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Cultivos energéticos

Destinados a la producción de biocombustibles, suponen una salida rentable para el sector agrícola, aunque algunos expertos dudan de sus bondades ecológicas

El Protocolo de Kyoto, que restringe la emisión de gases de efecto invernadero, y los planes europeos para incrementar las energías renovables, conllevan el desarrollo de la industria de los biocombustibles, basada en la producción de los denominados "cultivos energéticos". Se trata de cosechas de crecimiento rápido destinadas a la obtención de energía o como materia prima para otras sustancias combustibles.

Proporcionan a la UE ser menos dependientes de los combustibles fósiles, y a los agricultores una nueva vía de ingresos y de empleo

Los cultivos energéticos proporcionan a la Unión Europea ser menos dependientes energéticamente de los combustibles fósiles, y a los agricultores una nueva vía de ingresos y de empleo tras la reforma de la política agrícola común (PAC). En este sentido, Bruselas ofrece subvenciones de 45 euros por hectárea al agricultor que dedique sus tierras a este nuevo sector agroenergético.

En España, la superficie de cultivos energéticos se ha multiplicado por ocho en la campaña 2006-2007, con un total de 223.467,3 hectáreas, según el Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA). La Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) afirma que el cardo, sorgo y colza etíope, con algunos casos de chopo y eucalipto, son los cultivos más utilizados, y que Castilla y León, Castilla La Mancha, Andalucía y Aragón disponen del 80% del potencial del país.

No obstante, tanto los agricultores como el gobierno consideran insuficientes las ayudas. Según la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), este incremento se debe más bien a un demérito del sector alimentario, y augura para la próxima campaña el descenso de la superficie destinada a cultivos energéticos, debido a los mejores precios que se esperan del mercado de la alimentación animal y humana. En este sentido, la Ministra de Agricultura, Elena Espinosa, solicitaba en el reciente Consejo de Ministros de Agricultura de la UE el aumento de las subvenciones.

En cualquier caso, los cultivos energéticos son una oportunidad de negocio en España, tanto por el potencial de consumidores como por la materia prima disponible. Repsol YPF y Acciona, por un lado, y el grupo Santander e Isolux, por el otro, se han unido recientemente para construir sendas plantas de producción de biodiesel, con inversiones iniciales que rondan los 300 millones de euros en cada caso. Por su parte, el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) presentaba este verano un proyecto en el que se detallará cuáles son los mejores cultivos para cada región española y las condiciones para multiplicar este recurso, reduciendo a la mitad su coste actual y posibilitando su implantación comercial antes de 2012.

Sin embargo, los expertos afirman que su desarrollo en España está siendo muy lento, especialmente al compararlo con otros países. Suecia, Finlandia, Austria, Dinamarca, Italia, Alemania, Francia, y en menor medida Inglaterra, están apostando firmemente por la bioenergía, con el impulso de medidas legislativas y de concienciación ciudadana, y el apoyo a las iniciativas industriales. Por su parte, Estados Unidos es también otro país convencido, al considerarlo una manera de disminuir su dependencia del petróleo extranjero y un recurso económico para los agricultores.

Por su parte, algunas voces muestran sus discrepancias sobre la viabilidad comercial y las supuestas bondades ecológicas de destinar cultivos para fines energéticos. Diversas organizaciones ecologistas afirman que el aumento de la producción de biocombustibles, basada en extensos monocultivos de árboles, caña de azúcar, maíz, palma aceitera y soja, entre otros, está causando en los países del Sur graves problemas de desalojo de pueblos indígenas, deforestación, incendios forestales provocados o pésimas condiciones de trabajo.

Según estas ONGs, el aumento de las ayudas públicas conllevaría la sobreexplotación económica y medioambiental de los recursos agrícolas, cambiando energía por alimentos, lo que supondría un desastre para millones de personas en todo el planeta. Las quejas no sólo vienen del Tercer Mundo: El Sindicato Labrego Galego (SLG) denunciaba recientemente que en Galicia supondrían el "estrangulamiento" de los sectores agropecuarios punteros gallegos como la leche, la carne o la patata.

WWF-Adena apunta a la necesidad de un cambio en el actual modelo de consumo energético, y subraya que aunque se dedicaran todas las áreas cultivables del planeta, no se podría sustituir la cada vez mayor demanda de energía, basada en los combustibles fósiles. En este sentido, desde la APPA se asegura que la clave estará en la mejora de especies energéticamente interesantes, al igual que se ha hecho durante siglos en la industria alimenticia.

Asimismo, la supuesta neutralidad en materia de emisiones de carbono del biodiesel también es puesta en duda. Por ejemplo, estudios realizados en las Universidades de Cornell, en Nueva Cork, y Berkeley, en California, revelan que los métodos de procesamiento actuales gastan más energía fósil para producir el equivalente energético en biocombustible. Asimismo, los estudios que defienden el uso de estas biogasolinas no tienen en cuenta los impactos medioambientales de los cultivos energéticos, como el gasto de agua, la eliminación de bosques tropicales y bosques de pantanos y turberas, que constituyen importantes sumideros de carbono, o el abuso de fertilizantes o plaguicidas.

Impulso institucional para los biocombustibles

A pesar de las voces críticas, diversas iniciativas comunitarias, como la directiva sobre el uso de biocarburantes en el transporte, la Campaña Energía Sostenible para Europa 2005-2008 de la Comisión Europea, o el programa Energía Inteligente para Europa (2003-2006) demuestran el interés de la UE por incrementar el uso de los biocombustibles. Los responsables europeos se marcan como meta que para finales de 2007 el 2% del combustible utilizado en Europa provenga del biodiesel, una cifra que debería incrementarse hasta el 6% en 2010 y al 20% en 2020. Por su parte, un reciente informe de Reuters Business Insight, sostiene incluso que la bioenergía podría suponer la mitad de la energía primaria mundial a mediados de siglo.

En España, el Plan de de Fomento de Energías Renovables 2000-2010 estima que el peso de estas energías alcanzaría a cubrir un 12% de la demanda total al final de este periodo, aunque en la actualidad sólo se ha logrado una cuarta parte de los objetivos. Asimismo, el recientemente aprobado Plan de Asignación 2008-2012, destinado a cumplir el Protocolo de Kyoto, propone diversas medidas necesarias para el incremento de la producción de biocarburantes.

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