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Depósitos contra pagarés, ¿cuál contrato?

Los depósitos y pagarés son los modelos más habituales para el ahorro, pero, aunque son muy parecidos entre ellos, es conveniente conocer qué diferencias presentan para acertar

¿Depósito o pagaré bancario? Las diferencias entre ambos productos se sustancian en que los depósitos están cubiertos por un fondo de garantías, mientras en los pagarés, no. Esta divergencia -hay otras, pero no tan decisivas- guiará la decisión para invertir los ahorros. En este artículo se explican cuáles son las principales características de depósitos y pagarés para saber qué conviene más y decidir cuál de los dos modelos de ahorro es más favorable para los intereses del pequeño inversor.

Depósito o pagaré bancario, ¿qué elijo?

¿Depósito o pagaré bancario? Para saber por cuál de los dos productos decantarse, no queda más remedio que analizarlos y comprobar qué particularidades presentan, con sus ventajas e inconvenientes. Depósito o pagaré bancario son productos similares, con apenas diferencias, por lo que es difícil la decisión.

Depósito o pagarés bancario son los dos modelos más populares para depositar los ahorros sin correr excesivos riesgos. Basados en la renta fija, ofrecen siempre un rendimiento garantizado, aunque en mínimos históricos. Además, proporcionan una rentabilidad de entre el 0,25% y 0,75%.

Ambos se pueden contratarlos a diferentes plazos: a uno, seis, doce e incluso más meses. Y a medida que sus periodos de permanencia se amplían, el interés va aumentando de forma progresiva, pero sin espectacularidad. Son, en ambos casos, productos bancarios altamente asimilables para todos los clientes. No requieren de especiales conocimientos para comprobar su funcionamiento. Solo algunas imposiciones están vinculadas a otros activos financieros (materias primas, renta variable, etc.), y su proceso es algo más complicado.

A partir de estas coincidencias, es aconsejable detectar las divergencias que generan, y que serán las que marquen las pautas para decidirse por uno u otro formato de ahorro. No son muchas, pero sí las suficientes como para tenerlas en cuenta en el momento de dirigir los ahorros hacia algún producto que exporte un rendimiento, por mínimo que sea.

Diferencia: pagos adelantados o a su vencimiento

Esta es la primera diferencia entre el depósito y un pagaré. Mientras que en los depósitos a plazo el abono del interés es flexible en función del modelo suscrito (trimestral, semestral, anual o a su vencimiento), en los pagarés bancarios esta operación se desarrolla, en todos los casos, en el preciso momento de contratarlos, por lo que los ahorradores dispondrán de sus intereses al principio, y sin tener que esperar más tiempo.

Cancelación, ¿sí o no?

Otro aspecto que ofrece diferencias entre ambos diseños es el que se refiere a su posible cancelación. En las imposiciones es más factible este proceso, aunque conllevan penalizaciones (entre el 1% y 2% sobre el importe depositado), admitiendo por lo general los rescates parciales o totales.

Con mayores matices se presenta la estrategia empleada en los pagarés que, si bien contempla esta posibilidad, está cubierta bajo unas condiciones muy duras que anulan todo intento que pase por recuperar sus ahorros. Es más, incluso podría perderse una parte de las aportaciones como consecuencia de sus fuertes penalizaciones.

Flexibilidad para suscribirlos

La gran oferta de canales en donde pueden contratarse los depósitos es uno de los valores añadidos que apuntala su candidatura para dar refugio a los ahorros de las familias. Pueden formalizarse desde las sucursales bancarias, por teléfono y en formato on line.

Los pagarés, por el contrario, rara vez admiten otros cauces que no provengan del contrato firmado desde las oficinas. El motivo es su escasa comercialización a través de las webs de las entidades financieras.

Aportaciones mínimas

Una ventaja que ofrecen las imposiciones es que, al desarrollarse bajo una amplia oferta, admiten toda clase de aportaciones, desde solo 100 euros, a otras más exigentes que exigen un importe mínimo cercano a 10.000 euros.

No ocurre lo mismo con los pagarés bancarios que, en general, parten de ingresos más elevados, en torno a 6.000 euros.

En cualquier caso, en lo que coinciden ambos modelos, es que están abiertos a una cantidad máxima adaptada a los perfiles de sus clientes.

¿Qué garantías ofrecen?

Una diferencia sustancial entre ambos productos bancarios es la garantía que ofrecen, y que es por completo contrapuesta en las dos propuestas.

Así, los depósitos, sea cual fuese el modelo suscrito, está cubierto por el Fondo de Garantía de Depósitos, hasta un máximo de 100.000 euros por titular. En plazos superiores, habría que distribuir los ahorros en varios bancos, para no superar el límite impuesto por la normativa financiera.

Otra opción consistiría en formalizar la imposición de forma conjunta con otro titular, consiguiendo doblar la protección máxima, hasta 200.000 euros. Esta garantía depositaria no afecta a todos los productos por igual, y en este sentido, los pagaréss -como una de sus principales desventajas para contratarlos- no cuentan con esta cobertura para proteger sus aportaciones. Como consecuencia de ello, si hubiese una quiebra del banco, el cliente perdería de forma automática todos los ahorros depositados a través de este producto, sin posibilidad de recuperarlos, limitándose a emprender otras vías más complejas.

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