Leche materna como entrenadora del sistema inmunitario del bebé

La leche materna combina nutrientes con compuestos bioactivos que intervienen en procesos clave para el bebé, desde la maduración del intestino hasta el desarrollo del sistema inmunitario
Por Adam Martín Skilton 16 de julio de 2026
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Ningún laboratorio ha conseguido copiarla por completo. Pese a décadas de investigación científica, la leche materna todavía esconde muchas incógnitas. Pero lo que sí se sabe es que estamos ante un fluido biológico vivo que cambia a lo largo del día, se adapta al crecimiento del bebé y, como veremos a continuación, contribuye al desarrollo de su sistema inmune y de su microbiota.

Protege de las infecciones

Una de las funciones más importantes de la leche materna es ayudar a proteger al recién nacido frente a las infecciones. Al nacer, su sistema inmunitario todavía es inmaduro, especialmente en barreras como el intestino y las vías respiratorias. En este contexto, la leche humana actúa como una especie de puente inmunológico entre la madre y el bebé. “Previene la aparición de algunas patologías respiratorias y digestivas”, resume Nadia García Lara, neonatóloga del Hospital 12 de Octubre y coordinadora del Banco Regional de Leche Materna de la Comunidad de Madrid.

Educa el sistema inmunitario

Pero la leche materna no solo protege, también contribuye a educar el sistema inmunitario del bebé. “Contiene compuestos bioactivos que actúan como entrenadores inmunológicos y aportan inmunoglobulinas que el recién nacido todavía no produce en cantidad suficiente”, explica la especialista. Las inmunoglobulinas son anticuerpos, es decir, proteínas capaces de reconocer y ayudar a neutralizar virus, bacterias y otros agentes potencialmente dañinos para el organismo.

Cambia según la salud del bebé

La salud del bebé y la composición de la leche materna se influyen mutuamente. Una revisión científica publicada en 2016 en Nutrición Hospitalaria planteó que la producción de anticuerpos puede aumentar cuando el lactante atraviesa una infección. Otra investigación de 2023 publicada en Nutrients observó que, cuando los niños padecen infecciones respiratorias, la leche presenta cambios en su composición celular, con una mayor presencia de determinados linfocitos y otras células inmunitarias.

Aunque los mecanismos no se conocen por completo, una de las hipótesis más aceptadas apunta a la propia lactancia como canal de comunicación: durante la succión, pequeñas cantidades de saliva del bebé entran en contacto con el pezón y el conducto mamario, lo que podría actuar como una señal biológica para el organismo materno. A partir de ahí, se producirían ajustes en la respuesta inmunitaria y en la composición de la leche. Se trata de un proceso todavía en estudio, pero que refuerza la idea de la lactancia como un sistema dinámico e interactivo.

Moldea su microbiota

La leche materna también contiene bacterias, hongos y bacteriófagos (virus que infectan bacterias) que ayudan a colonizar el intestino del bebé y moldear su microbiota. Este ecosistema de microorganismos desempeña un papel fundamental en la salud, ya que influye en procesos tan diversos como la digestión, el metabolismo o el funcionamiento del sistema inmunitario. “La leche materna ayuda a establecer una microbiota mucho más sana a largo plazo”, incide García Lara.

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Imagen: Jan Kopřiva

Regula el comportamiento alimentario

Pero sus efectos no terminan ahí. También parece participar en la regulación del comportamiento alimentario del lactante. “Existen estudios que vinculan la lactancia materna con la regulación de la saciedad y el apetito”, añade la neonatóloga. Aunque los mecanismos todavía se investigan, los estudios apuntan a que algunos de sus compuestos bioactivos podrían influir en la forma en que el bebé aprende a reconocer las señales de hambre y saciedad.

Salva la vida de bebés prematuros

Hay situaciones en las que su importancia resulta mucho más evidente: las unidades neonatales, donde ingresan los bebés prematuros. En estos niños y niñas, la leche materna no solo es un alimento, sino una herramienta terapéutica de primer orden.

“Los bebés prematuros tienen más riesgo de sufrir algunas patologías graves, como la enterocolitis”, advierte Vanessa Pleguezuelos, bióloga y responsable del Banco de Leche Materna de Cataluña. Esta enfermedad inflamatoria del intestino puede tener consecuencias muy graves e incluso poner en peligro la vida del bebé.

Nadia García Lara, coautora de un estudio publicado en 2018 en Anales de Pediatría sobre la importancia de la donación de leche materna en neonatología, lo resume así: “El principal beneficio que ha demostrado la leche materna donada es la prevención de la enterocolitis necrotizante”. Esta enfermedad afecta sobre todo a los bebés prematuros y provoca una inflamación grave del intestino que puede llegar a destruir parte del tejido intestinal. La práctica totalidad de la leche donada se destina a bebés prematuros. “Siempre necesitamos más, igual que ocurre con la sangre”, reconoce García Lara.

La leche materna no es solo alimento: es un fluido vivo, cambiante y extraordinariamente complejo, capaz de adaptarse al bebé y de participar en procesos clave para su desarrollo. La ciencia conoce cada vez mejor muchas de sus funciones, pero todavía no ha descifrado todos sus mecanismos. Precisamente por eso, y por su papel decisivo en los bebés más vulnerables, proteger la lactancia y apoyar los bancos de leche materna es una cuestión de salud pública.

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