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Un estudio revela que la caza de ballenas contribuyó al calentamiento del planeta

La drástica reducción de cetáceos alteró el ecosistema antártico y la absorción de CO2

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: miércoles 11 octubre de 2006
Las matanzas de ballenas a lo largo de la historia han contribuido al calentamiento global del planeta y a la reducción del hielo en los casquetes polares, según un estudio realizado por el científico de origen indio Víctor Smetacek. Este experto, miembro del instituto alemán de investigación Polar Alfred Wegener, sostiene que la drástica reducción de las poblaciones de estos grandes cetáceos alteró el ecosistema marino y disminuyó la capacidad del océano para la absorción del dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera, lo que contribuyó al aumento de la temperatura global.

Durante unas jornadas sobre el calentamiento global organizadas por la fundación BBVA y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Smetacek señaló que la situación podría mejorar "fertilizando" el océano con hierro y aumentando su capacidad de captura de C02.

El científico explicó que la disminución de krill -crustáceo del que se alimentan las ballenas y otras especies- en el Antártico se debe tanto al calentamiento global como a la disminución de la población de ballenas azules. Una población que a lo largo del siglo XX pasó de 300.000 a 700 ejemplares, y que, cuando estaba intacta, suponía una biomasa de 40 millones de toneladas, la misma que mil millones de seres humanos.

Los grandes cetáceos consumían 150 millones de toneladas de krill y reciclaban el hierro, manteniendo niveles de producción biológica mucho más elevados que los actuales y fertilizando el medio marino. "Y un océano fertilizado reduce el CO2 en la atmósfera", dijo Smetacek.

Al desaparecer las ballenas, el océano ve reducida su capacidad de secuestrar C02 "enlazando así los efectos de la caza excesiva de ballenas con la progresión del calentamiento global. Hoy el plancton oceánico es anémico, tiene falta de hierro", precisó el investigador, que está convencido de que "si se añadiera hierro al océano se recuperaría la población de ballenas y se contribuiría a reducir el calentamiento".

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