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¿Por qué se juega menos?
El descenso de la natalidad, el tráfico y no contar con mecanismos apropiados para integrar las necesidades de la infancia y la adolescencia en las políticas locales han marcado la planificación urbana de las grandes ciudades contemporáneas, lo que explica en gran medida la progresiva desaparición de los niños y niñas del espacio público urbano.
Sin embargo, no son los únicos factores que influyen. Las nuevas tecnologías, el temor exponencial de los padres y madres y la tendencia a primar la seguridad, la aversión al riesgo o la presión sobre los resultados académicos y las clases extraescolares son otros factores que se deben tener en cuenta.
👉 Factores que influyen en el derecho al juego de niños, niñas y adolescentes:
- El modelo urbanístico de las ciudades con espacios menos abiertos y naturales que disminuyen las oportunidades de juego.
- Entornos insalubres y peligrosos.
- El papel creciente de los medios electrónicos y las plataformas digitales en el ocio de niños, niñas y adolescentes.
- Una baja conciencia de la importancia del juego.
- Más presión sobre los niños y niñas para obtener buenos resultados académicos y actividades extracurriculares.
- Más restricciones para jugar: los padres y madres quieren proteger a sus hijos e hijas de los posibles riesgos al que pueden verse expuestos en la calle.
- Falta de inversión en oportunidades culturales y artísticas para los niños y niñas.
El juego al aire libre frente al auge del sedentarismo
Ya sea por la disposición urbanística de las ciudades o por el auge del ocio a través de las tecnologías, la realidad en España es que el 82 % de los niños y niñas de 0 a 12 años juega al aire libre menos del tiempo recomendado, viéndose limitadas sus oportunidades de movimiento y desarrollo.

Sin embargo, el juego al aire libre y el juego en la naturaleza son especialmente importantes como contrapeso a la saturación tecnológica y el auge del sedentarismo.
Numerosos expertos apuntan a que el tiempo que niños, niñas y adolescentes pasan al aire libre favorece su atención en el aula y mejora sus problemas de atención. El contacto con la naturaleza calma y mejora la regulación emocional. Es decir, nos ayuda a conectar con las emociones, a sentir qué es lo que nos está pasando y expresarlo. Muchos niños y niñas llevan modos de vida estresantes, y la naturaleza supone una forma de aliviar esa situación tan nociva.
El movimiento es otro aspecto crucial del contacto con la naturaleza, ya que los espacios abiertos y naturales invitan a niños y niñas a moverse, a explorar y a desarrollar las habilidades motoras, los sentidos, la inteligencia espacial y el vigor físico.
Una ciudad donde jugar
En las ciudades, los espacios públicos, verdes y de proximidad no solo ayudan a mitigar los efectos del cambio climático: también mejoran los vínculos sociales y vecinales. A la larga, impactan positivamente en nuestra salud mental, y también en la de la infancia.
Esa es una de las conclusiones del último informe de ONU-Habitat ‘Healthier Cities and Communities Through Public Spaces‘, que analiza como los espacios públicos fomentan la cohesión social al brindar oportunidades para interacciones sociales, eventos culturales y actividades comunitarias. Todas estas actividades fortalecen los vínculos sociales, reducen el aislamiento y mejoran el bienestar mental.
Poniendo el foco en la infancia y adolescencia, los espacios públicos se convierten en un escenario imprescindible para proporcionar una mayor variedad de opciones de juego y menos restricciones que alentarán el desarrollo y autonomía de los niños y las niñas. Así, participarán en actividades físicas con compañeros y compañeras en línea con su imaginación y serán más propensos a involucrase a la larga en sus comunidades y municipios.
Por ello, garantizar que existan espacios accesibles que faciliten la convivencia y pongan en el centro de sus políticas a la infancia es una apuesta fundamental por la calidad de vida de toda la ciudadanía, y especialmente de la infancia y la adolescencia.
En esta línea, UNICEF impulsa la iniciativa Ciudades Amigas de la Infancia para poner a los niños, niñas y adolescentes en el centro de las políticas locales e impulsar el desarrollo pleno de todo su potencial y capacidades a través de espacios de participación reales que influyan en las decisiones que se tomen en su comunidad.


