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¿Tu hijo hace sexting? Conoce qué es, cuáles son sus riesgos y cómo evitarlos

El envío de mensajes y fotografías con contenido sexual puede derivar en situaciones de sextorsión, grooming o en patologías como depresión y ansiedad

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 1 julio de 2020
Sexting con el móvil Imagen: wilkernet

Uno de cada cuatro niños españoles menores de 10 años tiene móvil, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). La mayoría (63,9 %) no cuentan con uno hasta cumplir los 12, aunque, si fuera por ellos, ya tendrían un smartphone con siete o menos, como reconoce un reciente estudio. Sin embargo, en España, para gestionar una cuenta de Google, imprescindible en el funcionamiento de los móviles Android o para tener canal de YouTube o correo electrónico Gmail, es necesario tener al menos 14 años, la edad media a la que un adolescente se inicia en el sexting. ¿Sabes qué hace tu hijo con su móvil? Te contamos qué es el sexting, sus peligros y cómo prevenirlos.

Qué es el sexting y quién lo practica

El térmico sexting surge de la contracción de sex (sexo) y texting (envío de mensajes). Se refiere a la creación y el envío voluntario y consciente de mensajes de texto, fotos, audios o vídeos con contenido sexual propio a través de Internet o del móvil. Si fuera durante una videollamada o una sesión de chat con webcam es una variante: sexcasting. Según un estudio de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) de 2017, la forma más frecuente de estos envíos son los mensajes, seguidos de fotos y vídeos.

El sexting una práctica muy habitual entre los adolescentes. Como recoge el mismo sondeo, el 13,5 % de este grupo de población se ha implicado en ella en alguna ocasión. Y según un informe de Save The Children sobre violencia viral, casi un 20 % de los jóvenes entre 18 y 20 años ha participado alguna vez y la media de edad en la que se hace por primera vez está entre los 14 y 16 años. Además, la investigación de la UAM indica que es un fenómeno que tiene lugar a edades cada vez más tempranas: el porcentaje fue creciendo desde el 3,4 % a los 12 años hasta el 36,1 % a los 17 años.

Según el estudio universitario, sus practicantes son personas extrovertidas, irresponsables en cuanto a planificación y organización, de una menor amabilidad —por lo tanto más cómodas en las interacciones a través de las nuevas tecnologías— y con una mayor predisposición a experimentar emociones negativas. ¿Por qué lo hacen? Para estos adolescentes, el sexting se ve como una forma de ligar, de explorar su propia identidad, se hace por impulsividad, por presión social de otros y, sobre todo, en una pareja constituye una forma más de relacionarse sexualmente y en la que ambas partes consienten intercambiar su contenido.

Los peligros del sexting

Pero muchos de los menores se relacionan de esta manera en sus redes sociales sin ser muy conscientes de los riesgos de su práctica:

  • Pérdida de control. Desde el mismo momento en que alguien sube o comparte contenido a Internet o a las redes sociales, deja de tener control sobre ello: no se sabe en qué sitio web acabará o desde que pantalla se verá. Por lo que antes de subir fotos, vídeos o cualquier contenido sensible, es conveniente seguir, como propone la plataforma Qustodio, la regla del 10 haciéndose preguntas como ¿me sentiré orgulloso de esta foto cuando la vuelva a ver dentro de 10 horas, 10 días o 10 años?
  • Sufrir sexting sin consentimiento. El contenido se comparte a otras personas, sin que su autor tenga conciencia de ello, pues no ha dado su consentimiento para su difusión. El informe de Save the Children estima que 50.000 jóvenes lo sufrieron durante su infancia y hace referencia a un fenómeno relativamente reciente que se caracteriza por la difusión de imágenes íntimas, habitualmente de la expareja, con el objetivo de dañarla y humillarla públicamente. Sería otra forma de violencia online en la pareja o expareja. Esta humillación pública también puede derivar en ciberacoso (ciberbullying).
  • Caer en la sextorsión: chantaje o amenaza de difundir por redes sociales, chats… material íntimo, explícito o embarazoso, normalmente sexual, para conseguir algo a cambio (dinero u otro tipo de recompensa). Por lo general, se da cuando la víctima ya ha compartido antes este contenido con quien le extorsiona. En uno de cada cuatro casos, la persona responsable es la pareja o expareja y ocurre por primera vez entre los 14 y los 15 años, según la ONG.
  • Ser víctima de groomingAl hacer sexting por chat o redes sociales con desconocidos puede ocurrir que tu hijo acabe hablando con un adulto que se hace pasar un menor con el objetivo de involucrarle en una actividad sexual: desde hablar de sexo y obtener material, hasta mantener un encuentro. Esta situación, que suele sufrirse por primera vez a los 15 años, ha crecido un 410 % en España en los últimos años, según cifras de la Fundación Anar. De hecho, constituye la mayor preocupación de las familias españolas en Internet, tal y como revela el estudioMenores e Internet: la asignatura pendiente de los padres españoles de la plataforma Qustodio.
  • Responsabilidad penal. Difundir material explícito de menores vulnera el artículo 189 del Código Penal. Se considera difusión de pornografía infantil, incluso cuando quien lo envía es un menor. Pero también es un delito difundir material personal de alguien sin su permiso; se salta el artículo 197. Es decir, que se estaría cometiéndolo por enviar y por reenviar, aunque no se conozca de nada a la persona y aunque la víctima diera en su día su consentimiento a la grabación.
  • Ansiedad y depresión. Según un metaanálisis de 23 estudios con 42.000 menores de edad realizado por la Universidad de Calgary (Canadá), existe relación entre practicar sexting y sufrir trastornos como ansiedad y depresión (tienen 1,79 posibilidades más que el resto de padecerlas). Otros riesgos en salud asociados al sexting: no usar ningún método anticonceptivo (2,16 posibilidades más), beber alcohol (3,78), consumo de drogas (3,48) y de tabaco (2,66).

Cómo prevenir el sexting

Para prevenir que nuestros hijos puedan caer en algunos de los peligros del sexting, como padres podemos tomar ciertas medidas:

  • Conocer qué hacen nuestros hijos en Internet. Para ello, pueden ayudarte los recursos para romper las barreras comunicativas con nuestros hijos que ofrece Internet Segura For Kids (IS4K).
  • Concienciarles y hacerles partícipes de las implicaciones y riesgos que supone no proteger su privacidad on line.
  • Protegerles con el uso de herramientas de control parental, como plantea ISK4 en este artículo.
  • Y si conocemos de la existencia de fotografías, vídeos o audios de contenido sexual o violento que circulan por Internet sin el consentimiento de las personas afectadas, también podemos actuar: puedes solicitar su retirada en el Canal Prioritario de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). Podrías estar evitando casos de acoso, suicidio o ingreso en prisión como los que se comentan en la campaña de la AEPD ‘Por todo lo que hay detrás’.

Catorce años, una edad crítica para las adicciones

La última encuesta Estudes, del Plan Nacional sobre Drogas, señala que el 21 % de la población escolar de 14 a 18 años realiza un consumo abusivo de Internet y alerta de que no solo la Web o las redes sociales pueden convertirse en adicción, sino que están surgiendo nuevos problemas derivados de un uso inadecuado o abusivo, como el teléfono móvil, WhatsApp o los juegos de azar. Estas adicciones provocan síntomas físicos, como astenia, desnutrición, cefalea o fatiga ocular, y otros psicológicos, como inestabilidad emocional, depresión o problemas de aprendizaje. Más impacto tienen sobre la salud entre los niños de menor edad: problemas del sueño, obesidad, trastorno de desarrollo psicomotor y lenguaje…

Así se puso de manifiesto en el reciente 17º Congreso de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), donde en mesa redonda también se habló de otras dos adicciones en las que los jóvenes se adentran a los 14 años: el alcohol y las drogas. Según Estudes, en el último año el 31,7 % de los alumnos de educación secundaria de entre 14 y 18 años ha bebido alcohol de forma abusiva, con prácticas como el binge drinking o atracón, y más de un 26 % ha fumado cannabis.

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