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¿Podemos prescindir de los bancos?

No se puede obligar a nadie a abrir una cuenta bancaria, pero muchos productos y servicios son inaccesibles sin ella

La casi totalidad de la vida como ciudadanos y consumidores tiene a una entidad bancaria como intermediario. Pago de servicios e impuestos municipales, cobro de la nómina o el acceso a bienes diversos se realizan con medios de pago, a menudo, distintos del dinero en efectivo. En algunos casos, aunque no se puede obligar a nadie a tener una cuenta bancaria a su nombre, es casi imposible acceder a determinados servicios y productos sin ella.

"Bancarización" imparable

La gran mayoría de las operaciones financieras en nuestro país no se abonan en efectivo. No obstante, al preguntarse si se puede vivir sin tener relación alguna con el banco, la respuesta no conlleva dudas: sí. Nadie puede obligar a un ciudadano a pagar un recibo solo si lo domicilia en su cuenta o a cobrar su nómina de la misma manera. En todo caso, lo correcto para reflexionar sobre la "bancarización" de la vida sería preguntarse: ¿Se quiere vivir sin dinero en el banco?

Se puede vivir sin tener ninguna relación con el banco, pero resulta muy incómodo

La expansión del sector bancario ha sido imparable, sobre todo con la proliferación de los medios electrónicos y la banca on line. De esta forma, a la ya afianzada presencia de las tarjetas de crédito y de débito en la vida cotidiana, se suma la atractiva oferta de los bancos, con regalos y promociones que incluyen en muchos casos la anulación de comisiones bancarias por los servicios prestados, a cambio de domiciliar la nómina o los recibos de la luz, el gas o el teléfono.

Cuestión de comodidad

Lo cierto es que, aunque no corran los mejores tiempos y en ocasiones haya quien desee guardar sus ahorros "bajo el colchón", vivir sin el banco no resulta cómodo. Más allá de que el cobro automático del consumo de luz, de teléfono o del impuesto de circulación del coche, entre otros, no conlleve costes extra, no sería sencillo optar por el pago en ventanilla.

Algunas compañías de teléfonos proponen una doble opción, según la cual se puede domiciliar la factura o pagar en ventanilla. Pero los problemas empiezan desde las páginas web, al querer averiguar qué sucursales o entidades bancarias aceptan el pago: al hacer clic sobre la opción en la pantalla, no hay listado. En otros casos, la opción de pago por ventanilla no se contempla y solo se ofrecen dos vías: domiciliación bancaria o pago con tarjeta de crédito.

Los consumidores parecen aceptar este tipo de prácticas comerciales, aunque no hay riesgos en esta actuación, salvo que favorecen que los hábitos de consumo sean más controlables. En suma, todos los movimientos de la economía de los ciudadanos están registrados en su cuenta, aunque la ley de protección de datos preserva a los titulares de la difusión y mal empleo de los mismos.

El dato que demuestra de modo más claro la "bancarización" de la economía doméstica es que la Agencia Tributaria realiza su trabajo de inspección y control a través de las cuentas corrientes de los contribuyentes. Los bancos tienen la obligación de brindar los datos de movimientos e ingresos ante el pedido de la Agencia, la única entidad que puede prescindir del procedimiento judicial para tal fin.

El banco en todos los ámbitos

En el ámbito laboral, la "bancarización" ha tomado la cabeza con la práctica de domiciliación de nóminas. La legislación laboral no obliga a los empleadores a ninguna forma de pago en particular, pero por cuestiones operativas, el pago en cuenta es la primera opción. El problema surge ante las exigencias de algunos bancos de domiciliar la nómina a cambio de la concesión de un crédito, entre otros, lo que obliga al trabajador a negociar con su empresa el cambio de cuenta o la adopción de la transferencia bancaria como forma de pago, si este se hacía de otra forma hasta ese momento.

La domiciliación de los pagos ahorra trámites a las empresas y proporciona comodidad al ciudadano

El uso de la domiciliación de recibos como medio de pago es una práctica extendida a todo el ámbito de la economía. La Administración ha promovido la domiciliación en las cuentas de los ciudadanos, como es el caso de los impuestos municipales.

Con esta práctica, los ciudadanos se benefician de la comodidad de no atender a fechas de pago o vencimiento y se aseguran de que el devengo será en el último día de vencimiento, una política que también adoptan las empresas privadas para incentivar a los consumidores a elegir la domiciliación como medio de pago.

Las empresas -tanto públicas como privadas- y los ayuntamientos se ahorran gran cantidad de trámites y de relaciones con las entidades financieras. Además, aunque se cobre el último día del periodo de pago voluntario, las empresas tienen garantizado que percibirán las cantidades que correspondan, sin necesidad de abrir expedientes e iniciar trámites sancionadores.

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