En este contexto, un equipo del Departamento de Ingeniería Química de la Universitat Rovira i Virgili (URV) ha estudiado cómo extraer el aceite que contienen los posos de café. El objetivo es utilizar esa fracción lipídica como materia prima para producir biocombustibles y, al mismo tiempo, conservar el resto de la biomasa para obtener otros productos de interés. Los resultados, obtenidos en condiciones de laboratorio, abren una posible vía para valorizar este residuo dentro de procesos de biorrefinería y economía circular.
Posos de café: materia prima para biocombustible
Cada vez que se prepara una taza de café, una parte importante del material del grano queda retenida en el filtro y se convierte en posos de café. A escala mundial, la producción de café alcanza varios millones de toneladas al año, por lo que también se genera una gran cantidad de este residuo. En España, cafeterías, bares y hogares producen a diario kilos de posos que, en muchos casos, acaban en la basura.
Pero los posos no están “vacíos”. Conservan alrededor de un 15% de lípidos, es decir, grasas que pueden extraerse para obtener aceite. También contienen una estructura vegetal formada principalmente por celulosa, hemicelulosa y lignina. Dicho de forma sencilla, mantienen parte de los componentes sólidos del grano, además de compuestos que pueden tener distintos aprovechamientos.
Uno de esos posibles usos es la extracción del aceite para emplearlo como materia prima en la fabricación de biodiésel. Un equipo de científicos de la Universitat Rovira i Virgili (URV) ha investigado precisamente esta primera etapa del proceso: cómo obtener ese aceite de manera más eficiente, con mejor rendimiento y sin comprometer la biomasa restante, que también puede valorizarse en otros usos dentro de la economía circular.
Una extracción más eficiente
La investigación, publicada en la revista “Biomass and Bioenergy”, analiza cómo influyen tres factores en la extracción del aceite de los posos de café: la temperatura, el tiempo de tratamiento y la proporción entre el disolvente y el residuo.
Tras comparar distintas combinaciones, los investigadores establecieron unas condiciones favorables: 45 °C durante 60 minutos y una proporción de 35 mililitros de hexano por cada gramo de residuo seco. Con estos parámetros, el proceso permite recuperar aproximadamente el 90 % del aceite obtenido mediante Soxhlet, una técnica de laboratorio utilizada como referencia por sus elevados rendimientos, pero que requiere más tiempo y energía y resulta menos adecuada para una aplicación industrial.
Además, el aceite extraído contiene menos impurezas. Según el estudio, estas representan alrededor del 0,3 %, frente al 3,9 % registrado con el método Soxhlet. Por tanto, el procedimiento optimizado permite obtener un aceite más limpio mediante un tratamiento más rápido y con unas condiciones más moderadas.

Un residuo con varios aprovechamientos
Extraer el aceite no significa inutilizar el resto de los posos. La biomasa desgrasada conserva buena parte de su estructura vegetal, formada por celulosa, hemicelulosa y lignina. Estos componentes pueden transformarse en otros productos biológicos, desde bioetanol hasta precursores de combustibles sostenibles de aviación.
Esta idea encaja con el concepto de biorrefinería, un modelo que busca aprovechar un mismo residuo en varias etapas: primero se recuperan los compuestos de mayor valor y después se utiliza la fracción restante para obtener otros productos.
La propuesta resulta prometedora, pero su viabilidad dependerá de factores como la recogida y el transporte de los posos, su elevado contenido inicial de humedad y el consumo de energía y disolventes. Aun así, el estudio muestra una posible vía para convertir un residuo cotidiano en materia prima para la economía circular, especialmente en sectores en los que resulta difícil sustituir por completo los combustibles convencionales, como el transporte pesado.
Más allá de los biocombustibles: posos de café para elaborar compost
La investigación de la URV estudia cómo aprovechar los posos de café a escala industrial, pero la valorización de este residuo también puede hacerse en casa. Una de las opciones más sencillas es incorporarlos al compost, donde aportan materia orgánica y nitrógeno.
Para que se integren bien, conviene mezclarlos con hojas secas, restos de poda, cartón sin tintas u otros materiales ricos en carbono. No es recomendable acumularlos en capas gruesas y compactas: al estar húmedos, pueden apelmazarse, dificultar la circulación del aire y ralentizar el compostaje. Como referencia, algunas guías de extensión agrícola recomiendan que los posos no representen más de aproximadamente el 20 % del volumen total del compost.
Los posos también pueden mezclarse en pequeñas cantidades con la capa superficial del suelo. Sin embargo, no deben considerarse un fertilizante completo: contienen algo de nitrógeno y otros minerales, pero en cantidades variables y no siempre disponibles para las plantas. Por eso no sustituyen a un abono ni deben utilizarse para corregir por sí solos las posibles carencias del suelo. Su efecto dependerá, además, del tipo de tierra, de la planta y de la cantidad empleada.
Posos de café para combatir los olores y ayudar en la limpieza

Los posos de café secos pueden ayudar a disimular o reducir algunos olores domésticos. Para ello, basta con colocarlos en un recipiente abierto dentro del frigorífico, un armario o un zapatero. Su efecto, sin embargo, es limitado y temporal. Cuando el olor procede de alimentos en mal estado, humedad, moho o suciedad acumulada, los posos solo pueden ocultarlo durante un tiempo: no eliminan la causa ni sustituyen a la limpieza y la ventilación.
Los posos también pueden utilizarse como abrasivo suave para retirar restos adheridos en ollas, bandejas o utensilios metálicos. Su textura ayuda a desprender la suciedad, pero conviene probarlos antes en una zona poco visible. Pueden rayar materiales delicados y dejar manchas en superficies porosas, por lo que es mejor no usarlos en utensilios antiadherentes, superficies pulidas o materiales que absorban líquido
En la cocina, frotar una pequeña cantidad de posos sobre las manos después de manipular ajo, cebolla o pescado puede ayudar a reducir el olor. Su textura puede arrastrar parte de las sustancias que quedan adheridas a la piel y su propio aroma puede contribuir a disimularlas. Después, hay que lavarse las manos con agua y jabón, ya que los posos no eliminan la suciedad ni sustituyen la higiene básica.


