¿Por qué los consejos nutricionales sin evidencia son más virales?

El auge de falsos perfiles sanitarios en redes sociales, la falta de contraste de la información y el uso de la IA sin validación provoca que la población ya no sepa qué fuentes son fiables
Por Maldita.es 26 de agosto de 2026
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Sería genial que un chupito de vinagre de manzana en ayunas fuese la solución para la obesidad y la diabetes. También que beber leche cruda supusiera el fin del asma o las alergias. Aunque ni esto es cierto ni la ciencia y la alimentación funcionan así, no cambia el hecho de que nos guste leer y oír lo que queremos leer y oír y que, si nos topamos con una solución sencilla a un problema de salud complejo, queramos creer en ella frente al tono a veces “poco esperanzador” de la realidad. Pero no, no existen superalimentos ni trucos milagrosos que hagan mejorar, al menos por sí solos, nuestra salud. En este contexto, es más fácil que demos like y compartamos y, con ello, que facilitemos la viralización de un consejo que, más que ayudar, desinforma.

“¿Interaccionas? Me interesa”, dijeron las redes sociales 

No es casualidad que los consejos y recomendaciones sobre alimentación sin evidencia sean más virales que aquellos que se hacen eco de la realidad. Más bien, esto responde a la forma en la que funcionan las grandes plataformas, que priorizan la viralidad sobre la credibilidad, como recuerda este editorial publicado en la revista científica Nature Metabolism.

“Este sesgo algorítmico permite la propagación de desinformación sobre alimentación, lo que significa que afirmaciones nutricionales cuestionables que suenan convincentes para el público pueden ganar popularidad rápidamente”, señala el documento. A esto se une que las redes sociales funcionan como una herramienta que permite que personas sin formación académica suenen tan autorizadas como profesionales experimentados.

Y la suma no acaba, sino que se le añade otro factor: el carisma y la estrategia de comunicación de los infoodencers (personas influyentes en lo relacionado con la alimentación). El problema es que, en el contexto de las redes sociales, no hace falta ser un experto para parecerlo: muchos de estos influencers en alimentación recurren a títulos no oficiales pero que inspiran credibilidad, relatan experiencias personales y usan un lenguaje cercano y emocional para ganarse la confianza de su audiencia. Dominan las estrategias para parecer creíbles.

El contenido que comparten, según Nature, suele estar simplificado en exceso, lo que facilita su comprensión, pero también puede resultar engañoso si carece del contexto adecuado. “Por el contrario, los expertos reconocidos pueden enfrentarse a una barrera de confianza si no dominan estas tácticas de interacción, lo que hace que la información fiable parezca menos atractiva y pueda pasar desapercibida al navegar rápidamente por las redes sociales”, añade. Otro factor a favor para la viralización de los contenidos engañosos. 

La desinformación sanitaria tiene consecuencias directas sobre la salud 

El problema no es el like o el comentario que las personas dejan en este tipo de contenidos: la desinformación sobre salud y alimentación, así como los supuestos remedios milagrosos en los que esta se suele traducir, supone en sí misma un potencial riesgo para la salud, al retrasar diagnósticos o tratamientos que sí disponen de evidencia. Es decir, conduce a “problemas de salud mal controlados y complicaciones evitables”.

Según el editorial de Nature, si bien las personas pueden experimentar (o creer que experimentan) ciertos beneficios a corto plazo, a la larga los daños “suelen superar cualquier beneficio inicial”. Además, subraya que las consecuencias de la desinformación nutricional generalizada van más allá de los seguidores individuales y podrían repercutir en la salud pública y minar la confianza en sus sistemas.

“Otro aspecto preocupante es el impacto en la imagen corporal y la salud mental. La ansiedad, la depresión y la baja autoestima están ligadas a la presión por mantener una imagen ideal en línea, tal como se difunde en las redes sociales, y pueden llevar a las personas a adoptar comportamientos extremos”, continúa el editorial de Nature, que recuerda que los adolescentes son particularmente vulnerables a la desinformación y a priorizar los resultados rápidos sobre la salud a largo plazo. 

Ojo con la IA: perfiles que simulan ser profesionales sanitarios para dar consejos sin evidencias o vender suplementos innecesarios 

Entre las ‘caras’ que vemos en estos contenidos no solo encontramos personas sin formación en dietética y nutrición: hay veces en las que ni siquiera se trata de humanos. En algunas redes, como Instagram, cada vez son más comunes los perfiles en cuyos contenidos aparece un avatar generado con inteligencia artificial (IA) tratando de simular a un profesional sanitario, que se presenta con atuendos típicos en la consulta, como batas o fonendoscopios, o que parecen encontrarse precisamente en un centro de salud o en un hospital. Algunos incluso incluyen la denominación ‘doctor’ o ‘doctora’ en su nombre de usuario. 

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Imagen: ferrerivideo / iStock

La mayoría de los consejos sobre salud que dan a través de sus redes no están respaldados por la evidencia científica y muchos de ellos buscan vender suplementos a través de Amazon, pero también de otras páginas de comercio electrónico, proporcionando enlaces directos a través de su biografía, como respuesta a comentarios o mediante mensaje directo. De esta forma, se llevan una comisión por cada venta que hagan. El objetivo de estos perfiles, explica a Maldita.es Daniel Fernández-Viagas, experto en ciberseguridad, es probar nichos y ganar dinero. 

Vídeos que buscan vender suplementos

Según los resultados de una investigación de Maldita.es, en la que se han analizado 250 perfiles generados con IA que acumulan más de 45.600 publicaciones en, al menos, siete idiomas distintos, los vídeos siguen un mismo patrón: una supuesta figura de autoridad (“expertos holísticos”, monjes, ancianos entrañables o incluso personas de la comunidad amish) ofrece consejos, recomendaciones o recetas para, supuestamente, cuidar nuestra salud. Recomendaciones con línea directa a más de 53 millones de usuarios que siguen a estos perfiles.  

Más de la mitad de estas cuentas (56,4 %) redirigen a otros sitios web de venta de suplementos, especialmente a Amazon, que afirma haber abierto una investigación contra estos perfiles después de la publicación de Maldita.es. La plataforma advierte de que “las declaraciones relativas a los suplementos alimenticios no han sido evaluadas por la FDA (la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, país de donde proceden muchos de los productos que venden estos perfiles) y no están destinadas a diagnosticar, tratar, curar ni prevenir ninguna enfermedad o afección de salud”.

“Sin un diagnóstico médico que los justifique, los suplementos siempre son, a priori, innecesarios”, explicaba a Maldita.es Emilio José Molina, vicepresidente de la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP), quien añadía que “las proclamas publicitarias que proponen ni siquiera serían legales en España, donde se prohíbe que los suplementos” se promocionen utilizando reclamos terapéuticos.

¿La consecuencia? “El auge de falsos perfiles sanitarios en redes sociales, la falta de contraste de la información y el uso de la IA sin validación. Esto provoca que la población ya no sepa qué fuentes son fiables”, señala el informe ‘Desinformación en salud en España‘, publicado en 2026 por la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS).

preguntas alimentación
Imagen: Leeloo The First

¿Y qué hacemos?

Según Nature, los esfuerzos a largo plazo deberían centrarse en mejorar la alfabetización mediática pública (y en redes sociales) mediante iniciativas educativas y campañas de sensibilización que capaciten a las personas para verificar las fuentes y distinguir la anécdota de la evidencia, y que fomenten un sano escepticismo.

Otro estudio, publicado en 2025 en Proceedings of the Nutrition Society (PNS), subraya la necesidad de que las plataformas de redes sociales verifiquen la cualificación de las personas que ofrecen consejos sobre nutrición e implementen medidas para promover información precisa. “Es necesario seguir investigando para desarrollar estrategias eficaces que mitiguen la difusión de información errónea a través de las redes sociales y su impacto en la salud pública”, señalan las autoras. 

“Fortalecer la alfabetización digital y mediática es la respuesta estructural más eficaz frente a la desinformación en salud. Requiere la colaboración de gobiernos, profesionales sanitarios, educadores y la sociedad civil”, añaden desde ANIS. 

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