos y retirar de sus fórmulas ingredientes cuya seguridad ambiental no esté demostrada.

Hacia una nueva cultura del sol

Actualmente se están desarrollando filtros solares biodegradables y otros inspirados en compuestos naturales, como un tipo de aminoácidos presentes en ciertas microalgas que absorben la radiación UV. También se están explorando la quercetina y la rutina, dos compuestos presentes en extractos herbales.

Otra línea es mejorar el tratamiento de aguas residuales, ya que una cantidad muy relevante de trazas de filtros solares llega al mar a través de las aguas residuales generadas por actividades domésticas”, señala Díaz Cruz.

La solución pasa por combinar regulación, prevención e innovación. Una medida razonable consistiría en mermar la carga ambiental de estos productos, priorizar los filtros más inocuos y concienciar a la ciudadanía para promover cambios de comportamiento que ayuden a limitar las emisiones al medio acuático.

Proteger nuestra salud y cuidar el planeta no pueden plantearse como objetivos incompatibles. El protector solar no es el único responsable de la crisis de los océanos, pero sí un factor de la ecuación, y hay que actuar con prudencia informada. “La verdadera conquista verde a la que podemos aspirar no es encontrar un protector solar 100 % inocuo, ya que la ciencia demuestra que cualquier sustancia química liberada en masa altera los medios acuáticos”, dice Xavier Curto.

El avance real reside en un cambio cultural y regulatorio. Que la ley obligue a eliminar los componentes tóxicos, que se erradique el greenwashing comercial y que la sociedad adopte una cultura del sol basada en una menor dependencia de los protectores solares”, concluye. En este contexto, los expertos coinciden en que la prioridad sigue siendo proteger la salud de la piel, reduciendo al mismo tiempo el impacto ambiental con decisiones informadas.

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