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Depósitos de CO2 en España

Se proponen diez lugares para enterrar el CO2 en España, un sistema que reduciría estas emisiones contaminantes

España podría contar en unos años con varios depósitos subterráneos para sepultar el dióxido de carbono (CO2), uno de los principales causantes del cambio climático. El sistema de captura y almacenamiento de CO2 (CCS en sus siglas inglesas) en sumideros podría reducir entre un 15 y un 55% las emisiones de este gas de aquí a 2100, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas. Sin embargo, sus detractores también recuerdan sus inconvenientes para el medio ambiente y el ser humano.

El Ministerio de Industria, a propuesta de la Fundación para Estudios sobre la Energía, ha dado a conocer diez posibles lugares en los que se podrían ubicar depósitos de CO2 en España, tanto en subsuelo costero como terrestre.

En el primer caso se ha pensado en la plataforma costera cantábrica frente a Buelna, en el concejo asturiano de Llanes; frente a Suances, en Cantabria; y frente a la localidad vizcaína de Mundaka. Por su parte, los sumideros bajo tierra se han señalado en Colmenar Viejo (Madrid), Guardo (Palencia), La Tumba (Zaragoza), Eljuive (Teruel), Tomelloso (Ciudad Real) Bahía de Huelva y La Murada (Alicante).

Posteriormente, los responsables institucionales estudiarán estas propuestas antes de decidirse finalmente por alguna de ellas. El proyecto ha contado con 250.000 euros provenientes de diferentes empresas y del propio Ministerio de Industria.

En cualquier caso, la instalación de este sistema debe ser realizado minuciosamente para cumplir su objetivo. La primera fase consiste en identificar las fuentes de CO2, en su mayoría centrales termoeléctricas, como una tecnología para seguir aprovechando el carbón de manera limpia.

En segundo lugar, el sistema se tiene que ocupar de separar el CO2 del resto de gases, y trasladarlo hasta el depósito. Lo ideal sería que el foco emisor, la planta de captura y secuestro, así como el depósito se encuentren en el mismo lugar, pero suele ser muy difícil que coincidan. Por ello, se prevé también el transporte de este gas bien mediante una red de tuberías o "ceoductos", similares a las actuales del gas natural, o bien en estado líquido mediante barcos.

El sistema de captura y almacenamiento de CO2 en depósitos podría reducir entre un 15 y un 55% las emisiones de este gas de aquí a 2100

Finalmente, también hay que estudiar dónde va a ubicarse el depósito, que debe ser totalmente hermético y estable geológicamente. Según los expertos, las rocas basálticas, las formaciones salinas profundas y los yacimientos donde ha habido gas o petróleo suelen ser los más indicados y seguros.

Como sistema adicional que evite posibles filtraciones, se recomienda también ubicar el depósito a una profundidad superior a 800-1.000 metros. Asimismo, estos sumideros deben tener una capacidad mínima de 100 millones de toneladas de CO2, la cantidad emitida por una central térmica durante las tres décadas de su vida útil.

Por otra parte, la localidad leonesa de El Bierzo contará en 2009 con la primera planta experimental de captura de CO2 a partir de "oxicombustión" (utiliza oxígeno en vez de aire) en España. La planta, cuyo coste rondará los 70 millones de euros, servirá para probar estos sistemas de cara a construir más instalaciones de este tipo de tamaño industrial. En el proyecto participan las empresas Foster Wheeler Energía (Fwesa) y Praxair.

Críticas al sistema

Sus defensores consideran que se trata de una tecnología segura y avanzada para luchar contra el cambio climático y recuerdan que puede ser una útil herramienta para alcanzar el objetivo del mercado nacional de emisiones.

En cualquier caso, también reconocen que, si bien los sistemas de captura y almacenamiento son ya una realidad, la separación del CO2 emitido por una central termoeléctrica del resto de gases todavía no se ha logrado a gran escala. En este sentido, la Unión Europea promueve la creación de una docena de plantas experimentales para antes de 2015, por lo que su puesta en marcha de manera generalizada sería a partir de dicha fecha como mínimo.

Sin embargo, las asociaciones ecologistas y diversos expertos se muestran contrarios a este sistema por varias razones. Su generalización, afirman, requerirá la inversión de grandes cantidades de dinero que podría dedicarse a otras tecnologías más ecológicas. En este sentido, Greenpeace sostiene que con esta opción se apuesta por el modelo energético actual, basado en combustibles fósiles, al dar salida a los gases contaminantes de las centrales térmicas, trasladando además el problema a las generaciones futuras.

Asimismo, la falta de seguridad es otro de los inconvenientes apuntados. Por ejemplo, Ecologistas en Acción afirma que nunca se podrá eliminar la posibilidad de escapes tanto a corto como a largo plazo, que podrían contaminar depósitos de agua dulce, restringir los usos agrícolas de los suelos, además de su conocido efecto en el clima. Asimismo, recuerdan el posible impacto ambiental de la instalación de estos depósitos en espacios naturales protegidos.

Por su parte, diversos expertos recuerdan las limitaciones espaciales del almacenamiento de CO2, y estiman que como mucho podría alcanzar un 20-30% de reducción, pero en ningún caso el 55% que apunta el IPCC en sus estimaciones más optimistas. Por ello, en vez de almacenarlo, algunos científicos apuestan por transformar el CO2 en combustible o productos químicos, como el proyecto europeo ELCAT.

Noruega, pionera en enterrar CO2

Desde 1996, la petrolera noruega Statoil ha almacenado más de diez millones de toneladas de CO2 en un depósito ubicado en el mar del Norte. Los responsables de esta empresa conseguían así evitar el impuesto del gobierno noruego que graba a los emisores de CO2 desde los años 90.

Para ello, Statoil construyó una plataforma especial, a 250 kilómetros al oeste de Stavanger, que separa el CO2 del gas natural extraído en el yacimiento Sleipner, a 2.500 metros bajo el nivel del mar. En esta plataforma se inyecta el gas en una capa de arenisca de 200 metros de grosor, situada a 800 metros bajo el fondo marino.

Los defensores de este sistema estiman que los poros de ese gigantesco acuífero salino del mar del Norte podrían almacenar todo el CO2 producido en Europa a lo largo de este siglo.

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