Cuando nos exponemos a su radiación ultravioleta, las células de la piel sufren daños tanto directos como indirectos que afectan a su ADN y que se acumulan con el tiempo. Como mecanismo de protección, los melanocitos comienzan a producir melanina, el pigmento responsable del bronceado. El resultado: desde la aparición de manchas en la piel y el deterioro de las proteínas que la forman (fotoenvejecimiento) hasta un mayor riesgo de cáncer de piel.
Esto quiere decir, como recuerda la dermatóloga especializada en estética Inés Escandell, que vernos más morenos o morenas supone que ya se ha producido un daño en las células de nuestra piel. Por este motivo, los expertos insisten desde hace años en que no existe un bronceado saludable, al menos no, si este es resultado de la exposición solar o del uso de cabinas de rayos ultravioleta. Ambos mecanismos implican radiación capaz de acelerar el envejecimiento cutáneo y aumentar el riesgo de cáncer de piel.
En este contexto, ¿qué pasa con los autobronceadores?
La principal diferencia entre los cosméticos autobronceadores y el bronceado natural es que los primeros no estimulan la producción de melanina ni requieren de exposición solar. Por lo tanto, a pesar de lograr oscurecer la piel, no dañan las células cutáneas y no suponen un riesgo para la salud. De ahí que, en palabras de Escandell, el autobronceador sea una forma segura de conseguir este efecto ‘dorado’: “La melanina que se forma con el bronceado y los pigmentos que se forman con el autobronceado son totalmente distintos”.
Como explica la dermatóloga Ana Molina, estos cosméticos incluyen una molécula, la dihidroxiacetona o DHA, que permite una reacción química en la superficie de la piel: oxida las proteínas presentes en la capa córnea (la más externa) y produce compuestos de color marrón, las melanoidinas, y con ello el efecto bronceado.
Lo que ocurre es comparable al motivo por el que una rebanada de pan o un puñado de patatas adquieren un tono dorado al tostar o freír, respectivamente: la reacción de Maillard. Como resultado, la piel adquiere una tonalidad más oscura durante varios días. “El resultado es una especie de ‘maquillaje’, aunque más duradero”, compara Molina. A medida que la piel se va descamando de forma natural, los pigmentos se van perdiendo.
Ojo: los autobronceadores no sustituyen a la crema solar
Según Molina, uno de los grandes mitos acerca de los productos autobronceadores es que estos protegen frente a la radiación solar: “La gente cree que verse la piel con un tono bronceado significa estar protegidos del sol, y para nada. Los autobronceadores per se no aportan protección frente al sol y no sustituyen en ningún caso al uso de fotoprotectores tópicos”. Su recomendación, por tanto, es utilizar fotoprotección siempre, también en caso de que se empleen autobronceadores.
“Algunos fotoprotectores ya incorporan dihidroxiacetona en su composición. Es decir, lo que podemos hacer es comprar un fotoprotector que, además, sea autobronceador y usar las dos cosas a la vez”, propone la experta.

¿Son seguros los autobronceadores?
Siempre que el empleo de autobronceadores no desplace la utilización de fotoprotectores, sí. “Son productos muy seguros y cuyo uso está regulado. La dihidroxiacetona se conoce desde hace mucho tiempo y se ha demostrado que es completamente segura, entre otras cosas, porque su absorción es muy escasa”, apunta Molina.
Pero, en caso de complicaciones cutáneas, la recomendación es evitar su uso, como añade la experta: “Obviamente, si tenemos alguna enfermedad en la piel, como una herida abierta, un eczema en el que la piel está irritada y con fisuras… En esas situaciones, mejor no utilizarlo, al igual que no usaríamos otros muchos cosméticos”.
¿Pueden usarlos embarazadas y niños?
Dado que los autobronceadores contienen más ingredientes más allá de la DHA, Escandell aconseja extremar las precauciones en determinados pacientes, como embarazadas o niños. Es cierto que en la actualidad no hay estudios que hayan demostrado efectos adversos en el feto por su uso durante la gestación, aunque tampoco existen estudios de alta calidad que prueben de forma definitiva que son completamente seguros en embarazadas.
En el caso de los bebés, dado que su piel es más permeable y sensible que la de los adultos, especialmente en los primeros meses de vida, se recomienda no aplicar cosméticos innecesarios incluidos los autobronceadores. “No necesitamos ponerle autobronceador a un niño: son productos que se usan por estética. Cuantos menos productos tópicos utilicen (a excepción de la fotoprotección), mejor”, reconoce Molina.
En cualquier caso, las dermatólogas subrayan que la situación idónea sería dejar de identificar el bronceado con belleza. “Una piel bronceada no tiene por qué ser una piel más bonita. De hecho, antiguamente el bronceado no se asociaba con atractivo o belleza, sino todo lo contrario. Por el momento, es cierto que la gente sigue buscando en Internet cómo broncearse para estar más guapa. En ese caso, por lo menos, hagámoslo con estrategias saludables”, concluye Molina.


