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¿Se pueden predecir los terremotos?

Diversas investigaciones tratan de obtener sistemas de predicción sísmica y, aunque todavía no son plenamente eficaces, en algunos casos han acertado

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El temblor de 8,9 en la escala de Richter que ha sacudido Japón vuelve a recordar las terribles consecuencias de estos desastres naturales. Las autoridades japonesas temen que la cifra de fallecidos sea “extremadamente alta”, lo que recuerda al terremoto acontecido en mayo de 2008 en China, donde se registraron más de 12.000 mil fallecidos. A pesar de que en los últimos años se ha avanzado en su conocimiento, aún no se pueden ofrecer predicciones que acierten con garantías cuándo, cómo y dónde se van a producir. Por ello, la prevención es la mejor manera de evitar males mayores. Asimismo, cabe recordar que España tampoco se encuentra a salvo de sufrir una de estas catástrofes.

Qué se sabe hoy día sobre los terremotos

Desgraciadamente, el ocurrido en Japón no es el primero, ni será el último gran terremoto. De hecho, las estadísticas afirman que se producen anualmente varios millones de temblores en todo el mundo, si bien sólo un 20% aproximadamente se produce en áreas pobladas. De todos ellos, algunos cientos son percibidos por la población, y algunas decenas provocarán algún tipo de daño en ciudades. Finalmente, menos de una docena tienen la magnitud suficiente para considerarse terremotos, y sólo unos pocos producirán grandes catástrofes.

/imgs/2008/05/terremoto01.jpgLos estudios científicos han mejorado en las últimas décadas, de manera que se puede saber dónde ha empezado un terremoto y qué tipo de falla lo provocó, e incluso predecir con cierto margen cuánto durarán sus réplicas. En este sentido, la mayoría de los terremotos se producen cuando las placas tectónicas se deslizan unas contra otras. La fricción provoca una rotura o línea de falla y un violento desplazamiento de la corteza terrestre, así como la liberación de la energía almacenada en forma de ondas de choque.

Asimismo, se sabe que estos sucesos suelen estar precedidos, aunque no siempre, por sacudidas, deformación del suelo, modificaciones en los campos electromagnéticos y en el nivel del agua en los pozos, emisiones de gases como radón o hidrógeno en las fracturas, nerviosismo en algunos animales, etc.

Se producen anualmente varios millones de temblores en todo el mundo, si bien sólo un 20% aproximadamente se produce en áreas pobladasPor otra parte, también se cuenta con sistemas de pre-detección basados en el seguimiento de las ondas primarias, que viajan más rápido que el desplazamiento físico del terreno afectado. Así, tecnologías como QuakeGuard o Quake Alarm permiten avisar a la población y reducir los daños, eso sí, con tan sólo varios segundos de antelación. Por ejemplo, Japón dispone desde el año pasado de un sistema de alerta basado en las mediciones de mil sismógrafos ubicados en diversos puntos de la isla.

Sin embargo, los sismólogos y geofísicos todavía desconocen qué mecanismos funcionan en el interior de la Tierra durante un terremoto, y cómo actúan las fuerzas que evitan que las fallas se muevan pero de pronto se liberen. Por ejemplo, los investigadores han desarrollado diversas simulaciones de terremotos en laboratorio, pero ninguna de ellas ha conseguido un modelo fiel a la realidad.

Ahora bien, lo que sí pueden ofrecer los científicos son mapas con zonas de riesgo basados en probabilidades. Para ello, se tienen en cuenta el registro de terremotos pasados (una zona con frecuentes episodios sísmicos tiene más probabilidades de volver a padecerlos); el análisis geológico del lugar (las fallas de la corteza terrestre son más vulnerables); y los modelos informáticos con datos por satélite, que informan de movimientos o “tensiones” en la corteza terrestre.

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