Teletrabajo

Su expansión es lenta y provoca recelos entre los empresarios, que todavía no ven en el trabajo desde casa una alternativa a la oficina tradicional
Por Azucena García 10 de agosto de 2006

En los años 70 surgió en Estados Unidos el teletrabajo, una nueva forma de organización en la que el empleado desempeña su labor con resultados óptimos desde un lugar distinto a la empresa. Un ordenador portátil y un teléfono móvil son suficientes para conseguirlo. Sin embargo y a pesar de las ventajas de esta modalidad según algunos empresarios y trabajadores no está lo suficientemente implantada en España, donde apenas el 4,9% de la población activa recurre al teletrabajo, frente al 13% que alcanza la media de la Unión Europea. Traductores, diseñadores gráficos o consultores son algunos de los sectores que mejor se adaptan a esta modalidad. En su mayoría, se trata de profesionales que trabajan desde su propia casa, lo que favorece la conciliación de la vida laboral y familiar, y que son valorados de acuerdo a la consecución de objetivos y no a las horas de presencia en la oficina. Por su parte, aunque la mayoría de las empresas recelan de esta fórmula, otras más punteras ya optaron por ella hace una década, asegurando que la productividad puede mejorarse hasta en un 15%.

Escasa implantación

La implantación de las nuevas tecnologías ha favorecido la creación de nuevas formas de trabajo, entre ellas, el teletrabajo. Una modalidad surgida hace algo más de treinta años en Estados Unidos que, sin embargo, no termina de despegar en España. Según un estudio titulado “Productividad y nuevas formas de organización del trabajo en la Sociedad de la Información”, de la Universidad Carlos III, sólo el 4,9% de los trabajadores españoles son teletrabajadores, frente a cifras que se disparan en Estados Unidos (25%) y los países del norte de Europa: Holanda (26%), Finlandia (22%), Dinamarca (21%), Suecia (19%), Reino Unido (17%) y Alemania (17%). El informe, además, destaca la baja implantación del teletrabajo en países como Portugal (3%) y Francia (6%), y considera “evidente” la conexión de éste con la adopción de nuevas tecnologías. Respecto al interés de los ciudadanos por el teletrabajo, el mismo estudio asegura que el 40% de los trabajadores europeos está interesado por el teletrabajo permanente, mientras que el 52% se muestra favorable a trabajar, al menos un día a la semana, desde casa.

En este sentido, el Ministerio de Administraciones Públicas llevó a cabo entre el último trimestre de 2005 y el primero de 2006 una experiencia piloto de teletrabajo con 30 funcionarios que se prestaron voluntariamente. En estos momentos se plantea la extensión del teletrabajo a la Administración General del Estado

En estos momentos se plantea la extensión del teletrabajo a la Administración General del Estado

“en los puestos en los que sea posible y pueda contribuir a una mejor conciliación de la vida familiar y laboral y a la mejora del cumplimiento de los objetivos del puesto de trabajo”. Esta intención viene motivada por los buenos resultados derivados de esta primera experiencia, según los cuales la productividad en los puestos ‘teletrabajados’ se mantuvo o, incluso, aumentó. Por su parte, los teletrabajadores que participaron en este proyecto expresaron mayoritariamente un alto grado de satisfacción, puesto que a muchos les permitió atender “mejor y más relajadamente” sus responsabilidades familiares, mientras que a otros les mejoró “sustancialmente” su tiempo personal, de ocio y formación. Entre los consejos de los expertos que organizaron el proyecto, destacó la recomendación del teletrabajo como una “excelente herramienta” para trabajadores con familiares dependientes (niños o mayores), problemas de movilidad, residencias alejadas o interesados en general.

Escasa implantación

Sin embargo, hasta el momento en España son pocas las empresas que se han acogido a esta fórmula. Uno de los casos más llamativos es el de IBM, que ha recibido varios premios por su política de flexibilidad y su apuesta por opciones como el teletrabajo. En 1995 se inició el denominado ‘Plan Mobility’, basado en la posibilidad de desarrollar el trabajo desde casa a los empleados que lo desearan, a los que se facilita un ordenador portátil y un teléfono móvil “para que realicen su trabajo en el momento y lugar que más les convenga”. En la actualidad, más de 4.300 empleados de la compañía cuentan con un ordenador portátil cedido por ésta, más de 2.700 tienen un teléfono móvil de la empresa y más de 700 tienen instalada en su domicilio una línea ADSL proporcionada también por IBM. Desde la empresa, afirman que así “se mejora la productividad hasta en un 15% y se incrementa la satisfacción de los empleados, que pueden gestionar sus tiempos de manera más eficaz y equilibrar su vida laboral y personal”. “Este plan implica la existencia de una cultura de confianza entre empleados y directores y un sistema de evaluación basado en los resultados y no en las horas de presencia en la oficina”, añaden.

Otros ejemplos son los de multinacionales como Accenture o Cisco, que también proporcionan a los empleados que lo solicitan el material necesario para trabajar desde un lugar diferente a la oficina. “Aunque el proyecto se inició como un proyecto piloto, en la actualidad es un programa con mucho futuro, que sigue la tendencia de la compañía, presente en 48 países en los que también se recurre al teletrabajo, con mejores cifras que en España”, confirman desde Accenture. Frente a estos casos, la razón de la lenta expansión de teletrabajo parece ser la desconfianza que existe entre los empresarios, que recelan del hecho de no tener a sus empleados a la vista. Según un estudio del portal de empleo Monster elaborado el pasado año, el 61% de las empresas no tiene ningún interés en la introducción del teletrabajo. Una circunstancia a la que se suma que no todos los empleos se pueden adaptar a esta modalidad, tal y como explica Emilio Sáez Soro, periodista y sociólogo, investigador de las implicaciones sociolaborales del teletrabajo y profesor de la Universidad Jaume I de de Castellón: “Perfiles que parecían más propicios y se pensaba que podían estar más extendidos, como secretariado u otros de menor cualificación, finalmente no se han implantado en el teletrabajo, sino que han acabado siendo más presenciales y controlados”.

Ventajas e inconvenientes

Los defensores del teletrabajo destacan entre sus ventajas la posibilidad de reducir los costes de alquiler de una oficina, ya que generalmente el trabajo se realiza en el propio domicilio. Además, esta circunstancia permite ahorrar tiempo en los desplazamientos (que apenas se realizan), lo que repercute en una disminución del consumo de combustible y en un aumento del tiempo de ocio, al no tener que perderlo en el camino de regreso a casa. Por otro lado, el hecho de estar en casa, favorece la conciliación de la vida familiar y laboral, por lo que puede ser una excelente herramienta para personas con familiares dependientes (niños o mayores), personas con problemas de movilidad o gente que, simplemente, tienen la residencia alejada del lugar de trabajo. En este sentido, la libertad de horarios juega un papel muy importante, ya que cada teletrabajador se distribuye el tiempo de acuerdo a sus intereses o necesidades, aunque exige también grandes dosis de autodisciplina para cumplir con los objetivos que marca el empresario y las horas necesarias de trabajo. Precisamente, se considera que uno de los mayores inconvenientes del teletrabajo es la impersonalidad a la que somete al empleado, si bien, por otro lado, contribuye a que sea valorado por su productividad y su valía profesional. “En realidad, para definir las posibles ventajas hay que hacer un análisis particular de cada caso”, señala Sonia Boiarov.

Asimismo, Luis Miguel Bascones, sociólogo y consultor de Technosite, empresa dedicada a teleservicios, reconoce que una de las principales ventajas del teletrabajo es el impulso a la incorporación al mercado laboral de personas discapacitadas o con problemas de movilidad,

Facilita la incorporación al mercado laboral de personas discapacitadas o con problemas de movilidad

ya que les permite, en el caso de personas en sillas de ruedas, “evitar las barreras arquitectónicas”. No obstante, explica que el gusto por la actividad presencial por parte de las empresas ha colaborado en el freno a la expansión del teletrabajo y cuestiona la posibilidad de impulsar el teletrabajo “mediante contratos que contemplen esta modalidad”. “También es importante el asesoramiento, orientación y apoyo para poner en marcha esta forma de trabajar, que alcanza los objetivos como cualquier otra y permite economizar en el alquiler de espacio y de infraestructura”, concluye.

En el lado opuesto, el teletrabajo hace presente el riesgo de aislamiento del empleado, por lo que se debe hacer un esfuerzo por no perder el contacto con la empresa o bien colocar la oficina en un lugar de la casa que no le aísle completamente del exterior. Lo ideal, según Boiarov, “sería tener un lugar específico para crear una oficina en casa”. “Sea donde sea que se teletrabaje, si uno no vive solo, tendrá que dialogar y explicar a la familia que la oficina está en su casa, para que se respeten ciertas reglas necesarias para trabajar, como saber quién atiende el teléfono o que no estaremos disponibles para todo aunque estemos en casa”, añade. Una buena solución para este caso sería contar con un piso que incluya una habitación extra para tener la oficina separada del resto del hogar. “Seguramente, esto marcará nuevas tendencias en las arquitecturas de los hogares”, augura Boiarov. Cuando la casa es pequeña o viven niños en ella, una alternativa es aprender a separar el tiempo, “que en un momento dado se trabaje mientras los niños están haciendo sus deberes”, explica Sáez Soro.

En este sentido, es fundamental organizarse y evitar la “invasión” que Internet o el teléfono pueden suponer. Ambas herramientas deben robar el tiempo necesario para realizar el trabajo, es decir, hay que separar el tiempo de trabajo de la vida privada y saber cuándo buscar en Internet información de trabajo y cuándo de ocio.

Telecentros

En torno al teletrabajo surgieron hace aproximadamente una década los denominados telecentros, oficinas con telecomunicaciones y equipos informáticos necesarios para desarrollar actividades de teletrabajo. Su objetivo es acercar las áreas alejadas de los núcleos de empleo, por lo que generalmente se implantan en zonas rurales. Entre sus ventajas, destacan el aumento de oportunidades de trabajo, la flexibilidad del horario laboral y la regeneración económica en zonas deprimidas, al conectar algunas de las regiones más deprimidas. El primer centro rural en España se inauguró en la localidad vizcaína de Gordexola en 1997. Su co-responsable, Eneritz Angulo, recuerda que en sus orígenes se orientó al acercamiento de las nuevas tecnologías a la ciudadanía, así como a labores de formación, sensibilización y apoyo al teletrabajo. “Se ha pasado de una formación más básica de aprender el manejo de Internet y el correo electrónico a una formación más orientada a la búsqueda de un empleo”, precisa.

Sin embargo, el desarrollo del teletrabajo, según Angulo, “va muy lento”. “Al comienzo, diferentes personas se acercaban para probar, porque el Ayuntamiento tiene becas de teletrabajo para llevar a cabo en las instalaciones del telecentro un proyecto de trabajo, pero ahora apenas se utilizan para teletrabajar. De hecho, las becas han quedado vacantes los últimos años”, agrega. En este sentido, algunos telecentros han reducido sus labores a talleres de formación, aunque todavía hay algunas personas que acuden a ellos “para trabajar cerca de casa, pero no en casa”. “En lugar de ir a la oficina, prefieren acudir al telecentro, aunque en la actualidad la opción mayoritaria pasa por quedarse en el propio domicilio porque resulta más cómodo”, subraya.

En general, los centros de teletrabajo o telecentros tienen unas características comunes:

  • Posibilidad de reducir los tiempos de desplazamiento, lo que supone un ahorro de tiempo y dinero.
  • Facilitar el acceso al mercado laboral de personas que viven en núcleos rurales.
  • Mejorar la formación informática.
  • Evitar el aislamiento, tan temido por algunos teletrabajadores.
  • Aprovechar mejor los centros, al compartir los equipos con varias personas.
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