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Montse Escruela, consultora de la ONU para el Programa Mundial de Alimentos

Un centro de nutrición en los países subdesarrollados funciona como un centro de formación para el personal local

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: viernes 24 octubre de 2008

Montse Escruela Cabrera, técnica especialista en dietética y diplomada en Dietética y Nutrición por la Universidad de Nancy (Francia), desarrolló su profesión en diferentes centros hospitalarios de Cataluña hasta que en 1999 emprendió su verdadera vocación, la cooperación internacional en el campo de la nutrición y la alimentación. Su primer destino fue Colombia con Acción contra el Hambre donde asegura que pasó el mejor año de su vida. Finalizado el proyecto, viajó a Guinea donde se enfrentó a otro problema nutricional: la desnutrición aguda en los campos de refugiados. De allí se trasladó a Angola, un país destruido por más de 30 años de guerra. En 2005 comenzó a trabajar como consultora para las Naciones Unidas dentro del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Su perfil de técnica experta le ha llevado a Costa de Marfil, Panamá, Guinea Bissau y Mauritania. En estos momentos, confía en viajar a Haití con UNICEF.

Nueve años trabajando en intervenciones humanitarias, primero como cooperante con Acción contra el Hambre y ahora como consultora de las Naciones Unidas. Cuando lee que el número de personas que padecen hambre sigue creciendo, ¿qué siente?

Si se analizan los resultados de manera global se llega al convencimiento de que falta mucho por hacer, e incluso, de que se hace poco. Pero si se reflexiona sobre una sola acción, si particularizas en personas -en mi caso en niños a los que se logra salvar la vida llevando adelante un plan de combate de la malnutrición- sientes que el trabajo que desempeñamos sí es importante.

Habla de malnutrición, no de hambre.

Son conceptos diferentes y es importante recalcarlo. En el campo de la desnutrición hay dos parámetros: la desnutrición crónica y la aguda. La primera es aquélla que provoca que regiones y pueblos sufran un retraso de crecimiento, es decir, la talla de los niños es pequeña respecto a su edad y es muy difícil de combatir puesto que sólo se puede evitar si se trabaja en los dos primeros años de vida. Su subsistencia no corre peligro pero su desarrollo sí.

Y la desnutrición aguda…

El segundo parámetro responde a un momento concreto de una sociedad concreta. Comienzan a producirse casos de desnutrición aguda moderada como consecuencia de pérdida de cosechas, catástrofes, conflictos, guerras o epidemias… y hay que evitar que la situación se agrave y degenere en una desnutrición aguda severa. En estos casos, el tiempo de actuación es clave. La ventaja es que si se trata de una causa circunstancial es posible que en tres meses la población infantil recupere un óptimo estado nutricional. Si nos enfrentamos a una prevalencia de la desnutrición aguda en la que la tasa de mortalidad es muy alta, lo primero que hay que hacer es evitar que mueran más niños. A partir de ahí, se trata de poner en marcha un programa nutricional.

¿Cómo son estos programas?

Para definirlos destacaría, en primer lugar, la necesidad de levantar un centro de nutrición de urgencia para contar con un espacio en el que tratar a los enfermos. Ese es el primer objetivo: bajar los índices de desnutrición, que muchas veces se traduce en salvar vidas. Pero junto a esa parte curativa es crucial desarrollar también una estrategia preventiva. Los nutricionistas no viajamos solos. Se forma un equipo multidisciplinar con expertos en seguridad alimentaria, agua y saneamiento, y salud y nutrición. A partir de ahí, y paralelamente al trabajo de campo, se buscan las causas de lo que está sucediendo.

Con el fin de atajarlas.

Para conocerlas en primer lugar. En el análisis nos valemos del cuadro conceptual de las causas de la malnutrición y la mortalidad diseñado por UNICEF en 1990, que se ha ido adaptando para mantener su vigor. Una vez estudiado el terreno y valiéndonos de diferentes variables llegamos a identificar las causas inmediatas de la desnutrición: el niño está desnutrido por una ingesta inadecuada de alimentos o porque sufre una enfermedad que le impide retener los nutrientes.

A parte de éstas, ¿puede describir otras causas subyacentes?

Sí. Causas secundarias en el hogar y la familia describen si el problema es de seguridad alimentaria (acceso o disponibilidad de alimentos), por el ambiente social y de asistencia (prácticas maternales o tabúes culturales) o debido a problemas en el acceso a cuidados de salud y saneamiento (si las condiciones sanitarias ambientales son perniciosas o no hay acceso a un centro de salud y a medicamentos). Por último, las causas básicas, generadas por la misma sociedad, apuntan a las estructuras políticas y económicas, infraestructuras formales e informales y a los recursos potenciales (conflicto violento o catástrofe natural). Las causas no se eliminan entre sí, pero es importante delimitarlas y cuantificar su grado causal en la incidencia de la desnutrición para diseñar la estrategia de intervención que ayude a calcular el tiempo que se debe invertir en hallar una solución.

¿Y si el resultado del análisis indica que el periodo de solución es largo?

«Hay que involucrar a los gobiernos para que sean ellos los sujetos activos y se comprometan a seguir potenciando el trabajo que se hace»
Un centro de nutrición funciona siempre como un centro de formación para el personal local, que se encargará de atenderlo a partir de que el periodo de actuación de la ONG llegue a su fin. La formación es clave en el éxito de los programas y uno de sus objetivos. Además, se trabaja de manera multidisciplinar, es decir, analizando las causas se llega a solucionar algunos problemas a través de programas de cultivos, de semillas, o de saneamiento del agua.

La contestación a la perpetua crítica de «no dar peces sino enseñar a pescar».

Este reproche podemos considerarlo desfasado con el compromiso actual de los actores humanitarios en hacer una cooperación al desarrollo de buenas prácticas y siguiendo pautas reconocidas desde el punto de vista internacional. Quizá estuvo justificado hace muchos lustros, pero ha dejado de estarlo. En las ONG serias se trabaja siempre con la comunidad. Hay organizaciones que llevan más de treinta años en el terreno, y es el profesional sanitario local quien se encarga de llevar adelante los proyectos.

¿A quién más hay que implicar para que estos proyectos se lleven a cabo?

Es muy importante también involucrar a los gobiernos para que sean ellos los que se consideren sujetos activos y se comprometan a potenciar el trabajo que se hace; un trabajo que desarrollan sus propios ciudadanos, pues cada vez son menos los extranjeros que trabajan y por menos tiempo, excepto en las situaciones de emergencias, donde un despliegue rápido de personal expatriado experimentado puede ser clave para dar una respuesta humanitaria lo más adecuada posible.

¿Cuándo se da por finalizado un proyecto?

Depende. Algunos se prolongan durante muchos años aunque ,sin duda, la capacidad de financiación es clave. Un proyecto puede no haberse acabado, pero si no hay más dinero, no hay más acciones.

¿Y se abandona?

No hay posibilidad de llevarlo adelante. Es muy importante que los particulares ayuden a las ONG de forma directa aumentando así los fondos propios de la organización, y que son destinados a proyectos que la misma ONG determina sin estar sujetos a presiones externas. Cuando se depende de organismos oficiales también se depende de sus intereses. Supongamos que hay una misión en un país y se produce un tsunami. Los recursos son limitados y estos pueden cambiar de destino.

¿Cómo se sabe que se han logrado los objetivos?

La obesidad es otro tipo de malnutrición

Contamos con tablas numéricas que sirven para enjuiciar las acciones. Se puede medir el éxito o el fracaso del trabajo en los porcentajes en que se traducen los resultados. El programa tiene que funcionar y hay que comprobar lo que se hace y en qué grado se está haciendo para saber si marcha bien o se está fallando. Se estipulan unos mínimos que la ayuda humanitaria debe cumplir en diferentes contextos. Están recogidos en la Carta Humanitaria y las Normas Mínimas de Respuesta Humanitaria en Casos de Desastre enmarcados en proyecto Esfera lanzado de 1997. El objetivo de Esfera es mejorar la calidad de la asistencia que se presta a las personas afectadas por desastres y aumentar la responsabilidad del sistema humanitario en cualquier intervención. Además de sumar transparencia a las acciones, este método facilita la mejora.

¿Las variables objetivas se pueden aplicar en todo el mundo, con independencia de la etnia, el país, la cultura?

Sí. Los rasgos particulares influyen a la hora de conformar el equipo, por ejemplo, y cuando se diseña la dieta en función de los productos autóctonos, pero las causas básicas de la desnutrición y sus soluciones son comunes.

¿Cómo forman los equipos de trabajo?

Siempre con personas locales. Hay países en los que es más sencillo, puesto que el personal de medicina, enfermería y auxiliar de allí precisa de pocos meses para adoptar las técnicas más eficientes para tratar la malnutrición. En otros, el equipo lo forman personas que sólo saben leer y escribir, y es a ellas a quienes se va a dotar de conocimientos sanitarios. El proceso será más largo y más costoso, pero igual que debes apañártelas con las cosechas de ese año, hay que valorar los recursos humanos que se tienen porque pueden dar muchos frutos.

¿Cuentan con suficientes recursos?

He trabajado con Acción contra el Hambre y las Naciones Unidas. Nunca he tenido problemas por no disponer de medios. Se trata de dos organismos internacionales que cuentan con apoyo económico y reconocimiento internacional que facilitan el financiamiento de sus acciones. Cuando se llega a una zona, en mejor o peor estado, está todo dispuesto para comenzar a trabajar de inmediato.

Cuando se ve a tantos niños morir de desnutrición, ¿cómo se tolera la obesidad infantil de Occidente?

Cuando regreso lo primero que me llama la atención es la talla de los niños. Estoy acostumbrada a una escala de niños que sufren desnutrición y cuando veo a un niño en su talla creo que está muy grande y no es así. Respecto a la obesidad infantil, me produce también tristeza porque sin duda se trata de otro tipo de malnutrición. No hay riesgo de muerte inminente pero esos niños también sufren.

Mientras espera un nuevo destino ha viajado a EE.UU., el país donde con mayor índice de personas obesas. ¿Es posible comer sano en aquellas tierras?

Desde luego, y no es necesariamente más caro. Pero si bien nuestra dieta mediterránea se basa en verduras, frutas, hortalizas, legumbres, carnes y pescados, la dieta típica estadounidense son las hamburguesas. Es una cultura, insana, pero cultura.

VIAJAR Y APRENDER

Imagen: Em Baker

Montse Escruela relata que una de sus aficiones es viajar a África y Asia. Añade que le cuesta «quitarse» el chip cuando va de turismo, pero que aun así va predicando consejos, como no lavarse los dientes con agua del grifo si no hay garantía de que sea potable. También aprovecha para visitar centros de salud y hacer fotos. «Es muy interesante ver los carteles de promoción de buenas prácticas de la lactancia materna en diferentes países y sacar ideas para elaborar material educativo», explica.

Por fortuna, dice Escruela, la lactancia materna se practica en un alto porcentaje en la mayoría de países donde trabaja. Lo que se intenta corregir son las malas prácticas de algunas mujeres cuando dan de mamar, y es que en estos países se introducen otros alimentos en la dieta del pequeño muy pronto. Algunas mujeres deciden que los consejos pediátricos son muy exagerados y no los siguen. No se dan cuenta de que están sustentados por evidencias científicas. Es como si se estuvieran cuestionando algunos protocolos y, a la larga, esto puede provocar problemas. Pone como ejemplo que el pescado no puede formar parte de la dieta de un bebé hasta que haya cumplido los 12 meses, con independencia de que nuestras abuelas se lo dieran a nuestros padres a los seis. «No es un capricho de los nutricionistas indicarlo a partir del año», advierte.


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