¿Se pueden predecir los terremotos?

Diversas investigaciones tratan de obtener sistemas de predicción sísmica y, aunque todavía no son plenamente eficaces, en algunos casos han acertado
Por Alex Fernández Muerza 15 de mayo de 2008
Img terremoto listado
Imagen: S Fujiwara

El temblor de 8,9 en la escala de Richter que ha sacudido Japón vuelve a recordar las terribles consecuencias de estos desastres naturales. Las autoridades japonesas temen que la cifra de fallecidos sea “extremadamente alta”, lo que recuerda al terremoto acontecido en mayo de 2008 en China, donde se registraron más de 12.000 mil fallecidos. A pesar de que en los últimos años se ha avanzado en su conocimiento, aún no se pueden ofrecer predicciones que acierten con garantías cuándo, cómo y dónde se van a producir. Por ello, la prevención es la mejor manera de evitar males mayores. Asimismo, cabe recordar que España tampoco se encuentra a salvo de sufrir una de estas catástrofes.

Qué se sabe hoy día sobre los terremotos

Desgraciadamente, el ocurrido en Japón no es el primero, ni será el último gran terremoto. De hecho, las estadísticas afirman que se producen anualmente varios millones de temblores en todo el mundo, si bien sólo un 20% aproximadamente se produce en áreas pobladas. De todos ellos, algunos cientos son percibidos por la población, y algunas decenas provocarán algún tipo de daño en ciudades. Finalmente, menos de una docena tienen la magnitud suficiente para considerarse terremotos, y sólo unos pocos producirán grandes catástrofes.

/imgs/2008/05/terremoto01.jpgLos estudios científicos han mejorado en las últimas décadas, de manera que se puede saber dónde ha empezado un terremoto y qué tipo de falla lo provocó, e incluso predecir con cierto margen cuánto durarán sus réplicas. En este sentido, la mayoría de los terremotos se producen cuando las placas tectónicas se deslizan unas contra otras. La fricción provoca una rotura o línea de falla y un violento desplazamiento de la corteza terrestre, así como la liberación de la energía almacenada en forma de ondas de choque.

Asimismo, se sabe que estos sucesos suelen estar precedidos, aunque no siempre, por sacudidas, deformación del suelo, modificaciones en los campos electromagnéticos y en el nivel del agua en los pozos, emisiones de gases como radón o hidrógeno en las fracturas, nerviosismo en algunos animales, etc.

Se producen anualmente varios millones de temblores en todo el mundo, si bien sólo un 20% aproximadamente se produce en áreas pobladas

Por otra parte, también se cuenta con sistemas de pre-detección basados en el seguimiento de las ondas primarias, que viajan más rápido que el desplazamiento físico del terreno afectado. Así, tecnologías como QuakeGuard o Quake Alarm permiten avisar a la población y reducir los daños, eso sí, con tan sólo varios segundos de antelación. Por ejemplo, Japón dispone desde el año pasado de un sistema de alerta basado en las mediciones de mil sismógrafos ubicados en diversos puntos de la isla.

Sin embargo, los sismólogos y geofísicos todavía desconocen qué mecanismos funcionan en el interior de la Tierra durante un terremoto, y cómo actúan las fuerzas que evitan que las fallas se muevan pero de pronto se liberen. Por ejemplo, los investigadores han desarrollado diversas simulaciones de terremotos en laboratorio, pero ninguna de ellas ha conseguido un modelo fiel a la realidad.

Ahora bien, lo que sí pueden ofrecer los científicos son mapas con zonas de riesgo basados en probabilidades. Para ello, se tienen en cuenta el registro de terremotos pasados (una zona con frecuentes episodios sísmicos tiene más probabilidades de volver a padecerlos); el análisis geológico del lugar (las fallas de la corteza terrestre son más vulnerables); y los modelos informáticos con datos por satélite, que informan de movimientos o “tensiones” en la corteza terrestre.

¿Se pueden predecir los terremotos?

A día de hoy no es posible conocer con exactitud todos los datos para ofrecer una predicción con garantías, de manera que pudiera ponerse en alerta y movilizar a la población afectada. Así, cualquier predicción debería ofrecer datos fiables y con la suficiente antelación sobre el área específica, la magnitud del terremoto, y un abanico de tiempo concreto en que se fuera a producir.

/imgs/2008/05/terremoto02.jpgEn cualquier caso, diversos equipos científicos en todo el mundo trabajan para poder mejorar los sistemas que permitan predecirlos en un futuro cercano. En este sentido, los primeros intentos de sistemas científicos para predecir terremotos se realizaron en la antigua Unión Soviética a finales de los años 40 del siglo XX. Posteriormente, a partir de la década de los 60, países que habían sufrido grandes terremotos como China, Japón o Estados Unidos comenzaron a impulsar este tipo de estudios.

China cuenta con diversos investigadores que han realizado en algunos casos exitosas predicciones, como los terremotos de Haicheng, en 1975 y en 1999, si bien también han fallado en otros casos, como en el de Tangshan, en 1976.

Las ideas de sistemas predictivos son diversas. Por ejemplo, el “método VAN”, en honor a sus creadores, los profesores Varotsos, Alexopoulos y Nomicos, fue propuesto en la década de los años 80 basándose en las “señales sísmicas eléctricas” captadas por una red de sensores en el suelo.

Un equipo de científicos internacionales, liderado por Shlomi Havlin, de la Universidad Bar-Ilan de Israel daba a conocer en 2005 un modelo matemático basado en terremotos de diversas magnitudes. Sus responsables creen que se puede aprovechar el “efecto memoria” de los terremotos, de manera que su recurrencia permitiría adelantarse a futuros eventos.

El estudio de los fondos oceánicos también puede aportar una valiosa información para la predicción de terremotos. Así lo creen los responsables del proyecto internacional NantroSEIZE, que han estudiado el subsuelo marino de la fosa de Nankai. Por su parte, un grupo de investigadores de la Universidad de Barcelona trabajan en la identificación de zonas del Mediterráneo con alto riesgo de fenómenos sísmicos.

Asimismo, las nuevas tecnologías también están ayudando a combatir las catástrofes naturales. Por ejemplo, satélites como el “GOCE”, construido por la Agencia Espacial Europea (ESA), o el “DEMETER”, en este caso obra del Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia, ofrecen valiosa información al respecto. Por su parte, Internet es una buena herramienta para comunicarse y estar informado de las últimas novedades. Por ejemplo, el Programa de Terremotos del Centro de Estudios Geológicos de Estados Unidos (USGS en sus siglas inglesas) ofrece la posibilidad de seguir los terremotos en casi cualquier parte del mundo y casi en tiempo real, a través del programa Google Earth. Por su parte, algunas investigaciones resultan especialmente curiosas, como la aportada por Zhonghao Shou. Hace dos décadas, este químico chino, ya jubilado, aseguraba que ciertos tipos de nubes, con forma de línea o de pluma, indican la proximidad de un terremoto con un promedio de un mes de antelación. De hecho, Shou afirma en su página web haber predicho decenas de terremotos, como el de Irán de 2003, pero su hipótesis no ha sido generalmente aceptada. No obstante, recientemente, un equipo de geofísicos de la Universidad de Nanyang (China) ha publicado un estudio en International Journal of Remote Sensing, que viene a apoyar esta idea de las “nubes sísmicas”.

A pesar de ello, si bien hay evidencias de que algunos terremotos en ciertas zonas tectónicas son predecibles en el tiempo y espacio, la dificultad de validar los métodos y los requisitos que se exige de las predicciones para casos generales provocan que la comunidad científica internacional no los acepten y sean objeto de polémicas.

Terremotos en España

Los científicos saben que no hay ningún lugar en la Tierra que esté totalmente libre de temblores, y España no es por tanto una excepción. Sin ir más lejos, este 12 de mayo un movimiento sísmico de 3,4 grados en la escala Richter, con su epicentro en el mar a 24 kilómetros al este de Tenerife, fue “ampliamente sentido en algunas zonas de la isla”, según el servicio de emergencias del 112.

/imgs/2008/05/terremoto03.jpgNo obstante, no todas las regiones tienen el mismo riesgo. En la Península, parte de Galicia, el sur y el sudeste de la Península, especialmente Almería y Granada, los Pirineos, la cadena costera catalana y Murcia y el Sistema Ibérico son las zonas con mayores probabilidades de sufrir movimientos sísmicos, mientras que en Canarias, los riesgos se relacionan con el vulcanismo. Asimismo, las zonas litorales pueden ser afectadas por tsunamis.

Así, como recoge la web del Ministerio de Fomento, España ha sufrido a lo largo de su historia destructivos terremotos que se han cobrado la vida de miles de personas.

España ha sufrido a lo largo de su historia destructivos terremotos que se han cobrado la vida de miles de personas

El año pasado, los movimientos sísmicos también se hicieron notar. El 12 de febrero, un terremoto de 6,1, producido a 160 kilómetros del Cabo de San Vicente, en Portugal, sacudía las provincias occidentales de Andalucía. Por su parte, el 12 de agosto, un terremoto de magnitud 5,1 con epicentro en la localidad de Pedro Muñoz (Ciudad Real) se podía sentir en toda la Península.

Por ello, se cuenta con una red de vigilancia sísmica y se elaboran mapas de riesgo. Para conocer más datos al respecto, una buena fuente es el Instituto Geográfico Nacional, dependiente del Ministerio de Fomento. Por ejemplo, en su página web se pueden leer datos sobre los terremotos registrados en los últimos diez días no sólo en España, sino en todo el mundo; informes sísmicos sobre los eventos más importantes; o mapas de sismicidad de la Península Ibérica y sus zonas más próximas.

Por otra parte, el sector de la construcción dispone de una normativa específica para zonas de riesgo, como la norma básica de Edificación NBA-AE/88, la norma de construcción sismorresistente NCSE-94 o la norma tecnológica de edificación NTE-ECS, que afectan especialmente a edificios de interés general, como hospitales, centros de comunicación y de ayuda, etc.

A pesar de toda esta información, algunos expertos consideran que los ciudadanos españoles no son conscientes de los riesgos sísmicos. Por ello, recomiendan a los consumidores que se informen de las probabilidades de estos desastres naturales en su lugar de residencia, consultando por ejemplo los mapas de riesgo. En caso de vivir en una zona de riesgo, sugieren que se exija a los constructores edificios con la normativa adecuada y a los responsables institucionales el desarrollo de sistemas de emergencia para estos casos.