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Sardinas: el auténtico sabor de las fiestas

Baratas, deliciosas y nutritivas, cuesta imaginar paisajes y celebraciones en España sin sardinas: en algunas comunidades marcan el final de los carnavales y, en otras, el inicio de las fiestas

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: domingo 30 junio de 2019
Imagen: Sopotniccy

Panocha en Andalucía, parrocha en Asturias,
sardiña en Galicia
… Es posible
encontrar distintos nombres para la sardina,
según el sitio al que vayas, e incluso
que cambie el modo de prepararla
. Lo
que no varía es su sabor característico, su precio asequible
(desde 6 euros/kg) y sus bondades nutricionales. Te contamos cuáles son, como también sus inconvenientes, además de qué tener en cuenta al comprarlas y disfrutarlas.

Entre sus propiedades nutricionales, las sardinas destacan por aportarnos buenas dosis de proteínas y de grasas
saludables, vitaminas como la A y la B12, además de diversos minerales: calcio, fósforo, magnesio y yodo.
Estas características la convierten en un alimento muy adecuado en la infancia, la adolescencia,
el embarazo y la lactancia, épocas en las que las necesidades de nutrientes son elevadas. Eso sí,
también contienen sodio; por tanto, no conviene entusiasmarse añadiéndoles sal.

Pero no todo son ventajas. Como la mayoría de pescados azules, las sardinas son ricas en
purinas (que se transforman en ácido úrico al ser metabolizadas en nuestro organismo), por lo
que quienes padecen de hiperuricemia o gota deben limitar su consumo. Y, por supuesto, sus
bondades varían en función de su preparación. Fritas, rebozadas o enlatadas en aceite son un
alimento poco recomendable dentro de la dieta habitual de quienes desean controlar el peso.

Las señales para saber elegir sardinas

Al hacer las compras, encontrarás sardinas de diferentes maneras,
aunque las más comunes son frescas o en conserva. Si las adquieres
frescas
, usa los cinco sentidos: al tacto, la consistencia
de su carne debe ser firme; a la vista, sus ojos han de ser
brillantes y no pueden estar hundidos, y la escama debe estar
pegada al pescado; y al olfato, por último, mejor que no tengan
un olor marino muy pronunciado. Además, hay truco para evitar que a casa
se impregne
del olor que
desprenden
al cocinarse: prepáralas
en papillote;
marinadas
en vinagre de
manzana o
como topping
en una receta
de arroz; al
horno, sobre
una cama de
sal; o con un
soplete de
cocina.

Si compras la sardina en conserva, ganarás en calcio. Esta
forma de conservación aporta más cantidad de este nutriente
que la cruda. Durante el tratamiento térmico al que es sometida,
la espina se ablanda y el calcio de esta pasa a la carne.

Imagen: firea

El tamaño sí que importa

La talla de la sardina es fundamental para elegir la forma de
preparación. Las pequeñas son idóneas para hacer revueltos
o tortillas (como las sardinas en tomate) una vez quitadas
las espinas. Estos ejemplares contienen una carne más fina
y delicada y es habitual cocinarlas fritas, rebozadas, enharinadas,
con un toque al ajillo o con una salsa bilbaína (un
refrito de ajo, perejil, un toque de guindilla o de vinagre que
se agrega al pescado una vez cocinado).

Los ejemplares de mayor
tamaño
son perfectos para hacer a la brasa o a la plancha. De
esta manera, se cocinan enteras, con cabeza e, incluso, junto
con las vísceras.

Pero, además de los clásicos, su versatilidad hacen de la
sardina la protagonista de diferentes preparaciones:

  • Base de guisos o arroces marineros. Por ser una carne tan
    delicada, apenas necesita cocción y es mejor agregar al guiso en
    el último momento y dejar que se cocine con el calor del reposo.
  • Crudas y en compañía. Las sardinas en conserva se pueden
    comer en bocadillo, como ingrediente de ensaladas o tortillas.
    Las saladas, debido a su fuerte sabor, se suelen consumir con
    aceite de oliva para suavizarlas.
  • En la sartén. Fritas con aceite de oliva, enharinadas, rebozadas
    o empanadas. Si son pequeñas se fríen enteras, mientras
    las grandes es preferible abrirlas en filetes.
  • En escabeche. Si, una vez cocinadas, sobran de un día para
    otro, se pueden aprovechar y hacer un escabeche. Se fríen unos
    ajos en aceite y, cuando están dorados, se añade vinagre, una
    hoja de laurel y un poco de agua. Se agrega, ya fuera del fuego,
    un poco de pimentón. Se cubren y se deja reposar durante una
    hora. Transcurrido este tiempo, ya están listas.

Imagen: CONSUMER EROSKI

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Etiquetas:

sardina

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