Habitualmente, la gestión de la pesca se enfoca en limitar las capturas, es decir, la cantidad de peces que se pueden pescar, o en regular el esfuerzo pesquero, definiendo el tipo y tamaño de los artes de pesca, el número de embarcaciones o las épocas de veda. También busca proteger a otras especies y hábitats sensibles, permitiendo su recuperación, así como controlar y combatir las prácticas pesqueras que no cumplen con las normas.
En definitiva, la gestión pesquera permite pasar de un modelo de explotación intensiva de los recursos que ofrece el medio marino a uno sostenible, garantizando que haya pescado para las generaciones actuales y futuras.
HCR: las mejoras que empezaron en el siglo XX
En este sentido, a finales del siglo pasado, la gestión pesquera comienza a incorporar las reglas de control de captura, o HCR (harvest control rules), que enseguida se convierten en una herramienta clave de la gestión moderna de la pesca.
Estas reglas de control de captura representan un plan de medidas acordadas de antemano por científicos, gestores y pescadores. Los planes establecen, de forma clara y automática, qué acciones se van poniendo en marcha en función de cambios en el estado de la población explotada.
Por ejemplo, si la abundancia del recurso se encuentra por encima de determinados puntos de referencia, esto permitirá unos niveles de capturas elevados. Si, por el contrario, la población disminuye a partir de ciertos niveles, se activan medidas para reducir la pesca o detenerla por completo, si se llega a puntos críticos.
Un aspecto característico de estas reglas es que no se deciden cada año sobre la marcha, sino que son fruto de una planificación previa y a largo plazo.

Los objetivos de las reglas de control de captura
¿Cuáles son sus objetivos principales? Básicamente, evitar la posibilidad de sobrepesca y reducir la incertidumbre de las negociaciones políticas.
En su ausencia, los gobiernos han de negociar cada año, entre ellos o con el sector pesquero, las cuotas de pesca. En dichas discusiones a menudo priman los intereses económicos a corto plazo sobre la salud del mar y sus recursos.
Con las reglas de control de captura, la decisión es automática y basada en los datos científicos más actualizados. Esto, además de garantizar la sostenibilidad del recurso, busca permitir que los pescadores puedan planificar su actividad a más largo plazo.
Los países pioneros en pesca sostenible
Históricamente, Islandia, Noruega y Nueva Zelanda son reconocidos como los primeros países en implementar políticas pesqueras formalmente basadas en estas reglas a finales de los años 80 y principios de los 90.
Y es que en 1980 se produce un hito fundamental en la Antártida, con la firma de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR). Esta organización regional de pesca fue la primera en aplicar un enfoque ecosistémico para la gestión pesquera. Estableció reglas de control captura que protegían no solo a las especies objetivo, como el kril, sino también a los animales que dependen de ellas como fuente de alimento, tales como ballenas, focas y pingüinos.
Un ejemplo de éxito de las reglas de control de captura
Un ejemplo reciente y muy cercano de éxito en la aplicación de las reglas de control de captura es el del bonito del norte en el océano Atlántico. Esta población comenzó a gestionarse a través de cuotas anuales en el año 2001.
Ya en 2017, con el apoyo decisivo de los gobiernos español y vasco, así como de las flotas que pescan bonito del norte en el Cantábrico, la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT) inició un proceso multilateral para evaluar, poner a prueba y adoptar diferentes estrategias de captura con el objetivo de gestionar la población de esta especie en el Atlántico norte.

En 2018, se adoptó la estrategia de captura candidata final. Incluía una regla de control de captura que ahora permite al sistema de gestión responder rápido a cualquier cambio en el estado de la población y garantizar así su sostenibilidad a largo plazo.
El resultado ha sido espectacular. Al eliminar la incertidumbre política y basar las decisiones en una regla acordada de antemano, se dejó aumentar las cuotas de pesca de forma segura. El total admisible de capturas (TAC), establecido en 47.251 toneladas para el periodo de 2024 a 2026, ha aumentado significativamente desde su nivel en 2010 de 28.000 toneladas, sin dejar de mantener un enfoque precautorio.
Datos científicos y respeto a los acuerdos
Eso sí, para que estas reglas funcionen de forma adecuada hacen falta dos cosas.
- Primero, se debe contar con unos buenos datos científicos, que permitan conocer con precisión la abundancia real del recurso.
- Además, todos los actores involucrados han de cumplir con las normas.
Si los pescadores no respetan los límites establecidos o los datos y modelos científicos yerran a la hora de reflejar fielmente la realidad, la regla no podrá cumplir su cometido.
Por eso, lo idóneo es diseñarlas con prudencia, incluyendo pequeños márgenes de error. Si está bien diseñado y se cumplen todos los requisitos, este sistema permite que el mar pueda siga dando vida y alimento durante generaciones. Al final, eso nos beneficia a todos: a las especies y ecosistemas marinos, a los pescadores y a los consumidores, que queremos seguir comiendo pescado de manera sostenible.


