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Intérpretes y traductores, dos profesiones distintas

La tarea de traductores e intérpretes salpica infinidad de aspectos de la vida cotidiana, desde una novela hasta la carta de un restaurante, pasando por las instrucciones de los electrodomésticos

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 15 enero de 2008
Img interprete Imagen: Jim Amorin

Un trabajo útil

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Un viaje de placer al extranjero, una reunión con un cliente importante de otro país, una entrevista de trabajo, navegar por Internet… Quien más, quien menos, ha tenido la oportunidad de comprobar la importancia de conocer diferentes idiomas. En el mundo globalizado en que vivimos, donde las relaciones tanto profesionales como personales a nivel internacional se han convertido en algo habitual, ser políglota es un valor en alza. Pero “chapurrear” el inglés o “apañarse” con el francés, no siempre es suficiente. A determinados niveles, en los que el éxito o el fracaso (por ejemplo, de una operación comercial) depende, en parte, de cuestiones idiomáticas, la labor de un profesional resulta indispensable e insustituible. La tarea de traductores e intérpretes salpica infinidad de aspectos de nuestra vida cotidiana. Tras la novela que está sobre nuestra mesita de noche, la carta de un restaurante en varios idiomas, la película coreana que vimos subtitulada, o las instrucciones de nuestro reproductor de MP3 made in China, o incluso la revista bilingüe que nos proporcionan cuando viajamos en avión, se encuentra el trabajo de un traductor o un intérprete. Y estos son meros ejemplos de un sector que abarca un amplísimo espectro, en cuanto a modalidades, temática y variedad de idiomas.


En función de la necesidad, se puede acudir a traductores o intérpretes generalistas o técnicos, especializados en sectores de lo más variopintos: literario, jurídico, banca…

Traducción e interpretación no son sinónimos. La diferencia básica entre un traductor y un intérprete es que el primero trabaja con textos escritos, mientras que el segundo se dedica a realizar traducciones habladas de un discurso. Un traductor de textos puede dedicarse también a la interpretación, y es algo habitual, pero existe una tendencia a la especialización en este sentido. Además, tanto en un caso como en el otro, hay especialistas en determinados tipos de contenidos, es decir, dependiendo del tema específico sobre el que se trabaje. Así, en función de cada necesidad concreta, se puede acudir a traductores o intérpretes generalistas o técnicos, especializados en sectores y ámbitos de lo más variopintos: textos literarios o periodísticos, traducción jurídica (para contratos, por ejemplo), banca, seguros, comercio, industria, turismo y hostelería, fusiones y adquisiciones de empresas, traducción de programas informáticos y páginas web y un largo etcétera.

Las traducciones juradas

Por su elevado coste, los principales demandantes de servicios, tanto de intérpretes como de traductores, son empresas u organismos oficiales. Los particulares, según explica Marta Bernar, de la agencia de traducción Tridiom, acuden a ellos cuando necesitan traducciones juradas de documentos que deben presentar ante organismos oficiales, para realizar diferentes tipos de trámites. Una traducción jurada es una traducción firmada y sellada por un intérprete jurado (esta es su denominación oficial), y por tanto, acreditado por el Ministerio de Asuntos Exteriores para realizarla. En el caso de nuestro país, la traducción se llevará a cabo del español al idioma en cuestión o viceversa, pero no entre dos idiomas extranjeros. En cada caso, el traductor certifica que la traducción es fiel al documento original, dotándolo así de oficialidad, de validez legal. También existe interpretación jurada oral, que se usa, por ejemplo, en juicios. El intérprete jurado se considera, pues, oficialmente cualificado para traducir documentos, y que éstos produzcan efectos legalmente vinculantes.


Para ejercer como traductor o intérprete no se exige, salvo en el caso de las declaraciones juradas, ningún título específico

El intérprete jurado es un titulado universitario que ha superado el examen que a tal efecto anualmente convoca el Ministerio de Exteriores, o ha sido facultado por éste por estar en posesión de la Licenciatura en Traducción e Interpretación (relativamente nueva en España) o tener una titulación equivalente en otro país de la Unión Europea. En la página web del Ministerio de Exteriores se encuentra publicada la relación de intérpretes jurados acreditados en España y el idioma al que traducen, así como sus datos de contacto. Al margen de la interpretación jurada, sin embargo, la legislación española no exige titulación específica alguna para ejercer la profesión de traductor o intérprete, aunque resulta evidente que quien se dedica a ello debe demostrar en la práctica cualidades y conocimientos obvios. Por ejemplo, tal y como explica Álvaro Belmonte, desde una agencia experta en traducción e interpretación, es habitual la figura del licenciado en Derecho, con dominio de un idioma extranjero, que se dedica a la traducción jurídica.

Idiomas poco comunes

En cuanto a variedad de idiomas, las labores de traducción van más allá de los hasta ahora considerados habituales o mayoritarios, como el inglés, francés, alemán o italiano. En España, la influencia de la inmigración se ha hecho notar en la demanda de traducciones juradas de partidas de nacimiento, certificados matrimoniales, de penales, etcétera, para tramitar, entre otros, el permiso de residencia o la nacionalidad.


La influencia de la inmigración ha multiplicado en España el trabajo de los traductores para poder realizar trámites de la más diversa índole

Desde las últimas adhesiones de países a la Unión Europea (e incluso desde algunos años antes, según profesionales del sector) ha habido un incremento en la demanda de traducciones juradas desde idiomas del este europeo, tales como el rumano o el polaco. Según explica Belmonte, en los últimos años se ha notado también un goteo de demandas de traducción de ruso y ucraniano. Aunque los europeos son los más demandados entre los idiomas “poco comunes”, están en auge otros como el chino o el árabe. Este último, sobre todo, debido a la incidencia de los inmigrantes de origen marroquí.

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