Lo que dicen los datos
Según el informe SOFIA 2026 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre el estado mundial de la pesca y la acuicultura, el 37,7 % de las poblaciones de peces del planeta está sobreexplotado. El porcentaje ha ido creciendo en los últimos informes (era del 35,4 % en 2025). Es decir, en más de un tercio de los caladeros del mundo se pesca por encima de lo que pueden regenerar de forma natural.
El mismo dosier también señala que allí donde existe una gestión pesquera eficaz las poblaciones se recuperan o se mantienen estables. Un ejemplo es el caso del atún: el 87 % de sus poblaciones evaluadas se pesca dentro de niveles sostenibles, frente al 13 % que está sobreexplotado.
El consumo, mientras tanto, no deja de crecer. El comercio mundial de productos acuáticos alcanzó un récord de 184.000 millones de dólares en 2024.
Con la demanda al alza y el estado de los caladeros desigual según la especie y la zona, el origen del pescado que se compra cada semana tiene un peso real. En España, esa preocupación se refleja también entre los consumidores: el 91 % de los compradores de pescado y marisco dice sentirse preocupado por el estado de los océanos, el 92 % confía en las ecoetiquetas y el 80 % considera que las afirmaciones de sostenibilidad de supermercados y marcas deberían estar avaladas por una organización independiente, según datos de Marine Stewardship Council (MSC).

Una pista: el Sello Azul
En ese sentido, el Sello Azul de MSC en una lata de atún, una bolsa de merluza congelada o una lata de sardina indica que ese pescado procede de una pesquería evaluada de manera independiente conforme al Estándar MSC de Pesquerías. Este estándar analiza tres aspectos: el estado de la población capturada, el impacto de la pesca sobre el ecosistema y la calidad de la gestión pesquera.
Todo producto con el sello pasa, además, por la Cadena de Custodia MSC, que verifica que el pescado desde el barco hasta el envase puede rastrearse; de este modo, la etiqueta corresponde con el contenido.
La especie y el método de pesca en la etiqueta
La normativa europea obliga a indicar en el envase la especie exacta, la zona de captura (FAO 27 para el Atlántico nororiental, por ejemplo) y si el pescado procede de captura salvaje o de acuicultura. Cuanta más información incluya sobre cómo se ha pescado, más fácil supone valorar su trazabilidad.
Y no es solo una cuestión de distancia, también de origen. Las conservas y congelados elaborados cerca de la zona de captura suelen tener cadenas de suministro más cortas y trazables, y sostienen un sector conservero español con siglos de historia, especialmente en Galicia, Cantabria y País Vasco.

Pescado sostenible en conserva o congelado
No hay un formato mejor que otro con carácter general. La sostenibilidad depende sobre todo de la pesquería de origen, no de si el pescado va en lata o en bolsa. Sí existen diferencias prácticas.
La conserva no necesita cadena de frío, aguanta meses en la despensa y resuelve una comida cuando no ha dado tiempo a hacer la compra. El Sello Azul de MSC identifica, de un vistazo, qué latas proceden de pesquerías certificadas como sostenibles.
El congelado mantiene bien las propiedades nutricionales del pescado (a menudo se ultracongela a bordo, pocas horas después de la captura) y permite cocinar solo la cantidad necesaria, lo que reduce el desperdicio, algo relevante cuando se cocina para uno o dos comensales. Un envase de langostinos, merluza o bacalao con el Sello Azul MSC identifica pescado que procede de una pesquería certificada y sometida a evaluación independiente, igual que el pescado fresco que lleva el mismo sello, y además está siempre disponible en el congelador.
Dos criterios para la compra semanal de pescado sostenible
Diversificar el tipo de pescado que se compra ayuda a repartir la presión sobre las especies más demandadas: alternar entre atún, merluza, sardina, mejillón o caballa a lo largo de la semana, en lugar de repetir siempre la misma, amplía las opciones sin renunciar a nada.
El formato también puede elegirse según el uso: la conserva para resolver una comida sin previsión, mientras que el congelado, para ajustar la ración exacta y evitar que sobre.
A esas dos decisiones se suma una tercera, la más directa: fijarse en el envase. Una certificación reconocida e independiente, como el Sello Azul de MSC para pesca salvaje (o el de Aquaculture Stewardship Council, ASC, si es acuicultura), junto con una etiqueta que indique la especie y la zona de pesca, ya puede encontrarse tanto en marcas reconocidas como en las de distribución en las principales cadenas donde se compra pescado y marisco en España.
Con esos tres criterios, escoger una lata u otra (o un congelado u otro) deja de depender del azar y pasa a apoyarse en información objetiva disponible en el propio envase.


