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“El cariño es el principal factor nutricional del cerebro de los niños”

Álvaro Bilbao, neuropsicólogo, conferenciante, formador y escritor

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 29 diciembre de 2020

Imagen: Plataforma Editorial

Como padres y madres a veces nos sentimos un poco perdidos en la crianza de nuestros hijos. Álvaro Bilbao lo sabe. Este doctor en Psicología, neuropsicólogo y experto en plasticidad cerebral es padre de tres niños. “Si comprendes cómo funciona el cerebro del niño y educar te lo tomas como algo que disfrutar, irá bien”, aconseja a los que se lanzan por primera vez a la experiencia de tener un hijo. Y para enseñarlo, este firme defensor de la educación en positivo publicó en 2015 el libro ‘El cerebro del niño explicado a los padres’, y en sus cursos y conferencias no deja de insistir en ello. Charlamos con él sobre qué ocurre en el cerebro de los niños cuando tienen una rabieta, pero también, como veremos en esta entrevista, de otros estímulos para el cerebro, como las nuevas tecnologías o las actividades extraescolares, además del confinamiento, la pandemia y hasta de estas Navidades. 

Saber qué ocurre en el cerebro de un niño en una rabieta hará que actuemos de forma diferente y más acertada a como nuestros padres lo hicieron. Pero antes ellos contaban con tíos, abuelos, vecinos… en la educación. Ahora todo nos parece difícil.

Antes los niños pasaban más tiempo solos jugando en la calle con sus hermanos, se ocupaban unos de otros…. y de alguna manera la responsabilidad de los padres quedaba más diluida en hermanos mayores, primos, abuelos… Ahora las cosas nos resultan más difíciles de gestionar porque es más un mano a mano y nos vemos más solos ante el peligro. Pero siempre ha habido rabietas. Lo único que ahora vivimos en una sociedad en la que hay muchos estímulos que al niño le llaman muy poderosamente la atención: la tele, el móvil, todo lo que hay en el supermercado, los escaparates de la tienda de juguetes…

¿Demasiada información que procesar para el cerebro?

Hay demasiados estímulos, información y cosas que hacen que el cerebro del niño despierte a ellos. Y como a nosotros, les puede apetecer. ¿Pero necesitar? El 90 % de las cosas que tenemos y queremos no son necesidades, sino caprichos. Y es bueno que los niños entiendan la diferencia entre necesidad que se debe cubrir y un capricho que puede esperar.

Hoy en día los niños tienen de todo y la capacidad de tolerar la frustración es más complicada. ¿Qué efectos puede tener en ellos que no se autocontrolen y tengan tantos estímulos?

Se estima que los niños nacidos a partir de 2008 serán la primera generación que cuando cumpla 25 años tendrá menos cociente intelectual que sus padres. Y en eso tienen mucho que ver las horas de televisión y videojuegos que dedican, que les hacemos menos tolerantes a la frustración… Sabemos que tantas pantallas les hace menos tolerantes a la frustración, que haya más fracaso escolar, más obesidad, más sedentarismo, más déficit de atención, más problemas de autocontrol de los impulsos… Son los efectos que tienen en un cerebro en desarrollo normal y sano.

Pero desde bien pequeños en los colegios las nuevas tecnologías se utilizan como una herramienta educativa más.

Hay que diferenciar. En la pandemia, las tabletas y ordenadores han venido muy bien para estar conectados con los compañeros y profesores. Hoy en día un niño se tiene que confinar y puede seguir conectado. El problema no es tanto el uso que hacemos de las tecnologías para hablar, mandar un documento… sino el uso que se hace en cuanto a videojuegos, YouTube…. Cuanto más tiempo en estas tecnologías, más negativo es su efecto sobre los niños.

En pandemia muchos padres no pueden echar mano de extraescolares para conciliar, ¿se estaba abusando de ello? ¿Es recomendable apuntarlos desde edades tempranas?

Depende. La principal pauta es que antes de los cinco-seis años, nada de extraescolares. Lo importante es que estén en casa con sus padres, que vayan al supermercado, que se aprendan las frutas, que den un paseo hasta la tienda, que les ayuden con las cosas, que trepen por los columpios del parque… Eso es lo mejor que puede hacer un niño hasta los cinco años. Pero otra cosa es que si por mi trabajo debo dejarle haciendo alguna actividad. Cuando entra en Primaria, los beneficios del parque son menores, por lo que ahí sí es importante que haga extraescolares, pero que le gusten y que él mismo elija. Y si por motivos laborales le tenemos que apuntar y no le gusta ninguna, le apuntamos. Tampoco es una tragedia. El problema está en que tenga extraescolares de lunes a domingo. Estamos enseñando al niño a convivir en un nivel de estrés demasiado alto para cualquier persona.

Que no hagan nada y se aburran es bueno.

Que estén en casa jugando enredando y viendo cómo se entretienen ellos solos sin tele es bueno. Pero si me das a elegir entre que vaya inglés, aunque no le guste mucho, y que esté en casa enchufado a la tele, será mejor que vaya a inglés y no esté en casa. Hay que buscar un equilibrio: ni llevarle a un montón, ni a ninguna porque diga Álvaro Bilbao que es malo. Puede ir a unas cuantas, o no; lo que se quiera.

¿El cerebro del niño está más preparado que el de un adulto a una pandemia y sus limitaciones?

Los niños se adaptan fenomenal y muy bien a todo. Y hay que aprovechar esa capacidad de adaptación para acostumbrarles a que se adapten a las cosas. Porque hoy en día tienen que ser todoterreno. No pueden ser niños que estén en una urna de cristal y entre algodones. La pandemia ha tenido muchas cosas malas para ellos, sobre todo porque ven menos a los abuelos, pero se han adaptado. Recordarán toda su vida que fue un año raro. El cerebro saca provecho de todo: de lo bueno y de lo malo. Y, en ese sentido, sacará provecho de esta situación.

Desde bien pequeños enseñamos a nuestros hijos cómo deben cuidar su salud física (qué comer, practicar ejercicio, la importancia de lavarse los dientes, etc.), pero igual dejamos su salud mental más de lado. ¿Cómo podemos cuidar de su cerebro?

Dándole mucho cariño. El cerebro de los niños se nutre de cariño, lo necesita. Es el principal factor nutricional del cerebro. El afecto de los padres segrega en el niño una serie de neurotransmisores que hacen que pueda desarrollar más conexiones cerebrales. Si a un niño le dejamos abandonado a su suerte, con padres muy severos, y a otro le damos un poco de cariño, veremos que el niño con afecto va a tener un mayor desarrollo intelectual, emocional y un cerebro un poco más desarrollado.

¿Qué más recomendaciones daría a los padres para cuidar del cerebro de sus hijos?

Poco estrés. Es bueno que los niños tengan cierto nivel de estrés; no es bueno que lleguen a casa y no hagan nada. Es decir, está bien que tengan actividades, que tengan un hermano que les toque las narices y hasta un profesor que sea un poco duro. Pero en general, poco estrés. Nada de gritos, ni amenazas. Necesitan un hogar que sea acogedor y positivo.

¿Deporte?

El ejercicio físico es fundamental para cuidar del cerebro toda su vida. Un niño de 5 años tiene las arterias limpias, pero a los 70 aparecen los ictus (la segunda causa de muerte en nuestro país), el alzhéimer… Y lo que nos protege de ello es tener las arterias limpias, y esto se consigue sobre todo con ejercicio físico. Otro factor importante para cuidar de su cerebro es el sueño. Es fundamental que los niños se vayan pronto a la cama e instalar buenos hábitos de sueño desde pequeños. Y no tanto porque con seis años lo vayan a sufrir. Está pasando que con 16 años están durmiendo seis horas al día y eso es una auténtica barbaridad.

¿Y en cuanto a las emociones?

Hay que ayudarles a gestionar emociones difíciles como la frustración o el estrés. ¿Cómo? Reduciéndolas, es decir, no exponiéndoles a situaciones muy difíciles, porque tienen que crecer y madurar antes de vivir ciertas situaciones. Por eso es importante que no vean películas de miedo ni ciertas escenas de las noticias cuando son muy pequeños. Hay que proteger su sensibilidad, porque se puede malograr con facilidad a estas edades. Pero, a la vez, se debe dedicar todos los días mucho tiempo a charlar con ellos de las cosas que nos pasan, de sus sentimientos, del colegio, de los amigos… Cada vez que vengan a nosotros, lo más importante que podemos hacer por ellos y para su desarrollo es escucharles y dejarles que nos cuenten y también devolverles lo que nos cuentan, que no tiene por qué ser solucionar un problema, sino simplemente escucharles.

Y ser creativo como padres. En su libro da bastantes ideas de cómo ayudarles a desarrollar su potencial emocional.

En el libro cuento cosas que yo hago, que hace mi mujer y otras que sé que son buenas para el cerebro de los niños. Pero hay padres que hacen otras. Una de ellas puede ser subir al monte con los hijos, una actividad en la que estás haciendo ejercicio físico, quitándole de estrés, tensión… y, además, es un rato en el que seguro habrá conversación. Otros traen a casa una mascota, y la mascota es una excusa para que el niño tenga sus responsabilidades. Cada uno lo hace a su manera, pero lo importante es que haya conversación, poco tiempo de pantallas, mucho afecto y que hagamos ejercicio físico con ellos. Y con el ejercicio, además, se irán antes a dormir, algo que les costará más si están enchufados a la tele.

¿Algún consejo para estas Navidades tan diferentes?

Nada diferente a otras Navidades. Intentemos hacer actividades en los exteriores, porque en interiores van a acabar estando más horas ante la tele. Y disfrutemos de las cosas sencillas, ya que igual no vamos tanto de compras. Podemos aprovechar la Navidad para estar más en familia con juegos de mesa o juguetes para hacer en familia. El confinamiento nos ha enseñado a poder estar en casa juntos y no entretenernos solos. No olvidemos todo lo que aprendimos durante el confinamiento. Recuperemos esa costumbre de pasar tiempo juntos y tranquilos, sin muchos estímulos, porque es algo que el cerebro de los niños lo agradece.

¿Cómo estuvieron los niños en el confinamiento?

En general, la mayoría ha estado muy bien. Ha dependido mucho de cómo estuvieran sus padres, pero nos hemos encontrado que los niños que estaban estresados y eran más ansiosos han estado más tranquilos. Más problemas han tenido los niños con tendencia a ser obsesivos con las cosas y al control, pero, aun así, un porcentaje también ha estado más tranquilo. A los niños les ha sentado bien estar en casa, estar tranquilos y tenernos con ellos todos los días y eso, seguramente, es lo más importante que podamos hacer por ellos.

¿Y qué les recomendaría a unos padres primerizos?

Que piensen que será lo más bonito que les va a pasar y que tienen que hacer dos cosas: disfrutarlo y darle mucho cariño. Si ya tienen esas dos cosas en mente, el resto de problemas se van a ir solucionando poco a poco. Que lo tomen como una ocupación a tiempo completo y que lo hagan con mucha ilusión.

Y sin sobreprotegerles.

La sobreprotección es un mal de nuestros días. Deben tomárselo con calma. Es normal que los niños lloren, se enfaden, tiren cosas al suelo… Les aconsejo que intenten ver todas las cosas que les ocurre a los niños como algo bastante normal y que dentro de eso lo disfruten. Vivirán su paternidad o su maternidad de una manera distinta. Los padres de nuestra generación ya se están implicando más, y es importante que sigan así, enganchados a sus hijos, y disfruten. Si comprendes cómo funciona el cerebro del niño y educar te lo tomas como algo que disfrutar, irá bien.

Etiquetas:

cerebro emociones


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