Intérpretes y traductores, dos profesiones distintas

La tarea de traductores e intérpretes salpica infinidad de aspectos de la vida cotidiana, desde una novela hasta la carta de un restaurante, pasando por las instrucciones de los electrodomésticos
Por Andone Marín 15 de enero de 2008
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Imagen: Jim Amorin

Un trabajo útil

Un viaje de placer al extranjero, una reunión con un cliente importante de otro país, una entrevista de trabajo, navegar por Internet… Quien más, quien menos, ha tenido la oportunidad de comprobar la importancia de conocer diferentes idiomas. En el mundo globalizado en que vivimos, donde las relaciones tanto profesionales como personales a nivel internacional se han convertido en algo habitual, ser políglota es un valor en alza. Pero “chapurrear” el inglés o “apañarse” con el francés, no siempre es suficiente. A determinados niveles, en los que el éxito o el fracaso (por ejemplo, de una operación comercial) depende, en parte, de cuestiones idiomáticas, la labor de un profesional resulta indispensable e insustituible. La tarea de traductores e intérpretes salpica infinidad de aspectos de nuestra vida cotidiana. Tras la novela que está sobre nuestra mesita de noche, la carta de un restaurante en varios idiomas, la película coreana que vimos subtitulada, o las instrucciones de nuestro reproductor de MP3 made in China, o incluso la revista bilingüe que nos proporcionan cuando viajamos en avión, se encuentra el trabajo de un traductor o un intérprete. Y estos son meros ejemplos de un sector que abarca un amplísimo espectro, en cuanto a modalidades, temática y variedad de idiomas.

En función de la necesidad, se puede acudir a traductores o intérpretes generalistas o técnicos, especializados en sectores de lo más variopintos: literario, jurídico, banca…

Traducción e interpretación no son sinónimos. La diferencia básica entre un traductor y un intérprete es que el primero trabaja con textos escritos, mientras que el segundo se dedica a realizar traducciones habladas de un discurso. Un traductor de textos puede dedicarse también a la interpretación, y es algo habitual, pero existe una tendencia a la especialización en este sentido. Además, tanto en un caso como en el otro, hay especialistas en determinados tipos de contenidos, es decir, dependiendo del tema específico sobre el que se trabaje. Así, en función de cada necesidad concreta, se puede acudir a traductores o intérpretes generalistas o técnicos, especializados en sectores y ámbitos de lo más variopintos: textos literarios o periodísticos, traducción jurídica (para contratos, por ejemplo), banca, seguros, comercio, industria, turismo y hostelería, fusiones y adquisiciones de empresas, traducción de programas informáticos y páginas web y un largo etcétera.

Las traducciones juradas

Por su elevado coste, los principales demandantes de servicios, tanto de intérpretes como de traductores, son empresas u organismos oficiales. Los particulares, según explica Marta Bernar, de la agencia de traducción Tridiom, acuden a ellos cuando necesitan traducciones juradas de documentos que deben presentar ante organismos oficiales, para realizar diferentes tipos de trámites. Una traducción jurada es una traducción firmada y sellada por un intérprete jurado (esta es su denominación oficial), y por tanto, acreditado por el Ministerio de Asuntos Exteriores para realizarla. En el caso de nuestro país, la traducción se llevará a cabo del español al idioma en cuestión o viceversa, pero no entre dos idiomas extranjeros. En cada caso, el traductor certifica que la traducción es fiel al documento original, dotándolo así de oficialidad, de validez legal. También existe interpretación jurada oral, que se usa, por ejemplo, en juicios. El intérprete jurado se considera, pues, oficialmente cualificado para traducir documentos, y que éstos produzcan efectos legalmente vinculantes.

Para ejercer como traductor o intérprete no se exige, salvo en el caso de las declaraciones juradas, ningún título específico

El intérprete jurado es un titulado universitario que ha superado el examen que a tal efecto anualmente convoca el Ministerio de Exteriores, o ha sido facultado por éste por estar en posesión de la Licenciatura en Traducción e Interpretación (relativamente nueva en España) o tener una titulación equivalente en otro país de la Unión Europea. En la página web del Ministerio de Exteriores se encuentra publicada la relación de intérpretes jurados acreditados en España y el idioma al que traducen, así como sus datos de contacto. Al margen de la interpretación jurada, sin embargo, la legislación española no exige titulación específica alguna para ejercer la profesión de traductor o intérprete, aunque resulta evidente que quien se dedica a ello debe demostrar en la práctica cualidades y conocimientos obvios. Por ejemplo, tal y como explica Álvaro Belmonte, desde una agencia experta en traducción e interpretación, es habitual la figura del licenciado en Derecho, con dominio de un idioma extranjero, que se dedica a la traducción jurídica.

Idiomas poco comunes

En cuanto a variedad de idiomas, las labores de traducción van más allá de los hasta ahora considerados habituales o mayoritarios, como el inglés, francés, alemán o italiano. En España, la influencia de la inmigración se ha hecho notar en la demanda de traducciones juradas de partidas de nacimiento, certificados matrimoniales, de penales, etcétera, para tramitar, entre otros, el permiso de residencia o la nacionalidad.

La influencia de la inmigración ha multiplicado en España el trabajo de los traductores para poder realizar trámites de la más diversa índole

Desde las últimas adhesiones de países a la Unión Europea (e incluso desde algunos años antes, según profesionales del sector) ha habido un incremento en la demanda de traducciones juradas desde idiomas del este europeo, tales como el rumano o el polaco. Según explica Belmonte, en los últimos años se ha notado también un goteo de demandas de traducción de ruso y ucraniano. Aunque los europeos son los más demandados entre los idiomas “poco comunes”, están en auge otros como el chino o el árabe. Este último, sobre todo, debido a la incidencia de los inmigrantes de origen marroquí.

Las empresas, sus clientes

Dejando a un lado las necesidades puntuales (sobre todo por cuestiones de “papeleo”) por las que los particulares acuden a los servicios de traducción, las empresas y los organismos públicos son los grandes demandantes. Sus necesidades en este aspecto pueden ser amplias y variadas, a la vez que voluminosas. Balances, cuentas anuales, contratos , folletos publicitarios o manuales técnicos de productos y maquinaria que se desean comercializar en el extranjero, son material de trabajo habitual en muchas agencias de traducción. También lo son las traducciones para revistas en varios idiomas o especializadas en diferentes ámbitos (por ejemplo, la revista CONSUMER EROSKI cuenta con ediciones en catalán, gallego y euskera además de en castellano).

Los servicios de interpretación son habituales en reuniones comerciales o negociaciones. Otro ejemplo típico sería el realizado en cursos de formación. Es habitual que una empresa con sede en otro país pero que tiene oficinas en España, envíe a un empleado suyo para que ofrezca formación a los del país de destino, para lo cual se utilizan los servicios de un intérprete.

Aunque a nivel empresarial, el inglés es el idioma estrella, al igual que sucede en el caso de la demanda particular, están entrando con fuerza el polaco y el rumano

Los congresos son un clásico; las reuniones entre proveedores internacionales y compradores nacionales y viceversa están a la orden del día. Asimismo, en juntas de accionistas del sector de la banca, por ejemplo, suelen demandarse servicios de interpretación simultánea, incluso online, en el que se establece contacto en directo con otros países. Empresas de estudios de mercado requieren, en ocasiones, servicios de interpretación. Una empresa francesa que quiere comercializar un producto en España, por ejemplo, puede realizar pruebas para estudiar la aceptación de su producto en el público español, como indica Bernar. En una prueba grupal en la que se observa la reacción de los individuos que prueban dicho producto, el intérprete iría describiendo las reacciones y comentarios al empresario francés.

A nivel empresarial, el inglés es el idioma estrella. Pero al igual que sucede en el caso de la demanda particular, actualmente están entrando con fuerza el polaco y el rumano, según indican fuentes del sector, debido a que muchas empresas españolas se están instalando en esos países del Este europeo. Algo parecido ocurre con el idioma chino.

¿Cuánto cuestan?

Los servicios de intérpretes y traductores no son baratos. Puesto que se trata de una profesión libre, para la que no se exige una titulación en concreto, no existen tarifas oficiales, ni siquiera para la traducción jurada. Los precios varían ostensiblemente de un traductor a otro, que establece libremente sus honorarios en función de su experiencia, su cartera de clientes o volumen de trabajo, así como del idioma con el que trabaje.

No es fácil establecer unos precios medios u orientativos. El coste de las traducciones escritas varía en función de la dificultad o extrañeza del idioma, el tipo de contenido y las características del documento emitido. Para textos en idiomas extranjeros más o menos habituales (o también en idiomas autonómicos, en el caso de España), como inglés, francés, alemán, italiano o portugués, las tarifas pueden rondar los 0,90 euros por línea (también se puede facturar por palabras o caracteres) cuando el contenido es general; algo más de un euro en las traducciones técnicas y 1,50 euros en las juradas.

En idiomas “habituales”, el servicio puede costar 60 euros por hora; en el caso de idiomas minoritarios el precio asciende hasta los 80 euros la hora

Estas tarifas pueden incrementarse entre un 30% y más de un 60% en los casos de idiomas minoritarios como el árabe, el búlgaro, el rumano, el ruso o el ucraniano. Además, en todo caso, puede exigirse un gasto mínimo. Cuando se requiere una traducción con urgencia, y la entrega del documento se realiza en un espacio de tiempo especialmente corto, se añade un suplemento, que ronda el 30%.

La interpretación se cobra, por lo general, por horas, y se ofrecen precios más asequibles cuando el servicio se contrata por jornadas completas. En idiomas “habituales”, el servicio puede costar, aproximadamente, desde los 60 euros la hora en traducciones generales hasta los 90 euros la hora en la traducción jurada. En el caso de los idiomas más minoritarios, los precios pueden oscilar entre los 80 euros por hora de traducciones de contenido generalista y los 100 euros por cada hora de las juradas. Estas tarifas se incrementan cuando el servicio se presta de noche o en días festivos. Además, a este precio habría que añadir las dietas y gastos de desplazamiento que se pudieran ocasionar. Y, en todos los casos, el IVA.